Reino Unido revive la estrategia Sykes-Picot en Medio Oriente

Por Gurbet Sarya* – El discurso del Rey Carlos III ante el Congreso de Estados Unidos durante su visita al país, ha sido uno de los acontecimientos más seguidos desde la guerra de Irán. Supuso el primer discurso de este tipo desde que la Reina Isabel II se dirigió al Congreso durante su visita de Estado en 1991.

Carlos, que visitó Estados Unidos entre el 27 y el 30 de abril, declaró: “Nos encontramos en medio de un periodo de gran incertidumbre; en un momento en que los conflictos se extienden desde Europa hasta Medio Oriente, la comunidad internacional se enfrenta a desafíos inmensos, y el impacto de estos conflictos se siente en todas nuestras naciones”. Añadió: “Hoy vivimos en una nueva era, pero nuestros valores siguen siendo los mismos. Este periodo es más inestable y más peligroso que el mundo del que habló mi difunta madre en esta cámara en 1991. Los retos a los que nos enfrentamos son demasiado grandes para que una sola nación los supere por sí sola”, señalando la cooperación entre Estados Unidos y el Reino Unido.

La “era nueva y peligrosa” destacada por Carlos no puede verse de forma aislada de las políticas de “divide y vencerás” que se aplican en Medio Oriente desde hace tiempo. Particularmente en el contexto de la guerra de Irán, el Reino Unido, cuyos intereses coinciden con los de Estados Unidos, se ha mantenido activamente comprometido en la región para mantener su influencia hegemónica.

El plan de “implicación limitada” de Starmer

La guerra que comenzó con el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero se extendió rápidamente a los países del Golfo, Irak, el Kurdistán del Sur (Bashur) y el Líbano. El movimiento de Irán para regionalizar la guerra, junto con su cierre del Estrecho de Ormuz, trastornó los mercados mundiales. En los primeros días, la opinión pública siguió de cerca las posiciones que adoptarían los países y si se involucrarían en la contienda.

El 1 de marzo, el primer ministro británico, Keir Starmer, anunció que había autorizado el uso de la base de la RAF (Royal Air Force) Fairford, en Gloucestershire, y la base aérea de Diego García, en el Océano Índico, para operaciones “defensivas”. Sin embargo, en un discurso ante el Parlamento el 2 de marzo, afirmó que no creía en el “cambio de régimen desde el aire” y declaró que el Reino Unido no se uniría a la guerra.

El primer ministro dijo: “Todas las acciones del Reino Unido deben tener una base legal y formar parte de un plan bien considerado. El presidente Trump no estuvo de acuerdo con nuestra decisión de no participar en los ataques iniciales, pero es mi deber evaluar los intereses nacionales del Reino Unido. Así lo he hecho, y mantengo mi decisión”. De esta forma, Starmer señaló que estaba realizando nuevos cálculos geopolíticos, buscando tanto evitar tensar la alianza Estados Unidos-Israel como reafirmar al Reino Unido como una “potencia activa”.

Starmer emitió primero una declaración conjunta con los líderes de Francia y Alemania, condenando los ataques de Irán contra los países del Golfo, llevados a cabo bajo el pretexto de “represalias”. A continuación, anunció que aviones de combate británicos habían interceptado drones y misiles iraníes sobre Qatar, Jordania, Irak y Chipre.

En los días siguientes, el Reino Unido desplegó cuatro aviones de combate adicionales en Qatar y envió helicópteros Wildcat, capaces de contrarrestar drones, a la isla de Chipre. También envió el destructor de defensa antiaérea Tipo 45 HMS Dragon, que puede lanzar ocho misiles en menos de diez segundos y guiar 16 simultáneamente. Estos despliegues no eran nuevos: a lo largo de enero y febrero, Starmer ya había posicionado aviones de combate, misiles de defensa antiaérea y sistemas de radar avanzados en la región.

Para el Reino Unido, los países del Golfo representan seguridad energética, exportaciones de defensa y flujos de capital. El gas natural licuado qatarí, así como los acuerdos multimillonarios con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en materia de defensa, construcción y finanzas, son vitales para los intereses de Londres en el Golfo. Chipre, por su parte, es un enclave estratégico en el Mediterráneo Oriental. Las bases de la RAF en Akrotiri y Dhekelia funcionan como centros logísticos, de inteligencia y de potencia aérea para la presencia del Reino Unido en Medio Oriente. En términos prácticos, mantener una presencia en el Mediterráneo Oriental significa poder intervenir más rápidamente en Medio Oriente.

