El 27 de febrero de 2025, Abdullah Öcalan, fundador y líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), quien se encuentra en prisión, emitió el “Llamado a la Paz y a una Sociedad Democrática”, una declaración histórica destinada a poner fin a décadas de conflicto en Turquía y Kurdistán, y abrir la puerta a un nuevo proceso de paz democrático. Este llamado, dirigido a la opinión pública y al Estado turco, así como a la comunidad internacional, generó un optimismo moderado en diversos sectores. Potencias globales, como Estados Unidos y China, y actores regionales clave, incluidos gobiernos europeos y de Medio Oriente, expresaron su apoyo. Estas respuestas pusieron de relieve que la cuestión kurda no es solo un problema interno de Turquía, sino un problema internacional profundamente entrelazado con las dinámicas regionales y globales.
El llamado de Öcalan también facilitó el diálogo y la reconciliación en la vecina Siria. Desde la caída del régimen baazista, las comunidades kurdas de la zona han defendido el modelo de autogobierno local sólido que establecieron en 2011, conocido como la Administración Autónoma Democrática del Norte y el Este de Siria (AADNES). Mediante un acuerdo histórico alcanzado con el gobierno de transición sirio en marzo de 2025, también planean contribuir a la reconstrucción del país en su conjunto mediante propuestas basadas en el pluralismo, la descentralización y la igualdad.
Tanto en Turquía como en Siria, el movimiento político kurdo aboga no solo por los derechos de los kurdos, sino también por una transformación democrática más profunda. La libertad de las mujeres debe formar parte de esta transformación. Para los movimientos de mujeres, la cuestión no es simplemente si se iniciarán o no nuevas conversaciones de paz, sino qué tipo de paz se propone. La experiencia ha demostrado que los ceses del fuego o las negociaciones por sí solos no generan un cambio genuino. Lo que realmente importa es el contenido del proceso y quién tiene el poder de moldearlo.
¿Qué significa la paz para las mujeres?
Con demasiada frecuencia, la paz se reduce a la mera ausencia de violencia. Sin embargo, la paz verdadera va mucho más allá del fin del conflicto. Es un contrato social basado en la justicia, la igualdad y la libertad. Los ceses del fuego son importantes para lograrlo, pero deben entenderse como un punto de partida, no como un punto final. Procesos anteriores en Turquía han demostrado que una pausa en los enfrentamientos armados no implica necesariamente la reconciliación. A menos que cambien las mentalidades políticas, se reconozcan las verdades históricas y se garantice la igualdad de ciudadanía, el silencio podría romperse de nuevo.
Los movimientos de liberación femenina pueden contribuir a una comprensión más profunda de la paz. Para ellos, la paz es una forma de vida en la que las mujeres tienen voz y voto, se valora el trabajo, se elimina la violencia, se protege la naturaleza y todos los pueblos viven con dignidad e igualdad. Independientemente de si los procesos oficiales avanzan o no, las luchas de liberación femenina siguen transformando la sociedad. Como suele decirse, “sin la libertad de las mujeres, la sociedad no puede ser libre”. Esta perspectiva no solo la comparten las mujeres kurdas. Resuena en todas las mujeres que luchan por la paz y la justicia en Turquía.
En Medio Oriente, las políticas de guerra y violencia, basadas en la dominación masculina, se dirigen principalmente contra las mujeres. Estas se enfrentan a múltiples formas de opresión interrelacionadas, como el feminicidio, la asimilación, la pobreza, la cultura de la violación, la exclusión política y la explotación de sus cuerpos y su trabajo. Para las mujeres kurdas, esta opresión se deriva tanto de las normas patriarcales como de las políticas coloniales del Estado-nación. Su género y su identidad étnica las sitúan en el centro de una marginación sistémica.
Sin embargo, sería incompleto definir a las mujeres de Kurdistán únicamente como víctimas. Las mujeres de nuestra región han forjado una sólida tradición de resistencia y organización encaminada a la liberación del pueblo kurdo, de todas las mujeres y de la sociedad en su conjunto.
En todo el mundo, la guerra no se limita a los conflictos armados entre Estados o grupos militares. La violencia sistémica contra las mujeres, incluido el feminicidio, se encuentra entre las expresiones más brutales de la guerra. Como se enfatizó en la Declaración de Viena de 1993, la violencia contra las mujeres es una herramienta de los sistemas patriarcales que constituye una violación de los derechos humanos. Mientras que el genocidio es la destrucción sistemática de todo un pueblo, el feminicidio representa una guerra organizada y estructural contra las mujeres. La identidad, el cuerpo, el trabajo y la voluntad de las mujeres son atacados directamente. El feminicidio no es simplemente una forma de violencia: es un método de supresión y dominación.
La Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas obliga a los Estados a garantizar la participación plena e independiente de las mujeres en los procesos de paz en zonas de conflicto. Sin embargo, la participación por sí sola no basta. Las mujeres deben definir la agenda, el contenido y la dirección del proceso. La lucha contra el feminicidio es la lucha por la paz misma. La paz debe ser un espacio donde la presencia de las mujeres no sea simbólica, sino fundamental.
Esta comprensión exige organización política y social. Las estructuras autónomas de mujeres desarrolladas en Kurdistán han emergido como fuerzas transformadoras y fundacionales en este marco. Las decenas de instituciones que las mujeres han creado y los mecanismos de autogobierno que han establecido no solo son espacios de solidaridad, sino también bases concretas para la justicia y la paz social. La revolución de las mujeres en el norte y el este de Siria, conocida en kurdo como Rojava, es el ejemplo más claro de esto. Las mujeres líderes y las organizaciones de mujeres desempeñan un papel importante para garantizar la protección de los derechos de todas las mujeres en las negociaciones con el gobierno de transición.
Por esta razón, consideramos la paz inseparable de la lucha más amplia por transformar la sociedad. Independientemente de si se inicia o no un proceso formal en Turquía, nuestro compromiso de construir una vida basada en la libertad de las mujeres permanece inalterado. Para nosotras, la paz no es solo el fin de la guerra, sino la creación de una vida libre de opresión y desigualdad, arraigada en el equilibrio ecológico y la dignidad colectiva.
Las mujeres en el proceso de paz turco-kurdo
Nuestra perspectiva sobre los debates en curso sobre los esfuerzos de resolución en Turquía se basa en esta comprensión. Tras el llamado de Öcalan, las organizaciones de mujeres afirmaron claramente que ningún proceso puede avanzar sin el liderazgo y la participación de las mujeres. El propio Öcalan había enfatizado repetidamente que la inclusión de las mujeres no es opcional, sino un requisito fundamental para la resolución democrática. Esto impone a las mujeres la responsabilidad de participar con claridad política, fuerza y organización colectiva.
Hoy, las mujeres líderes pro-paz participan en las negociaciones. Diputadas del Partido para la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (DEM) han participado en reuniones con Öcalan y han trabajado para explicar las negociaciones en curso a sus electores. Las organizaciones de mujeres han organizado a sus simpatizantes para que comprendan y apoyen las conversaciones de paz. Dado que los procesos anteriores han sido criticados por su carácter verticalista y su falta de participación social, esperamos llevar este proceso a las bases incluyendo a mujeres de todos los orígenes y experiencias.
La lucha por una paz que aborde significativamente las preocupaciones de las mujeres está lejos de terminar. Abordamos este último llamado con esperanza y cautela. Los procesos anteriores carecieron de sinceridad y a menudo se basaron en cálculos políticos cortoplacistas. El Estado turco, bajo la presidencia de Erdogan, ha evitado hasta ahora tomar medidas significativas y, en cambio, ha instrumentalizado el asunto para obtener beneficios internos y regionales. Mientras la guerra continúe en Kurdistán, la democracia no podrá prosperar en Turquía. Sin el reconocimiento de los kurdos y las mujeres como ciudadanas iguales, la paz social duradera seguirá siendo inalcanzable.
Una de las necesidades más urgentes en este contexto es fortalecer y profundizar las alianzas con los movimientos, instituciones y organizaciones de mujeres de toda Turquía. La prolongada criminalización de las mujeres kurdas por parte del Estado ha obstaculizado una mayor participación social. Sin embargo, hoy se están construyendo nuevos puentes. Las organizaciones de mujeres kurdas y turcas están creando espacios compartidos de resistencia, intercambiando experiencias y fortaleciéndose colectivamente. La lucha contra todas las formas de violencia contra las mujeres, el feminicidio, la pobreza, la represión cultural y la exclusión política requerirá un frente unido.
El daño causado por la guerra y el autoritarismo en Turquía no puede repararse sin poner a las mujeres en el centro. Esto no es una afirmación teórica, sino una verdad basada en la experiencia de quienes han construido sistemas como el modelo de co-presidencias, las asambleas de mujeres y los mecanismos de igualdad de género en la gobernanza local. Estas estructuras han contribuido a transformar la conciencia social y han sentado las bases para una paz verdadera.
Aunque aún no exista un proceso oficial de negociación, para las mujeres la lucha contra la guerra y el feminicidio es una realidad cotidiana. Por eso, las mujeres deben definir y liderar cualquier esfuerzo de negociación. Las mujeres no son solo representantes. Son quienes hacen posible la transformación.
Esta es una lucha que siempre han impulsado las mujeres que construyen la paz mediante la resistencia diaria, la transformación social y la solidaridad radical. Lo que llamamos paz no es un acuerdo futuro. Es la vida que luchamos por construir, aquí y ahora.
FUENTE: Melike Yasar / Kurdish Peace Institute / Traducción y edición: Kurdistán América Latina