Por Suha Kamel* – Desde el inicio de la guerra con Irán a finales de febrero, las mujeres iraníes exiliadas que viven en Erbil, en la región del Kurdistán iraquí (Bashur, en kurdo; o sus siglas RKI), se han enfrentado a una creciente incertidumbre.
Las mujeres iraníes han buscado refugio en el Kurdistán iraquí desde la Revolución Islámica de 1979, cuando Ruhollah Khomeini estableció un sistema de gobierno clerical que les impuso restricciones legales y sociales. Estas incluyen el hiyab obligatorio, limitaciones a las libertades personales y desigualdad de derechos en ámbitos como el matrimonio, la custodia y el empleo. Durante décadas, la aplicación de estas restricciones se ha visto respaldada por arrestos, detenciones y violencia por parte de las autoridades estatales. La represión de la disidencia ha continuado en los últimos años, reforzando las presiones históricas que han obligado a muchas mujeres a abandonar el país.
Testimonios de mujeres iraníes en Erbil
The Amargi entrevistó a Besel (28 años), una joven iraní que trabaja en un salón de belleza. “Llevo siete años viviendo aquí y me quité el hiyab el primer día que llegué -dijo-. No creo que sea fácil regresar a Irán y recuperar mi libertad cuando termine la guerra, ya que en Teherán continúan las detenciones y la persecución de mujeres”.
Recientemente han circulado en internet vídeos que supuestamente muestran a mujeres iraníes donando oro al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Si bien la autenticidad, la magnitud y el contexto de las imágenes siguen siendo objeto de debate por tratarse de propaganda estatal, el vídeo ha suscitado temores en algunos sectores de la oposición sobre un posible apoyo continuo al régimen por parte de mujeres de ciertos segmentos de la población.
“Estos vídeos procedentes de Irán demuestran que el proceso de cambio, desde el islam extremista hasta el islam moderado, será largo”, declaró Besel.
The Amargi también habló con Farnaz (33 años), originaria de Irán, que ahora trabaja en un restaurante de Erbil. Ella compara su vida en Irán con la relativa libertad del exilio, describiendo cómo la represión obligó a que ciertos aspectos de la vida social se desarrollaran en la clandestinidad. “En Irán, las estrictas normas religiosas crearon una vida nocturna secreta. Por la noche, Teherán muestra otra cara: fiestas clandestinas, música y baile. Espero que cuando termine el régimen islámico, esta vida secreta salga a la luz”, señaló.
Las esperanzas de Farnaz de regresar se ven empañadas por la incertidumbre sobre las consecuencias a largo plazo del arraigado control institucionalizado. “¿Puede la sociedad aceptar un cambio tan grande después de más de 40 años de normas estrictas?”, se preguntó. “Eso me hace dudar en volver, porque aquí en Erbil puedo vivir con más libertad”, sentenció.
Su colega, Tagared, argumentó que el cambio político por sí solo no pondría fin a las dificultades que enfrentan las mujeres en Irán. “La caída del régimen no significará automáticamente que las mujeres hayan ganado. Su lucha continuará contra las ideas retrógradas de la sociedad sobre la mujer”, afirmó, instando a una resistencia constante. “Toda mujer que sufre violencia debe alzar la voz para alentar a otras. El cambio comienza lentamente, y debemos ser parte de él, estemos dentro o fuera de Irán”, expresó.
Las mujeres kurdas iraníes se enfrentan a una mayor represión
Las mujeres pertenecientes a minorías étnicas, incluidas las kurdas, las baluches y de otros grupos étnicos minoritarios predominantemente sunitas, comparten la lucha por la libertad con las mujeres de etnia persa en Irán, pero la represión es desigual en todo el país.
Sin embargo, las mujeres kurdas en Irán sufren una triple marginación: por ser mujeres bajo un régimen teocrático, por ser kurdas dentro de un Estado nación centrado en Persia y por ser individuos dentro de una sociedad patriarcal. Se enfrentan a mayores tasas de encarcelamiento y persecución por parte de las autoridades en comparación con las mujeres de etnia persa. Históricamente, la guerra Irán-Irak (1980-1988) también aceleró enormemente el desplazamiento de población de las regiones kurdas.
Helend, una mujer kurda que trabaja como profesora de inglés en Erbil, declaró a The Amargi que, en su opinión, la actual guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha contribuido a unir a las diversas comunidades étnicas iraníes. “Antes, solo los kurdos luchaban por sus derechos -aseveró-. Pero hoy los iraníes comprenden que es necesario construir un Estado democrático que respete la rica historia y la diversidad de los pueblos”. A esta reflexión, añadió: “Creo que el cambio llegará más rápido en las zonas kurdas, porque existe un entorno abierto que apoya a las mujeres. Debemos regresar para participar en la reconstrucción de nuestra patria”.
De manera similar, Darya, una mujer kurda que vive con su familia en Erbil, describió cómo la vida en el exilio había moldeado su perspectiva sobre la libertad y el retorno. “Vivir en Erbil me ha permitido experimentar un nivel de libertad personal al que era difícil acceder bajo el sistema iraní. Esto incluye una mayor autonomía en la vida diaria, libertad de expresión y una sensación de seguridad personal”, explicó. “Las consideraciones económicas también fueron relevantes, ya que buscaba mejores oportunidades y estabilidad», señaló Darya, y agregó que solo consideraría regresar si viera “cambios significativos y duraderos”.
Muchas mujeres iraníes llegan a Erbil para trabajar, ya que no encuentran oportunidades laborales en Irán. The Amargi entrevistó a la investigadora social Muna Hamdan sobre las dificultades económicas que enfrentan las mujeres en el exilio. “Las mujeres iraníes que trabajan en Irak son el sustento de sus familias en Irán, por lo que les resulta difícil tomar la decisión de regresar”, detalló, y añadió que el conflicto actual ha intensificado estas presiones. “Esto es especialmente complicado, ya que su país ha quedado devastado por la guerra y sufre inflación y colapso económico”, resumió Hamdan.
Encontrar una voz
Según cifras de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), citadas por la Oficina de Estadística de la Región del Kurdistán (iraquí), en 2026 se registraron 7144 refugiados iraníes en Bashur. Si bien no existen datos desglosados, las tendencias generales del ACNUR muestran una distribución de género relativamente equilibrada entre las poblaciones refugiadas, con un estimado de 3572 mujeres en este grupo. Sin embargo, es probable que las cifras sean significativamente mayores si se incluyen los migrantes indocumentados sin estatus oficial.
Incluso en el exilio, las mujeres iraníes en Irak se enfrentan a restricciones políticas y de seguridad que limitan su capacidad para expresar públicamente sus opiniones. La reacción de la comunidad ante el desarrollo de la guerra ha sido escasa. “Hay muchas mujeres iraníes instruidas en Erbil, sean persas o kurdas, pero Irak no se considera un entorno seguro para la libertad de expresión”, afirmó Hamdam, en referencia a la corriente proiraní en Bagdad. “Esto explica la ausencia de la voz femenina iraní en Erbil respecto a la guerra, pero también por qué la voz de las mujeres iraníes que luchan por sobrevivir se escucha en Europa, Canadá y Estados Unidos, donde hay mayores libertades”, remarcó.
Las mujeres entrevistadas mantienen su compromiso con el cambio a pesar del exilio y la incertidumbre derivados de la guerra de Irán y la represión que se vive en el país. Desde Erbil y otras partes de la diáspora, las mujeres iraníes siguen exigiendo dignidad, libertad e igualdad, considerándose parte de una larga lucha por el cambio en su país.
*Publicado en The Amargi / Traducción y edición: Kurdistán América Latina