Por Gurbet Sarya* – ¿Cómo se llega a ser comunero? ¿Cómo se puede responder con la práctica a los sistemas comunales creados en función de las demandas y necesidades de la sociedad? En las tres primeras partes de nuestro reportaje especial, hemos abordado las experiencias comunales que se extienden desde París hasta España, desde Brasil hasta los zapatistas y Rojava. En esta parte, buscaremos la respuesta a la pregunta “¿cómo se llega a ser comunero en la vida y en el trabajo?”.
Leeremos sobre los 53 años de trayectoria comunal y la organización comunal del Movimiento de Liberación de Kurdistán, liderado por Abdullah Öcalan, en el artículo titulado “Ser comunal en la vida y en el trabajo”, escrito por Duran Kalkan, integrante de la Academia de Ciencias Sociales Abdullah Öcalan, y publicado en el número de agosto del periódico Komînal.
Los puntos más destacados del artículo de Duran Kalkan, quien afirma que “todo el mundo es un comunero; tanto el patriota como el demócrata de la época deben ser comuneros”, los publicamos a continuación:
Base colectiva y nuevos valores
La comuna no es solo la tarea de repartir lo existente de forma equitativa y justa; antes que nada, es la tarea de trabajar sobre una base colectiva y producir nuevos valores. Una comuna es tan fuerte y eficaz como lo que produce, y así se hace un hueco en la vida social. Solo mantiene su existencia mediante su producción; es decir, es un sistema basado en la autonomía. Ser comunal en la vida y colectivo en el trabajo constituye la esencia del asunto. Por lo tanto, las concepciones que no se basan en la autonomía y la autosuficiencia son erróneas. Del mismo modo, tampoco son correctos los enfoques que consideran la vida en la comuna como un mero consumo de lo ya existente.
De hecho, en realidad no existe tal vida, porque nada está ya preparado. Una situación así se ha dado recientemente entre nosotros y, al basarse en conceptos erróneos, es transitoria. En realidad, ni la organización ni el sistema comunal se ajustan a la realidad. Ha surgido de una forma que podría calificarse de aberrante, basada en ciertos elementos, y que, en breve, está abocada a desaparecer por completo.
La participación en la comuna debe ser abnegada
Por otra parte, el sistema comunal exige una gran responsabilidad, conciencia y organización. El nivel de abnegación que se ha manifestado en nuestro Movimiento por la Libertad refleja bien esta realidad. En resumen, la participación en la comuna debe ser, en el verdadero sentido de la palabra, abnegada. El sentido de la responsabilidad, la conciencia, la valentía, la dedicación y la organización que posee un comunero abnegado deben estar presentes también en cada miembro de la comuna. La vida comunal y el trabajo colectivo solo pueden realizarse sobre esta base.
En este sentido, la comuna es un mundo emocional compartido, una filosofía de vida y una conciencia de pertenencia social. Es una forma de vida, de organización y de trabajo. Consiste en reproducir una y otra vez la vida sobre la base de la bondad, la rectitud, la belleza y la libertad. La vida en comuna significa tener esperanza y sentir a quienes están a tu lado. Solo quienes tienen ilusiones y necesidades pueden vivir en comuna.
El materialismo burdo, con su realismo extremo y su interés, es contrario a la realidad de la comuna. Del mismo modo, idealizar en exceso la comuna vacía el concepto de su contenido y le quita vitalidad. La comuna representa la democracia directa en la vida, el trabajo y la gestión. En resumen, la comuna significa democracia directa y sociedad democrática.
53 años de camino comunal
El camino comunal de 53 años del Movimiento de Liberación de Kurdistán, encabezado por el líder del pueblo kurdo Abdullah Öcalan, constituye un gran acervo de experiencia de importancia histórica en materia de organización comunal. Este acervo contiene lecciones muy valiosas, con sus aciertos, errores y carencias. A la hora de debatir sobre la organización comunal y de orientarnos hacia la práctica en este ámbito, sin duda es necesario aprovechar estas lecciones.
En primer lugar, cabe señalar que en la base de la vida comunal que se materializa en el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) se encuentran los rasgos de la personalidad del líder Abdullah Öcalan. La vida comunal, la organización y el estilo de trabajo, la ética, la política, la creatividad y la abnegación se han forjado íntegramente a partir de los rasgos de la personalidad del Líder Apo (Öcalan) y de las aportaciones de nuestros mártires, que se integran con ellos. A lo largo de sus 53 años de trayectoria revolucionaria y socialista ininterrumpida, el Líder Apo lo ha dado todo, tanto en el pensamiento como en la práctica, al movimiento y al pueblo; lo ha compartido todo con quienes le rodeaban y no ha acumulado nada para sí mismo.