La extensa presencia del Reino Unido en la región le permite explotar los recursos naturales de forma más directa y configurar los equilibrios políticos de acuerdo con sus propios intereses. Esto, a su vez, obstaculiza el derecho de los pueblos de la región, en particular de los kurdos, a la autodeterminación, a controlar y distribuir equitativamente sus recursos y a opinar sobre sus propias tierras.

Movimiento en Ormuz sin Estados Unidos

A medida que la crisis del Estrecho de Ormuz afectaba a los mercados mundiales, el Reino Unido aceleró sus contactos diplomáticos para estabilizar su mercado interno y posicionarse como fuerza líder en una futura “misión de seguridad” europea. El 19 de marzo, 36 países, entre ellos el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón, emitieron una declaración conjunta expresando su disposición “a contribuir a los esfuerzos apropiados para garantizar la seguridad marítima en el Estrecho”. El 2 de abril, el Reino Unido y Francia copresidieron una cumbre en línea a la que asistieron más de 40 países.

La tensión más grave durante este periodo surgió con Estados Unidos. Tras el anuncio de Donald Trump de un bloqueo contra los puertos iraníes, el Starmer declaró: “No nos dejaremos arrastrar a esta guerra. Esta no es nuestra guerra. Me he enfrentado a presiones considerables para cambiar de rumbo, pero no lo haré. No cederé. Unirse a esta guerra no beneficia a nuestro interés nacional, y no participaremos. Sé cuál es mi posición”. Así, señaló que no quería alterar el equilibrio existente. El Reino Unido apoyó un proyecto de resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) que pedía la reapertura del Estrecho, pero no se logró ningún resultado debido a los vetos de China y Rusia.

En abril, el Reino Unido y Francia organizaron múltiples reuniones internacionales. Los temas clave incluyeron cómo garantizar la seguridad del Estrecho tras un alto el fuego, la limpieza de minas, los mecanismos de seguro y la presión diplomática. El Reino Unido también se comprometió a establecer una misión de defensa multinacional con Francia una vez que se logre un alto el fuego sostenible. El gobierno de Starmer basa su enfoque para superar la crisis del Estrecho de Ormuz en cuatro políticas principales: primero, alentar a los países del Golfo a desarrollar alternativas al Estrecho mediante oleoductos y redes de transporte terrestre; segundo, gestionar el aumento de los precios mundiales de la energía; tercero, mantener su posición garantizando que la guerra siga siendo “limitada”; y cuarto, salvaguardar los intereses a largo plazo con los países del Golfo.

Gira exprés por el Golfo

El Reino Unido ha mantenido conversaciones entre bastidores y ha alcanzado acuerdos con varios países durante la guerra. Tras haber seguido durante mucho tiempo políticas en el Golfo centradas en la defensa, el acceso a bases y el comercio de energía, Londres inició una gira rápida entre el 8 y el 10 de abril con el objetivo de asegurar nuevos acuerdos.

La primera parada del primer ministro Starmer fue Arabia Saudita, donde se reunió con el príncipe heredero y primer ministro Mohammed bin Salman, en Yeda, el 8 de abril. El mismo día, viajó a Abu Dabi para conversar con el presidente de los EAU, el jeque Mohammed bin Zayed al Nahyan. El 9 de abril se reunió con el rey Hamad bin Isa al Khalifa y el príncipe heredero y primer ministro Salman bin Hamad al Khalifa en el Palacio Al Sakhir, de Bahrein, y el 10 de abril mantuvo conversaciones en Qatar con el jeque Mohammed bin Abdulrahman al Thani. Las discusiones se centraron en el mantenimiento del alto el fuego, la cooperación en defensa y los acuerdos económicos.

