El pueblo kurdo en Alepo bajo fuego

Los pobladores kurdos de los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah, en la ciudad de Alepo, se niegan a dejar sus casas. Aunque el mismísimo infierno los rodee, esos hombres y mujeres están dispuestos a defender lo que es suyo. Su historia (su larga historia que atraviesa siglos) les enseñó que desde la más mínima pertenencia hasta la lengua que hablan, tienen que ser cuidadas para que no las borren de la faz de la tierra.

Los ataques masivos lanzados por el gobierno de transición sirio contra ambos barrios, que albergan a unas quinientas mil personas, no son una novedad. En el pasado reciente, las milicias yihadistas del “presidente” Ahmed al Sharaa (Mohammed al Jolani) ya había realizados incursiones contra las poblaciones kurdas en Alepo. En estos días, esos ataques se recrudecieron y generaron la muerte de al menos diez civiles, decenas de heridos y el desplazamiento forzado de hasta cien mil de personas. Muchos de los y las desplazadas son originarias de la región de Afrin, en Rojava (Kurdistán sirio), quienes fueron expulsadas de sus tierras en 2018, cuando el Estado turco invadió la zona, bombardeando indiscriminadamente y permitiendo que varios grupos mercenarios tomaran el control.

Foto: Santiago Montag

No hay demasiadas dudas de que los ataques contra Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah tienen el apoyo pleno del gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan. Desde que Al Sharaa y los yihadistas de Hayat Tahrir al Sham (HTS) tomaron el poder en Siria hace poco más de un año, Ankara redobló su política de injerencia y control sobre el país. La obsesión de Erdogan (y en especial de su canciller Hakan Fidan) por tener en su puño a Siria, lo lleva, de forma inevitable, a redoblar sus ataques contra el pueblo kurdo. Es por demás de conocido que en el ADN del Estado turco todavía se encuentra bien arraigada el desprecio hacia las minorías étnicas y religiosas. Desde hace más de doce años, cuando los kurdos de Siria declararon la autonomía del norte del país y conformaron sus fuerzas de autodefensa armada, Turquía bombardeó infinidad de veces la región, apoyó a los remanentes del Estado Islámico (ISIS), financió y armó a diversos grupos yihadistas y mercenarios, y desplegó toda su diplomacia (pública y subterránea) para quebrar a la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AADNES). El caso de Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah es un nuevo avance de Ankara sobre Siria.

Con estos ataques, el régimen de Al Sharaa volvió a incumplir el acuerdo del 10 de marzo de 2025, firmado con el comandante en jefe de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), y el acuerdo del 1 de abril, rubricado con las autoridades de ambos barrios kurdos, en los cuales funciona un Consejo Popular autónomo, que impulsa el autogobierno, como lo hace la AADNES en el noreste sirio.

Foto: Santiago Montag

El jueves, Al Sharaa abordó lo que sucede en Alepo con el propio Erdogan, con el “objetivo” de “consolidar la estabilidad en la región”, según informó la presidencia con sede en Damasco. En la conversación, Al Sharaa dijo que su objetivo es “extender la soberanía estatal a todo el territorio”, algo que por lo visto desvela no solo al líder yihadista sino a los propios funcionarios turcos. Es real que el régimen sirio apenas controla algunas regiones del país. Cuanto más uno se aleja de Damasco, el poder de Al Sharaa y HTS disminuye, al mismo tiempo que se recrudecen las represiones ordenadas por Damasco, como quedó claro en las masacres contra los pueblos alauita (en la costa siria) y druso (al sur del país).