Ha expresado claramente esta situación con las palabras: “Les he dado todo lo que tenía; ¿qué más quieren de mí?”.
Espíritu común y espiritualidad
Si nos fijamos bien, en este periodo en el que se sentaron las bases de la vida comunal, los recursos materiales eran prácticamente inexistentes. Por lo tanto, la comunalidad apoísta no se ha forjado en torno a los recursos materiales, ni a su abundancia ni a su continuidad. Al contrario, se ha forjado en torno a la escasez, a la carencia, es decir, a la pobreza.
Entonces, en estas condiciones, ¿de qué se ha alimentado la comuna apoísta para poder perdurar y desarrollarse? La respuesta a esta pregunta es lo más importante, y esa respuesta es la “espiritualidad”. En la comunalidad apoísta, la mayor fuerza unificadora son los efectos espirituales, el gran compromiso y la fe en la identidad kurda, la libertad y el socialismo. Es el poder organizador y unificador del pensamiento. Precisamente porque el Líder Apo desarrolló y vivió esto, ha surgido una fe y una lealtad inquebrantables hacia él. Este sentido y espiritualidad comunes han dado lugar a la mayor camaradería de la historia, a un nivel de abnegación. Por lo tanto, la base y la fuerza determinante de la vida comunal no es lo material, sino lo espiritual.
Esta es la primera y más fundamental lección de la comunalidad apoísta. Quienes intenten construir una comuna en Kurdistán deben, ante todo, aprender bien esta lección y actuar en consecuencia.
Tiene un comienzo, pero no tiene fin
Cualquier reflexión sobre la comuna, por muy ideal que sea el borrador que se elabore, no va más allá de establecer algunos principios generales. No existe un modelo estándar que abarque todos los detalles de esta cuestión y que sea válido en todas partes. Incluso el borrador más perfecto resulta insuficiente en la práctica.
Por ello, es necesario adoptar un enfoque creativo respecto al trabajo comunal, planificarlo y llevarlo a cabo de acuerdo con las condiciones concretas de cada lugar, y abordarlo en un marco muy amplio que vaya desde la puesta en común de algunos ámbitos de la vida hasta la puesta en común de toda la vida. El Líder Apo ha planteado lo más general al hablar de “la comunalización de la tierra, el agua y la energía”. Según esto, es necesario desarrollar el trabajo de comunalización teniendo en cuenta la situación concreta de cada lugar y comenzando por lo más adecuado.
La comunalización tiene un comienzo, pero no tiene fin; en la infinita riqueza de la vida, el trabajo de comunalización continúa sin cesar.
Junto con la comunidad
Un aspecto muy importante del trabajo comunal es el hecho de que esta labor solo puede convertirse en una práctica real si se debate y se planifica junto con la comunidad. Aquí es donde se pone de manifiesto la importancia de un enfoque creativo en el trabajo.
La comuna no puede organizarse mediante imposiciones o decisiones impuestas desde arriba. No puede organizarse ni mantenerse sin que quienes la organicen y la vivan la comprendan y la acepten. Sin duda, el trabajo comunitario también requiere liderazgo; quizá el papel del líder se manifieste de la mejor manera precisamente en el trabajo comunitario. Sin embargo, este liderazgo no puede ejercerse como una imposición del tipo “yo sé lo que es mejor”. El liderazgo adecuado es aquel que debate, planifica y aplica todo junto con el pueblo que formará la comuna.
Por lo tanto, es necesario demostrar la capacidad de dialogar con la sociedad y tener paciencia, además de ser un experto en el trabajo social.
Centrarnos en la realidad
La forma de organizar la comunidad de los socialistas democráticos no puede basarse en la imposición desde arriba, la represión ni la coacción; al contrario, el debate con el pueblo, su formación y su persuasión constituyen el método más acertado y fundamental. Para ello, tal y como dijo Kemal Pir, “hablaremos tres horas si es necesario, o trescientas horas si hace falta”, y nos basamos en la persuasión. Dependiendo de su importancia, este proceso puede durar tres días o tres meses, tres años o treinta años. Pero, aparte de la formación y la persuasión, no existe un método correcto y duradero para organizar una comuna. Por lo tanto, hay que saber ser tan paciente como Yusuf en el pozo.
