Publicamos la primera parte del artículo escrito por Berfin Güneş, integrante de la Academia de Jineolojî, para el medio Newaya Jin. En los próximos días difundiremos las otras dos partes del ensayo.
El proceso que comenzó con el histórico llamamiento de Abdullah Öcalan (Rêber Apo) a la “Paz y Sociedad Democrática” el 27 de febrero de 2025, ha abierto las puertas a una nueva transformación social y de lucha para Kurdistán y la región. Tras este llamamiento, han surgido muchas preguntas con respecto a la naturaleza de este proceso y a sus similitudes y diferencias con experiencias de paz en diferentes partes del mundo.
En línea con estas preguntas y debates, nosotras, como Academia de Jineolojî, hemos iniciado un estudio. A través de investigaciones, seminarios y discusiones colectivas, estamos intentando reflexionar, comprender y profundizar nuestra comprensión conjunta de estas experiencias. Nuestro objetivo es examinar las lecciones aprendidas de los procesos globales de construcción de paz y las experiencias de las mujeres en estos procesos, abordando particularmente las iniciativas de paz lideradas por mujeres en Kurdistán, intentando examinar el papel y la misión de las mujeres en la paz sostenible. Queremos compartir, con una serie de artículos, breves evaluaciones que surjan de estas investigaciones y discusiones. Primero, nos centraremos en la estructura “multiniveles” del concepto de paz.
Repensar la naturaleza “multiniveles” de la construcción de la paz
La construcción de la paz es uno de los procesos sociales más complejos y multidimensionales del siglo XXI. Este fenómeno se extiende mucho más allá de meras negociaciones diplomáticas o acuerdos legales. Está estrechamente ligado a contextos históricos profundos, códigos culturales, relaciones de poder y luchas de transformación social. En el período posterior a la Guerra Fría, se firmaron más de dos mil acuerdos de paz, protocolos de alto el fuego y arreglos transicionales en más de doscientos países y regiones, y tuvieron lugar más de ciento cincuenta procesos de paz. Esto demuestra claramente que la paz no es meramente una necesidad diplomática. La paz también se ha transformado en un terreno de lucha configurada en torno a la justicia social, la igualdad, los derechos fundamentales, las políticas de la memoria y la resistencia al sistema global neoliberal. Las múltiples iniciativas de paz simultáneas y contradictorias en Colombia, Sudán, la República Democrática del Congo, y muchos otros ejemplos, ilustran sorprendentemente sobre la naturaleza no lineal y entrelazada de estos procesos. La verdadera paz emerge no como un acuerdo estático construido en mesas de negociación, sino como un “ecosistema relacional” dinámico que viene desde las bases, se reproduce en las relaciones cotidianas y se institucionaliza con el tiempo.
La naturaleza problemática de las prescripciones universales y la crítica a la paz liberal
Esta diversidad fáctica muestra que los procesos de paz no pueden explicarse mediante una receta universal. El modelo de paz liberal (democracia multipartidista, libre mercado, derechos humanos, estado de derecho), que se convirtió en una norma global especialmente después de la Guerra Fría, ha sido objeto de intensas críticas. El modelo se ha visto como un proyecto de ingeniería de arriba hacia abajo, que en muchos casos excluye las realidades sociopolíticas locales y las dinámicas históricas. Las experiencias en Afganistán, Irak y varios países africanos han revelado que este enfoque aplicado mecánicamente y acompañado de políticas neoliberales, con frecuencia ha fracasado o ha experimentado profundas crisis de legitimidad. Es aún más problemático que la paz, a menudo, se comprime en tres conceptos reduccionistas: la ausencia de violencia física (no conflicto), el mantenimiento del orden existente (vuelta a la normalidad) y la integración en el sistema antiguo. Esta perspectiva negativa tecnificada debilita la esencia de la paz al hacer invisibles las demandas de justicia social y derechos fundamentales.
Redefinir desde la paz negativa a la paz positiva/transformadora
La transformación crítica en los estudios sobre la paz ha redefinido el concepto. El entendimiento tradicional de “paz negativa” (el fin de la guerra y la violencia física) ha dado paso al entendimiento de “paz positiva/transformadora”, que apunta a la transformación radical de la violencia estructural (desigualdades sistemáticas, injusticias) y la violencia cultural (ideologías de alterización). Este enfoque radical conceptualiza la paz como un proceso dinámico donde la justicia social, la libertad de las mujeres y los derechos fundamentales se establecen y negocian continuamente, y como un ecosistema donde las relaciones sociales se democratizan.
Desde esta perspectiva, la paz no es solamente un entorno libre de conflictos sino también un modelo social donde se reconoce el derecho a la autodeterminación de los pueblos, las relaciones de poder central se horizontalizan y se desarrollan estructuras políticas comunitarias. En este entendimiento, los procesos de paz están relacionados no solo con la reparación del orden antiguo, sino también con una visión de futuro igualitaria, ecológica y sensible al género. Como componente esencial de la transformación social, la paz reclama sentar las bases para una nueva forma de vida democrática que trasciende los límites del Estado moderno. Dentro de este marco, la paz no es solo el fin de la violencia, sino también un enfoque donde las comunidades desarrollan su capacidad de autogobierno, la participación pluralista se institucionaliza y las estructuras de autoridad centralizadas se cuestionan.
Literatura sobre la paz enriquecida por las teorías críticas
En la década de 2000 la literatura sobre la paz se enriqueció con las teorías críticas. La perspectiva feminista pone el acento en la naturaleza patriarcal de la violencia y la lucha de las mujeres por el “derecho a la vida”, al destacar la dimensión de género de la paz y la seguridad. La “construcción de la paz local” señala la vitalidad de los procesos que se alimentan desde las bases. Las críticas poscoloniales, por su parte, plantean la pregunta “¿la paz de quién?”, al cuestionar la producción de conocimiento centrada en Occidente, las pretensiones universalistas y los efectos continuos del legado colonial.