El mismo día que Al Sharaa hablaba con Erdogan, Mazloum Abdi afirmó que las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI), que se encargan de la autodefensa de Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah, sostenían la resistencia “con el apoyo de la juventud local”, pese a que son atacadas con armamento pesado y drones. Abdi aseveró que “si los ataques aumentan y la vida de nuestro pueblo se ve amenazada”, en las FDS “no permaneceremos callados”. El líder kurdo advirtió que los ataques de las milicias afiliadas al régimen de Damasco “buscan desplazar por la fuerza a las y los residentes kurdos de ambos barrios mediante la fuerza militar, y esto constituye un crimen de guerra”.“Desde el comienzo de los ataques, hemos realizado esfuerzos por nuestros propios medios o mediante propuestas de desescalada presentadas por las partes garantes en Siria. Sin embargo, hasta la fecha, las y los representantes del gobierno sirio no nos han respondido y han rechazado todos los esfuerzos de alto el fuego sin ofrecer justificación alguna”, alertó Abdi.

Foto: Santiago Montag

Por su parte, desde el Consejo Popular de Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah remarcaron en un comunicado difundido el viernes que los ataques que comenzaron el 6 de enero apuntan a las “infraestructuras civiles como viviendas, escuelas, mezquitas e instituciones de servicios, lo que ha provocado víctimas civiles y una grave crisis humanitaria”. Un ejemplo de esto se pudo ver el jueves, cuando los grupos mercenarios bombardearon en dos ocasiones el hospital Mártir Khaled Fajr, ubicado en Sheikh Maqsoud.

Es evidente que el objetivo de Damasco y Ankara es golpear en el eslabón más débil de las FDS y la AADNES, que son los barrios kurdos de Alepo. Aunque en esos lugares se lleva adelante el proyecto de inclusión social, democracia y libertad que emana desde el noreste sirio, es verdad que ambos barrios quedaron desconectados de los territorios autónomos de Rojava y rodeados por las milicias yihadistas del régimen, que los asedian de forma permanente.

El Consejo Autónomo denunció que los grupos armados comenten masacres y crímenes de guerra. A su vez, desde el autogobierno destacaron que no aceptan “ninguna presión para entregar la seguridad de los barrios ni para forzar la salida de la población”, a su vez que en la actualidad “no existe base alguna para confiar la seguridad local al gobierno interino de Damasco”, por lo cual los pobladores y sus fuerzas de seguridad permanecerán en los barrios.

Foto: Santiago Montag

Para el régimen de Al Sharaa y el gobierno de Erdogan es fundamental lograr el desplazamiento forzado del pueblo kurdo. No solo permitiría controlar las zonas, sino también se convertiría en un golpe anímico contra una población integrada por personas que en menos de diez años ya fueron desplazada hasta en tres ocasiones. Este viernes se confirmó el régimen de Damasco declaró un alto el fuego con el fin de que los combatientes kurdos sean “trasladados con sus armas ligeras” hacia la zona autónoma del noreste del país y que los habitantes puedan “regresar y retomar el curso de una vida normal en un clima de seguridad y estabilidad”. En síntesis: expulsar a quienes defienden los barrios (algo acordado en el plan del 1 de abril, en que se estipuló que las FSI se encargaría de la seguridad interna) y que quienes retornen a sus hogares queden a merced de la mano de hierro de HTS y sus grupos satélites.

Es importante remarcar quiénes son los grupos que atacan Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah, porque demuestra que el gobierno turco apela a las organizaciones más salvajes de Medio Oriente para alcanzar su objetivo, que no es otro que controlar de forma directa el territorio sirio.