Partiendo de estos principios, podemos concretar un proyecto de comuna. Por ejemplo, si queremos llevar a cabo un trabajo de organización de una comuna en un pueblo o un barrio, está muy claro que primero nos centramos en la estructura geográfica, social y cultural de ese lugar e intentamos analizar la situación concreta con todo detalle. Además, debatiremos de diversas formas con las personas que viven allí para intentar comprender sus intereses. Para poder organizar una comuna en un lugar, es imprescindible realizar primero un análisis de este tipo. Para ello, se requiere un trabajo preliminar y una preparación adecuada.
Partiendo de esta base, llegar a un borrador mínimo para llevar el trabajo más allá y formalizarlo es un método importante para alcanzar el éxito.
¿Cómo debería ser una comuna rural?
Aquí no podemos ofrecer un borrador que lo abarque todo, solo podemos ayudar a cristalizar las ideas. La organización colectiva de la vida económica supone sentar las bases para el desarrollo de la vida comunitaria.
Una comuna rural es democracia directa: la función de la asamblea que toma las decisiones políticas la desempeñan las reuniones en las que participan todas las personas de la comuna. Estas reuniones no solo adoptan todo tipo de decisiones relativas a la comuna, sino que también eligen a la dirección que coordinará su aplicación.
El Líder Apo afirmó que en la comuna no debe haber, en el sentido habitual, quienes dirigen y quienes son dirigidos, aunque sí puede haber órganos que desempeñen la función de coordinar las tareas y las funciones.
En una comuna rural es importante la organización de la vida social y cultural. Por ejemplo, la educación de los niños y los jóvenes debe integrarse en el marco de la organización de la comuna. La comuna debe hacerse cargo de todo, desde el lugar de enseñanza hasta el profesor. Del mismo modo, los problemas de salud deben resolverse sobre la base del trabajo de la comuna. De tal manera que todo, incluso el culto religioso, debe pasar por la comuna; estos aspectos de la vida no deben dejarse en manos del Estado ni de ninguna otra autoridad.
La cuestión de que la educación se imparta en la lengua materna, así como la necesidad de actividades artísticas adecuadas, se resuelven en el marco de la organización de la comuna.
En una comuna rural, el orden público y la autodefensa son, por supuesto, importantes. La comuna garantiza también estos aspectos dentro de su propia organización, por lo que no los deja en manos del Estado ni de ninguna otra autoridad. Estas tareas pueden llevarse a cabo, en particular, en el marco de la organización juvenil.
La mujer libre
Por supuesto, la sociedad comunal es una sociedad educada y organizada. Todos los sectores de la sociedad se educan y organizan sobre este principio. Tanto en estos ámbitos como en el resto de la vida comunitaria, la organización de las mujeres y la juventud es importante y desempeña un papel pionero. Ya habíamos señalado anteriormente el papel y el lugar, tanto históricos como actuales, de la mujer en la estructura de la comuna.
Sin que las mujeres de un pueblo estén formadas y organizadas, y sin que se cree un liderazgo femenino, la vida y el trabajo comunales en ese pueblo no pueden organizarse ni ser duraderos. Si no se crea una vida que contemple la libertad de la mujer, ya de por sí no se le puede llamar comuna. La vida libre de la comuna se articula en torno a la mujer libre. Para ello, es imprescindible que las mujeres estén formadas y organizadas.
Aunque no sea exactamente lo mismo, la organización de la juventud también es, por supuesto, muy importante. La juventud de un pueblo que cuente con formación y organización comunal, gracias a su liderazgo dinámico en todos los ámbitos y a su actividad en áreas como la economía, lo social, la cultura y la autodefensa, puede convertirse en la artífice y la garantía de la organización y la vida comunales de ese pueblo.
Por lo tanto, la organización del movimiento juvenil comunalista es tan importante y necesaria a nivel de comuna como a nivel nacional. Estos niveles no deben plantearse como opuestos entre sí, sino que, por el contrario, deben considerarse y gestionarse como elementos que se alimentan y se potencian mutuamente.
La organización comunal es el núcleo de la sociedad democrática. Y la sociedad democrática es, a su vez, la fuerza fundamental de la integración democrática. Por lo tanto, para poder desarrollar la lucha por la integración democrática y hacer realidad la solución, la organización comunal en los pueblos y barrios, en todos los ámbitos de la vida, es la necesidad más fundamental.