Este cuestionamiento encuentra respuesta no solo en geografías no occidentales, sino también en los esfuerzos intelectuales de actores locales que desarrollan búsquedas alternativas de paz frente a las estructuras centralizadas del Estado nación. Particularmente en el contexto de Medio Oriente, están emergiendo nuevas epistemologías de la paz basadas en las experiencias de convivencia de los pueblos locales, la pluralidad cultural y las formas de vida compatibles con la naturaleza. Dentro de este marco, la paz se está redefiniendo no sobre la base del entendimiento de seguridad monista del Estado nación, sino sobre un terreno pluralista basado en relaciones libres e igualitarias entre pueblos. En algunas regiones, las formas de alianza entre pueblos y autoorganización colectiva conceptualizan la paz no solo como un resultado, sino también como una forma de vida.
Liberarse de la perspectiva colonial de Occidente es esencial para que los pueblos creen su propia comprensión de la paz, porque la verdadera paz no puede construirse con teorías prefabricadas de Occidente, sino con las experiencias históricas de los pueblos locales, su resistencia acumulada y su cultura de convivencia. Por lo tanto, la paz no es un patrón impuesto por Estados o instituciones internacionales, sino un proceso vivo configurado por el conocimiento propio de las comunidades, la memoria colectiva y los métodos de solidaridad. Este proceso plantea las preguntas de “¿quién es el sujeto?” y “¿para quién se hace?” en la producción de conocimiento, haciendo necesarios modelos dialógicos y basados en el aprendizaje mutuo que centren a los actores locales y a los pueblos. En última instancia, la paz se vive no solo en documentos sino también en la memoria, los cuerpos, los recuerdos y las relaciones cotidianas.
Inclusividad: la condición sine qua non de la paz
La inclusividad es uno de los pilares fundamentales de los procesos de paz. La participación significativa de las mujeres, jóvenes, pueblos indígenas y oprimidos, no es solo una necesidad ética, sino que es vital para la legitimidad y sostenibilidad del proceso. A pesar de la Resolución 1325 de las Naciones Unidas sobre Mujeres, Paz y Seguridad, esta participación a menudo permanece a un nivel simbólico. El impacto de los movimientos de mujeres en las negociaciones de La Habana sobre Colombia (aunque los resultados no se implementaron), el papel de las mujeres mediadoras en Ruanda, y la dimensión moral y política aportada por los testimonios de mujeres en la Comisión de la Verdad sudafricana, muestran que la paz requiere “justicia relacional”. El pasado debe repararse no solo legalmente, sino también social y emocionalmente.
Aunque las mujeres se ven afectadas de manera muy intensa por las guerras, no son solo víctimas de la paz, sino también sus sujetos y portadoras. Desafortunadamente, en muchos procesos de paz, desde Colombia hasta Chiapas, desde Filipinas hasta Nepal, las mujeres han sido objeto de intentos de objetivación. El aumento de la violencia de género en el período de posguerra muestra que la paz no es solo un proceso legal, sino también una lucha social. La lucha de las mujeres por la paz, la democracia y la libertad representa una línea continua, autónoma y política.
Justicia ecológica y paz
La justicia ecológica está ganando cada vez más importancia en los estudios sobre la paz. La tierra, el agua y los recursos naturales son tanto la causa de los conflictos como la clave para una paz duradera. El gobierno autónomo de los zapatistas en Chiapas, los compromisos de distribución de tierras en Colombia y las luchas indígenas por la tierra en Filipinas, son intentos de mostrar que la “paz ecológica” es una alternativa sostenible y basada en la comunidad frente a las políticas de saqueo neoliberal y la ecodestrucción. Aunque la reestructuración neoliberal (privatización, extracción de recursos, proyectos de infraestructura) en períodos posteriores a los acuerdos en muchos casos han llevado a nuevos despojos y al reavivamiento de dinámicas de conflicto, se observa que la lucha en esta área se está extendiendo cada vez más.
Conclusión
Las experiencias que se extienden desde América Latina hasta África y Asia muestran que la paz sostenible no puede construirse con fórmulas uniformes. La construcción de la paz es una lucha multiactor y multiniveles configurada por oportunidades, tensiones y transformaciones inesperadas, más que un proceso que progresa linealmente (Conflicto → Negociación → Acuerdo → Constitución → Elecciones). La aplicación rutinaria de soluciones tomadas de otros contextos puede crear resultados superficiales y nuevos conflictos. La paz duradera solo es posible mediante enfoques basados en el aprendizaje mutuo que tomen como base la originalidad histórica, cultural y política de lo local, y centren el conocimiento y la autonomía de los actores locales. La resolución de las desigualdades económicas y los problemas de tierras, la participación activa de las mujeres y los oprimidos, y las garantías de seguridad son componentes fundamentales de este proceso.
La paz no es una reconciliación estática, sino una estructura viva cuyas raíces se extienden a la memoria colectiva; cuyo cuerpo se extiende a la resistencia cotidiana; y cuyas ramas se extienden a los sueños comunes. Esta estructura florece mediante la superación de la dominación neoliberal y la autoorganización libre de lo local. Este enfoque, expresado a través del entendimiento de “construir la vida”, ve la paz no como un proyecto, sino como la esencia de la democratización de la vida.
FUENTE: Berfin Güneş / Newaya Jin / Jineoloji.org / Edición: Kurdistán América Latina