Durante la guerra, el Reino Unido suministró a Arabia Saudita el sistema de defensa antiaérea Sky Sabre y equipos operativos, envió lanzadores de misiles polivalentes ligeros (LMM) y especialistas en integración a Bahrein, y desplegó sistemas de defensa antiaérea de corto alcance como Rapid Sentry y ORCUS en Kuwait. También llegó a un acuerdo con Qatar para ampliar la flota actual de Typhoons y entregar cuatro aviones Typhoon adicionales.

Aunque los detalles de estos acuerdos con los países del Golfo no se han hecho públicos, estos despliegues militares se consideran ampliamente como parte de los esfuerzos del Reino Unido por “proteger” sus rutas energéticas y bases estratégicas.

“Asociación estratégica” con Turquía

El Estado turco y el Reino Unido, ambos descritos como actores coloniales en Medio Oriente, se han acercado desde el estallido de la guerra. Excluidos de la mesa de negociación enmarcada como las “negociaciones de paz” entre Estados Unidos e Irán, Turquía y el Reino Unido, tratando de preservar su posición actual, han firmado un nuevo acuerdo.

El Ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, y la Ministra del Interior británica, Yvette Cooper, firmaron el “Documento Marco de Asociación Estratégica” en Londres el 23 de abril. En una declaración conjunta, el documento se describió como “una base sólida para fortalecer el diálogo y la cooperación entre dos países que comparten una perspectiva común sobre una amplia gama de cuestiones internacionales y desafíos globales, tienen una amistad histórica, excelentes relaciones bilaterales, una fuerte voluntad de seguridad y estabilidad en Medio Oriente, y son aliados de la OTAN y socios estratégicos”.

El acuerdo prevé una mayor cooperación en múltiples campos, desde la defensa y la industria hasta las operaciones conjuntas y el intercambio de inteligencia. En otras palabras, la provisión por parte del Reino Unido de “tecnología militar y apoyo a la defensa” a Turquía podría traducirse en el fortalecimiento de los sistemas de armamento que pueden ser utilizados en potenciales operaciones militares en Rojava (Kurdistán sirio), Bashur o en el Kurdistán Oriental (Rojhelat). Además, esto se interpreta como que ambos Estados adoptan una posición conjunta bajo el marco de la OTAN contra los derechos legítimos del pueblo kurdo. Cooper reforzó esta visión al afirmar tras el acuerdo que “mientras buscamos una solución diplomática a la situación en Medio Oriente, Turquía sigue siendo un socio indispensable para la seguridad global”.

En octubre de 2025, Turquía también firmó un acuerdo para comprar 20 aviones Eurofighter al Reino Unido. Los aviones Eurofighter son producidos por un consorcio formado por el Reino Unido, Alemania, España e Italia.

El Reino Unido también desempeñó un papel para persuadir a Alemania de que aprobara la venta de estos aviones a Turquía. Además, Turquía está tratando de adquirir 12 aviones Eurofighter usados de Qatar y otros 12 de Omán. De materializarse, esto elevaría su flota total a 44 aviones Eurofighter, lo que se considera un desarrollo que podría conducir a un aumento de las operaciones militares, una mayor presión económica y más ambiciones expansionistas.

Prisa por mantener la política colonial

Tras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, la presencia activa del Reino Unido sobre el terreno ha vuelto a poner de relieve sus históricas políticas intervencionistas en la región. Como es bien sabido, en 1916 Gran Bretaña y Francia firmaron secretamente el Acuerdo Sykes-Picot, repartiéndose los territorios del entonces Imperio Otomano entre ellos, dividiendo Kurdistán en cuatro partes y eliminando de hecho la perspectiva de un “Kurdistán independiente”. Esta política de “divide y vencerás” se consolidó más tarde mediante el Tratado de Lausana, tras la Primera Guerra Mundial, dejando a Kurdistán dividido entre Turquía, Irán, Irak y Siria, y privando al pueblo kurdo de su derecho a la autodeterminación.

Al desplegar sistemas de defensa antiaérea en los países del Golfo y firmar un “nuevo acuerdo de asociación estratégica” con Turquía, el Reino Unido señala que mantiene el mismo enfoque de Sykes-Picot bajo el pretexto de la “estabilidad regional” y la “seguridad energética”. En resumen, Gran Bretaña parece continuar su política en Medio Oriente bajo la justificación de mantener la estabilidad.

*Edición: Kurdistán América Latina

jueves, mayo 7th, 2026