Por Jîl Şwanî y Rengin Azizoğlu* – La historia del Amedspor es la historia de cómo un club de fútbol se convirtió en el centro de la polémica y cómo sus aficionados transformaron el campo de juego en un escenario para combatir la negación, el silencio y la intimidación. Esto quedó patente cuando los kurdos de todo el mundo y de todo el espectro político celebraron con entusiasmo el ascenso del Amedspor a la Super Liga, la primera división turca. Para ellos, fue mucho más que una victoria futbolística.
Fundado en 1976 como Melikahmet Spor en Amed (Diyarbakir), ciudad que los kurdos consideran la capital del Gran Kurdistán, el club evolucionó a lo largo de los años. Durante mucho tiempo, existió como un equipo local, cambiando de nombre pero sin romper nunca con el pasado, hasta una ruptura decisiva en 2014, cuando se convirtió en Amed Sportif Faaliyetler Kulübü (Club de Actividades Deportivas de Amed, en turco), o Amedspor para abreviar.
Con la aparición del nombre kurdo Amed en el terreno de juego, los límites del fútbol se desvanecieron y se abrió un debate sobre la identidad. Durante ese tiempo, el club también adoptó un nuevo emblema adornado con los colores de la cultura kurda: rojo, verde y amarillo. Tras una multa inicial, las autoridades turcas le dieron al club dos opciones: conservar el nombre o cambiar los colores.
La historia de los nombres kurdos en Turquía está marcada por la discriminación. Tras la fundación de la República de Turquía en 1925, la lengua, la cultura y la identidad kurdas fueron prohibidas, y el uso del nombre “Kurdistán” se convirtió en un delito penal. El Estado negó rotundamente la existencia de los kurdos, denominándolos en cambio “turcos de las montañas”. Esto dio lugar a un amplio proyecto para turquizar a los kurdos y a Kurdistán. Parte de este proyecto incluyó el cambio de nombres de ciudades kurdas en el Kurdistán del Norte (sureste de Turquía): Dêrsim se convirtió en Tünceli, tras el genocidio de Dêrsim; Amed pasó a llamarse Diyarbakir; Riha, Şanliurfa; Xarpêt, Elalziğ, y la lista continúa.
Amedspor decidió conservar el nombre. El amarillo de la tricolor dio paso al blanco, y el equipo se registró oficialmente con el nombre de Amedspor. El club se suma ahora a una lista de prestigiosas instituciones futbolísticas, como el FC Barcelona de Cataluña y el Athletic de Bilbao del País Vasco, que se han convertido en símbolos de los pueblos oprimidos en la lucha contra los movimientos ultranacionalistas y fascistas.
La lucha por jugar al fútbol
Para el Amedspor, la temporada 2015-2016 fue un momento crucial en el terreno de juego. Los partidos fuera de casa se convirtieron en algunos de los capítulos más duros de su historia: en muchos encuentros, el equipo fue objeto de cánticos discriminatorios, agresiones físicas a los jugadores, lanzamiento de objetos al campo y consignas hostiles, escenas que se repitieron constantemente. En algunas ciudades, el equipo tuvo dificultades para encontrar alojamiento y los jugadores fueron blanco de ataques directos.
En diciembre de 2015, tras un empate 2-2 contra el Istanbul Başakşehir —equipo que milita en la Super Liga turca y ha participado en la Liga de Campeones de la UEFA—, la policía antidisturbios agredió a los hinchas del Amedspor y detuvo a más de cien seguidores del club kurdo que se habían desplazado para el partido. Sin embargo, incluso bajo ataque, el grupo de hinchas del Amedspor, Barikat, continuó cantando, invocando el nombre del histórico distrito de Sur de Amed y la historia de resistencia de Kurdistán.
Barikat está aquí, erguido…
Sur, en todas partes, resistencia…
En todas partes Cizre, en todas partes resistencia…
No dejen que los niños mueran; dejen que vengan al juego.
Un mes después, tras una victoria contra el Bursaspor —un equipo con una afición nacionalista turca—, el Amedspor volvió a estar en el centro de la atención nacional. Esta visibilidad coincidió con el colapso del proceso de paz en Turquía y el resurgimiento del conflicto entre el ejército turco y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). En ese contexto, el Amedspor dejó de ser simplemente un equipo de fútbol para convertirse en un actor político.
Uno de los momentos clave de este periodo fue el caso de Deniz Naki, quien marcó el gol de la victoria contra el Bursaspor y lo celebró con el símbolo de la paz. Tras publicar un comunicado en el que hacía un llamamiento a la paz, la Federación Turca de Fútbol (FTF) le impuso una suspensión de 12 partidos y el club fue multado con unos 8000 dólares. Casi al mismo tiempo, la policía allanó las instalaciones del club y confiscó parte del equipamiento.