Esta semana, las agencias kurdas de noticias Hawar (ANHA) y Firat (ANF) publicaron informes sobre la procedencia de los grupos que atacan ambos barrios. Las principales organizaciones armadas son Nureddin al Zenki, que ya había atacado Sheikh Maqsoud entre 2012 y 2016, y que según los medios citados aboga “una línea étnica, sectaria y salafista”; Faylaq al Majd, que participó en la invasión a Afrin en 2018, y su líder, Yasir Ebdurehîm, fue elogiado en varias ocasiones por Erdogan; Faylaq al Sham, que participó como fuerza mercenaria en Libia, en apoyo al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), y en Nagorno-Karabaj, para respaldar la invasión militar lanzada por Azerbaiyán contra el pueblo armenio; Al Jabha al Shamiya, que ya participó en la ocupación de las regiones de mayoría kurda de Afrin y Shahba, es liderado por Ezam Xerîb (Abu al Iz Saraqib), denunciado repetidas veces por “la confiscación de propiedades civiles”; Hemzat o División Hamza, que opera desde el 2011 con diferentes nombres según “sus fuentes de financiación”, y en 2020 tuvo su momento de “esplendor” luego de “las revelaciones inesperadas sobre el secuestro de mujeres kurdas y su detención en prisiones secretas” (Hemzat junto al grupo Emshat fueron sancionados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2023); Brigada Sultán Murad, “creado en 2012 por los servicios de inteligencia turcos”, recibió a combatientes de ISIS que escaparon del pueblo de Baghouz en 2017, cuando el grupo terrorista fue derrotado militarmente por las FDS, y también cometió crímenes de guerra en 2024, cuando Turquía impulsó la invasión de la ciudad de Manbij, en el norte de Siria. A estas organizaciones irregulares se le suman los grupos Al Mu’tasem y Al Jabha al Wataniya li Tahrir.

Foto: Santiago Montag

En los barrios kurdos de Alepo se visibilizan las tensiones, las disputas y los proyectos que existen para Siria. Por un lado, la AADNES y las FDS con su propuesta de conformar una confederación de pueblos, dejando atrás el Estado centralizado y excluyente, donde las mujeres tengan un rol central en la organización de la sociedad. Por otro lado, el régimen de Al Sharaa, que públicamente dice respetar a todas las nacionalidades del país, pero que aplica una política represiva que hace meses quedó al descubierto. Al mismo tiempo, el régimen sirio oscila entre la sumisión total a los designios de Turquía y su necesidad de contentar a Occidente, en especial a Estados Unidos e Israel. A su vez, en Alepo por lo visto se dirime también lo que sucede internamente en Turquía, donde hace un año se lleva adelante un proceso de paz entre el Estado y el Movimiento de Liberación de Kurdistán, encabezado por el líder kurdo encarcelado Abdullah Öcalan. El proceso de paz comenzó ante el temor de sectores turcos que apoyan a Erdogan (Devlet Bahceli y el ultraderechista Partido de Acción Nacionalista -MHP-) de que el país sea el próximo escenario de desestabilización y caos luego de la caída de Bashar al Asad en Siria. Mientras el movimiento político kurdo en Turquía y Öcalan fuerzan para que el proceso de paz llegue a buen término, otros sectores del Estado turco (entre ellos el encabezado por el canciller Fidan) buscan detonarlo. Para eso, atacar a los kurdos de Siria puede ser un buen método, sobre todo porque el gobierno de Ankara quiere a toda costa que las FDS se desarmen o, al menos, integren el ejército sirio regular (hasta el momento una institución inexistente) para diluir su poder y fortaleza. Las AADNES y las FDS tienen que caminar por una línea muy fina, en la cual su alianza militar con Washington para combatir a los restos de ISIS por momentos parece finalizar de forma abrupta, sobre todo con Donald Trump en la Casa Blanca. También deben calcular sus pasos de manera precisa, ya que Estados Unidos reconoce a Turquía como un aliado histórico en Medio Oriente, y el gobierno de Erdogan, pese a su retórica explosiva antioccidental, siempre cede a los pedidos de la Casa Blanca.

Por estas horas, miles de personas se encuentran movilizadas en los barrios kurdos de Alepo y en las principales ciudades de Rojava. Los kurdos, junto a árabes, asirios, armenios y turcomanos del noreste sirio, demandan que los ataques se detengan y que el régimen de Damasco acepte una hoja de ruta que la AADNES presentó en varias ocasiones con el fin último de democratizar Siria, algo que puede parecer simple y accesible, pero que demasiadas fuerzas buscan detener. En la Siria de hoy no solo se disputa qué país se pude construir en el presente y en el futuro, sino también quién (o quienes) controlarán Medio Oriente.

FUENTE: Leandro Albani (texto) / Santiago Montag (fotos) / Nueva Revolución / Fecha de publicación original: 11 de enero de 2026

lunes, enero 12th, 2026