Tras el levantamiento kurdo sirio de 2012, las fuerzas afiliadas al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) tomaron el control de las zonas de mayoría kurda que los kurdos suelen llamar Rojava. Los kurdos suelen lamentarse de ser el pueblo más numeroso sin nación y expresan su deseo de solidaridad. Si bien a nivel popular los kurdos celebraron el establecimiento de Rojava, el Partido Democrático de Kurdistán (PDK) de Masoud Barzani, en Irak, se mostró mucho menos entusiasta.
Durante 14 años, el PDK ha intentado aislar a Rojava cerrando la frontera de Semelka, la única que tenía con el Gobierno Regional de Kurdistán (GRK) iraquí. A pesar de la exigencia del Parlamento del Kurdistán iraquí en 2014 de reconocer a Rojava, Barzani se ha negado. Además, el PDK ha cooperado con Turquía en Siria para socavar la legitimidad de la administración kurda de Rojava.
Con tantos celos y cinismo prevalecientes, ¿es posible la unidad kurda o es sólo una ilusión?
El reconocimiento de que la desunión era un talón de Aquiles ha permeado la literatura y la memoria colectiva kurdas. Ahmad Khani, una de las figuras fundadoras del nacionalismo kurdo, escribió hace más de tres siglos: “Si tan solo existiera la unidad entre nosotros y nos obedeciéramos mutuamente, entonces todos los otomanos, árabes y persas se convertirían en nuestros sirvientes”.
Aunque antes los kurdos culpaban de la falta de unidad a la división de sus tierras por potencias extranjeras, hoy muchos de ellos reconocen que los dirigentes kurdos y sus partidos tienen gran responsabilidad por su falta de unidad.
La unidad nacional es esencial, pero debe construirse sobre la base de una visión democrática, porque las estructuras tribales siembran división inherentemente. Hoy, cuando Barzani aboga por la unidad nacional, no aboga por una unidad basada en una Constitución democrática, el estado de derecho, los derechos humanos universales ni los principios de libertad e igualdad para todos los kurdos. En cambio, busca una unidad que exige la sumisión a la voluntad de la familia Barzani. Lo demostró hace una década cuando impuso un embargo a Rojava en su lucha contra el Estado Islámico (ISIS), simplemente porque el modelo igualitario de Rojava chocaba con su propio orden tribal conservador. La yuxtaposición entre Rojava y el territorio gobernado por Barzani es sorprendente. Uno de los mayores logros de Rojava ha sido la elevación del papel de la mujer en la vida política. En el Kurdistán iraquí, por el contrario, el joven periodista Sardasht Osman fue asesinado hace 15 años por escribir un artículo satírico en el que mencionaba el nepotismo y el sistema patrimonial del Kurdistán iraquí, y mencionaba a la hija de Barzani, lo que provocó una respuesta tribal por parte de este último.
A pesar de sus fisuras internas, los kurdos han disfrutado de breves períodos de unidad durante el último siglo. El problema radica en que dicha unidad no surgió de forma natural en la cultura política kurda, sino que se impuso debido a amenazas externas. Cuando estas amenazas cesaron, la unidad se derrumbó porque los líderes políticos kurdos nunca la internalizaron genuinamente. La verdadera unidad requiere la sumisión voluntaria a un marco nacional democrático más amplio, no un mecanismo de supervivencia para preservar los privilegios de las élites políticas.
Por ejemplo, en 1986, los iraníes presionaron al PDK y a su rival, la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK), así como a otros partidos políticos kurdos, para que se unieran y formaran el Bloque de Kurdistán. Posteriormente, después de 1991, la región del Kurdistán iraquí obtuvo estatus de protección internacional y estableció un Parlamento gracias a la presión de la comunidad internacional. Sin embargo, debido a la falta de un compromiso genuino de los partidos kurdos con los valores democráticos y al predominio de intereses partidistas y familiares, en 1994 estalló una guerra civil por la obtención de ingresos y recursos.
Después de 2003, los kurdos tuvieron otra oportunidad histórica de unidad cuando Estados Unidos derrocó a Saddam Hussein y los unió en un nuevo orden. Sin embargo, tras la retirada estadounidense de Irak, no se materializó una visión unificada que superara las rivalidades políticas. En consecuencia, en 2013, Barzani, entonces presidente de la región del Kurdistán iraquí, extendió unilateralmente su mandato más allá de los límites constitucionales. Curiosamente, justificó la extensión con la necesidad de que los kurdos “unificaran sus filas y continuaran la hermandad”. Cuando la oposición protestó contra su mandato indefinido, Barzani disolvió el Parlamento y prohibió al presidente parlamentario la entrada a la capital kurda iraquí, Erbil, durante dos años. Hoy en día, el gobierno y el partido político de la familia Barzani prevalecen sobre las instituciones democráticas, la Constitución o el estado de derecho. La unidad nacional no es el objetivo.
Ninguna sociedad en el mundo está completamente unificada, pero las sociedades prósperas operan dentro de un marco constitucional que define reglas claras y aceptadas para la competencia política y la gobernanza. Desafortunadamente, los kurdos pueden hablar el lenguaje de la unidad, pero la negativa a abrazar la democracia y a renunciar a los privilegios personales hará que la idea de un Kurdistán unificado en Irak, y más aún a través de las fronteras, sea una meta inalcanzable durante las próximas décadas. De igual manera, los funcionarios estadounidenses y europeos pueden impulsar la unidad kurda, pero no hay atajos: obligar a las élites políticas a unirse bajo un mismo paraguas sin un compromiso de abandonar el gobierno tribal en favor de la democracia fracasará.
FUENTE: Kamal Chomani / Middle East Forum / Traducción y edición: Kurdistán América Latina