Dos meses después, durante un partido de copa contra el Fenerbahçe, equipo de la Super Liga, una pancarta con el lema “Que los niños no mueran, que vengan a nuestros partidos” desató una nueva polémica. El club fue multado de nuevo, esta vez por la Junta Disciplinaria del Fútbol Profesional, debido a la pancarta. Como castigo, los partidos del Amedspor se jugaron a puerta cerrada y los aficionados que se habían congregado en el exterior fueron dispersados. Este incidente puso de manifiesto la tensión entre el mensaje del club y la postura de la FTF. En los años siguientes, persistieron tensiones similares, ataques racistas y agresiones físicas contra el Amedspor.
Aficionados del Amdespor
La respuesta más contundente del Amedspor solía venir de las tribunas. Los aficionados crearon un espacio de expresión alrededor del club con cánticos kurdos y pancartas con mensajes políticos. No se limitaron a apoyar a su equipo; dieron vida a eslóganes kurdos, referencias culturales y mensajes políticos. El idioma, la cultura y la identidad se hicieron visibles en todas las tribunas.
Los aficionados suelen corear canciones derivadas de la cultura kurda y del movimiento político kurdo. Durante los partidos contra otros equipos kurdos, como un encuentro en 2025 contra el Vanspor, ambas aficiones cantaron al unísono, tomando prestada la letra de la canción de Şivan Perwer, Kîne Em (¿Quiénes somos?, en kurdo), que a su vez se basa en un famoso poema de Cegerxwîn, titulado Kîme Ez (¿Quién soy yo?). Los aficionados del Amedspor cantaban “¿Kîne em?”, y los del Vanspor respondían “¡Kurdin em!” (¡ Somos kurdos!). Este cántico en particular se ha extendido por todo el mundo: los aficionados al fútbol kurdo de todo Kurdistán también lo utilizan durante los partidos. Además, se convirtió en un cántico popular durante las manifestaciones de Rojava en Kurdistán y en todo el mundo.

Más allá de la expresión de la identidad kurda, los aficionados del Amedspor se han convertido en firmes defensores de los grupos marginados. Al igual que el FC St. Pauli, el Amedspor apoya activamente las políticas antisexistas, antirracistas y antifascistas. Durante los partidos, es común escuchar el lema “Jin, Jiyan, Azadî” (Mujer, Vida, Libertad), arraigado en la cultura kurda y originario del movimiento político kurdo. Además, canciones como Keçê Kurdan (Hija de los kurdos) de Aynur suelen sonar antes y después del partido. Este impulso político se debe en parte al grupo de aficionados del Amedspor, Barikat (Barricada), y al grupo paralelo de mujeres, Mor Barikat (Barricada Púrpura), que formaron parte del movimiento que exigió al club cambiar su nombre a Amedspor.
Jugar en una de las mejores ligas europeas
A pesar de la presión constante y las controversias recurrentes, el Amedspor consolidó su presencia en el terreno de juego. Al finalizar la temporada 2025-2026, logró el ascenso a la Super Liga, donde los equipos de nivel de Liga de Campeones cuentan con plantillas formadas por jugadores de sus selecciones nacionales, superestrellas europeas, africanas y latinoamericanas, y jóvenes promesas de élite.
Durante las celebraciones, circuló en redes sociales una fotografía de un “Toro blanco” dentro de un arco. Algunos se mostraron desconcertados al verlo, ya que el “Toro blanco” ha sido un símbolo utilizado por los ultranacionalistas para intimidar al Amedspor, debido a la historia del vehículo: muchos kurdos lo asocian con las desapariciones, los asesinatos y la violencia estatal de la década de 1990.
Este símbolo, que evocaba algunos de los años más violentos de Kurdistán y Turquía, ha sido reinterpretado y reinventado para representar el fracaso de los ultranacionalistas. Ahora, cada gol que anotan contra los “Toros blancos” es un contundente golpe contra el silencio, la intimidación y la larga historia de intentos por borrar la identidad kurda de la vida pública. Hoy, los kurdos de todo el mundo apoyan al equipo como si fuera una selección nacional.
El Amedspor perdura como uno de los ejemplos más claros que demuestran que el fútbol en Turquía y Kurdistán nunca es solo un deporte; está intrínsecamente ligado a la identidad, la política y el poder. Su éxito trasciende la primera división turca; la historia del Amedspor es la de un equipo kurdo que lleva su nombre, su identidad y su memoria kurda al escenario nacional. Reafirma que el fútbol no es solo fútbol, y que el Amedspor no es solo un club de fútbol.
*Publicado en The Amargi / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

