Por Somayeh Fatehi* – A pesar del alto el fuego entre Irán, Estados Unidos e Israel, el cielo no se calmó en el Kurdistán iraní e iraquí (Rojhelat y Bashur, respectivamente). Entre el 14 y el 17 de abril, ataques con drones iraníes abatieron a cuatro combatientes peshmerga de los partidos de oposición del Kurdistán Oriental, con base en la región del Kurdistán iraquí. Esto pone de manifiesto un patrón que se observa tanto en guerras formales como en treguas y crisis regionales. En Kurdistán, un alto el fuego rara vez ha significado la paz.
Este ataque no debe interpretarse como una violación del acuerdo de alto el fuego, sino más bien como parte de un patrón recurrente de la guerra perpetua que la República Islámica libra contra el pueblo kurdo.
¿Alto el fuego para quién?
Tras aproximadamente seis semanas de crecientes tensiones en Medio Oriente, el presidente estadounidense Donald Trump anunció el miércoles 8 de abril que había llegado a un acuerdo con Irán para un cese de hostilidades de dos semanas. “¡Será un alto el fuego bilateral!”, anunció Trump en su cuenta de Truth Social.
Esto se produjo tras la prórroga del plazo para que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz, una medida facilitada por Pakistán como parte de un proceso de mediación.
Sin embargo, en las regiones de Irán con población kurda y en el vecino Irak, un alto el fuego a menudo ha simbolizado una reconfiguración de las actividades militares más que su suspensión. Las operaciones transfronterizas, la vigilancia con drones y los ataques selectivos continúan en estas regiones.
El 14 de abril, Ghazal Molan Cheparabad, una mujer peshmerga del Partido Komala del Kurdistán iraní, murió en un ataque con drones contra la sede del partido en el Kurdistán iraquí. Tres días después, el 17 de abril, dos mujeres peshmerga, Nada Miri y Samira Allayari, junto con Shahin Azarbarzin, murieron en otro ataque con drones, acompañado de un ataque con misiles contra la base del Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI) cerca de Erbil, la capital de la región de Bashur.
Además, estos ataques se produjeron en un momento en que ni el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) ni los partidos kurdos iraníes participaban en operaciones militares contra la República Islámica. Los informes de ciertos medios de comunicación internacionales que afirmaban que fuerzas kurdas iraníes habían cruzado al Kurdistán iraní como parte de un ataque coordinado por Estados Unidos e Israel han sido categóricamente rechazados por los partidos kurdos iraníes.
Cuarenta días de ataques internos y externos
Durante los cuarenta días de guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán, las regiones kurdas iraníes e iraquíes fueron escenario de ataques constantes protagonizados por múltiples actores. La región de Bashur se encuentra entre las seis más atacadas por Irán y sus grupos afines durante el conflicto, junto con Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait y Qatar.
Entre el 28 de febrero y el 15 de abril, se lanzaron un total de 703 drones y misiles contra el Kurdistán iraquí, causando la muerte de 17 personas y heridas en otras 92. Se estima que el 18% de los drones y misiles impactaron campamentos pertenecientes a grupos kurdos iraníes, donde también se encontraban civiles y familias. Esto incluye la muerte de seis miembros de los peshmerga en un ataque con drones iraníes el 24 de marzo.
Además de sus operaciones militares transfronterizas, Irán ha intensificado considerablemente la represión interna, con informes de arrestos de civiles y activistas políticos en Rojhelat. La Red de Derechos Humanos de Kurdistán ha documentado patrones de detención arbitraria y represión contra la sociedad civil kurda durante períodos de alta tensión militar.
Estos hechos evidencian un ataque externo acompañado de represión interna, con el objetivo de silenciar la disidencia y debilitar la capacidad de acción política kurda. Al mismo tiempo, el bloqueo de internet en Irán ha superado las 1000 horas, restringiendo el acceso a la información, funcionando como un mecanismo antimovilización y obstaculizando la documentación de la violencia estatal que se vive en el Kurdistán iraní.
Además, si bien no existen cifras exhaustivas, los datos disponibles indican que las zonas de Irán con población kurda fueron objeto de decenas de ataques aéreos. Se estima que aproximadamente una quinta parte de todos los ataques estadounidenses e israelíes en Irán desde el inicio de las hostilidades tuvieron como objetivo la región del Kurdistán iraní, que comprende las ciudades de Kermanshah, Urmia, Ilam, Mehran, Paveh, Kerend-e Gharb, Sanandaj (Sine), Mahabad, Shino (Sino) y Lorestan.
En el séptimo día de los ataques estadounidenses e israelíes contra bases militares y de seguridad iraníes en el Kurdistán iraní, más de 20 objetivos fueron bombardeados. La región volvió a convertirse en lo que siempre ha sido: un campo de batalla geopolítico.
Cuando las potencias rivales entran en guerra y surgen conflictos, las regiones kurdas se convierten en escenarios donde estos conflictos se materializan, y el pueblo kurdo se ve inevitablemente arrastrado a las llamas de la guerra. Para la población civil kurda, esto significa vivir en un estado constante de incertidumbre.
Una zona de guerra sin guerra
Incluso en periodos no caracterizados por intensos conflictos geopolíticos, las regiones kurdas han estado sometidas a un proceso continuo de militarización. El Kurdistán iraní ha sido moldeado durante mucho tiempo por constantes campañas y guerras, que han convertido esta tierra en un campo de batalla permanente.
Poco después de la revolución iraní de 1979, Ruhollah Khomeini, el nuevo Líder Supremo de la República Islámica, emitió una fatwa declarando la yihad contra Kurdistán y sus fuerzas políticas, presentando la reivindicación kurda de autonomía como una amenaza para el nuevo Estado islámico y autorizando operaciones militares en Kurdistán. Esta declaración dio lugar a ofensivas a gran escala por parte del ejército iraní y la Guardia Revolucionaria entre 1979 y 1980, que provocaron violencia generalizada, ejecuciones y masacres.
La República Islámica ha mantenido un estado de guerra perpetua contra la propia existencia de la población kurda en el país. Durante un tiempo considerable, tanto las regiones urbanas como rurales del Kurdistán iraní han estado sometidas a ocupación militar y militarización sistemática.
Guerra perpetua y eliminación de la capacidad política kurda
La persistencia de la guerra no se limita a la dominación territorial de Kurdistán, sino que implica la sistemática marginación de los kurdos: poblaciones que deben ser gobernadas, controladas y despolitizadas, en lugar de reconocidas como actores políticos. La guerra contra Kurdistán no se ha limitado a la confrontación militar; también ha adoptado la forma de una campaña política, económica y cultural sostenida, cuyo objetivo es eliminar a los kurdos como sujetos políticos.
Sin embargo, la capacidad de acción política kurda ha persistido a pesar de las condiciones destinadas a eliminarla. Se manifiesta a través de luchas que van desde la movilización civil de base hasta la organización de mujeres y la resistencia armada. A pesar de décadas de militarización y represión, la capacidad de acción kurda no desaparece.
*Publicado en The Amargi / Traducción y edición: Kurdistán América Latina