Una cosa solo se hace realidad cuando se convierte en una necesidad. La organización comunal se ha convertido en una necesidad vital para los kurdos. Por lo tanto, sin plantearnos si es posible o no, es imprescindible reconocer esta necesidad fundamental y cumplir sin falta con lo que exige. Para ello, hay que ser capaz de imaginar, de pensar e, incluso, por así decirlo, de soñar con ello. Lo que intentamos hacer es contribuir a desarrollar esa capacidad de pensamiento e imaginación. Si esto da lugar a que algunas personas valientes y abnegadas actúen en consecuencia, habremos alcanzado nuestro objetivo.
¿Cómo trabaja una persona comunera profesional?
Sin duda, en la construcción de la Modernidad Democrática, la ideología comunalista democrática no solo es válida para los y las revolucionarias profesionales, sino para toda la sociedad trabajadora y oprimida, especialmente para las mujeres y los jóvenes. Salvo un puñado de sectores burgueses dominantes, prácticamente toda la sociedad debe organizarse y vivir según la línea del comunalismo democrático. Todo el mundo tiene la obligación de participar en la construcción de la sociedad democrática. Todos somos comunalistas; tanto los patriotas como los demócratas de la época deben ser comunalistas.
El papel y la función del liderazgo del cuadro revolucionario profesional no han disminuido, sino que, por el contrario, han aumentado aún más. Por lo tanto, toda persona revolucionaria profesional, toda militante socialista democrática, debe ser comunera profesional. El liderazgo social de la época debe recaer en las personas comuneras profesionales.
Por este motivo, el Líder Apo ha definido al cuadro de la época como “la verdad organizada y puesta en acción”, y ha señalado que este cuadro vivirá y trabajará según la filosofía de “un bocado y una túnica”.
Hay que organizarse sin descanso
Una comunera profesional es aquella persona que se dedica las veinticuatro horas del día a la comuna, que desarrolla nuevos estudios y planes, que se adentra en las entrañas de la sociedad para debatir con la gente la organización democrática de la comuna y que, sobre esta base, lleva a cabo medidas prácticas. Es una experta organizadora comunal, una constructora social de éxito, una educadora y una persuasora excelente. Su única tarea consiste en pensar siempre en la comuna y en desarrollar la organización comunal de forma continua, yendo de un lugar a otro.
Por ejemplo, si va a un pueblo, celebra allí las reuniones y debates necesarios, elabora un plan y asigna tareas prácticas a la gente, para luego pasar a otro pueblo o aldea. Una vez hecho lo necesario allí, se traslada a otra zona, un barrio o un lugar de trabajo.
Una persona comunera profesional no se conforma con un solo proyecto comunal; va más allá y lleva a cabo cinco, o incluso diez proyectos comunales a la vez. Cada uno cree que esa persona solo se ocupa de sus propias comunidades y que es miembro de ellas; sin embargo, se ocupa de casi una docena de comunidades y lidera la puesta en práctica de todas ellas.
Permanece un tiempo en una, planifica lo necesario allí y luego pasa a otra, y de ahí a otra más. Posteriormente, regresa a las iniciativas comunitarias que había puesto en marcha inicialmente para supervisar la práctica llevada a cabo, subsana las deficiencias, elabora nuevos planes y pasa a otra iniciativa comunitaria.
Trabajar 24 horas al día
¿Es posible llevar a cabo un trabajo así? ¡Sí, es posible! En el pasado, las personas revolucionarias profesionales realizaban así el trabajo de formación y organización de las masas; ahora, las personas comuneras profesionales también pueden llevar a cabo de esta forma la construcción de la comuna, que es el trabajo de organización de masas de la época.
Basta con que confíen en sí mismas sobre estos principios y crean en el éxito. Que no piensen en nada más que en la organización de la comuna las 24 horas del día y que no se ocupen de tareas triviales. ¡Basta con que se dediquen con pasión a la tarea comunal y asuman el trabajo abnegado como principio fundamental! Que se integren entre el pueblo para debatir y trabajar juntos. Que crean en la creación de un nuevo mundo comunal y se integren en la sociedad para construirlo.
Una labor que cuente con comunalistas profesionales de este tipo superará cualquier dificultad y cualquier obstáculo, y finalmente proclamará al mundo entero la victoria de la construcción de la sociedad comunal.
*Publicado el 11 de agosto de 2026 en la agencia de noticias ANF / Traducción y edición: Rojava Azadi Madrid