Sobre la construcción del pensamiento desde la naturaleza hasta la sociedad

Por Ceylan Akbaşlı* – Las sociedades se construyen sobre la base de la totalidad de los valores materiales y espirituales. Inicialmente, las personas se unieron para satisfacer sus necesidades materiales; sin embargo, de esta unidad surgió un ámbito de abstracción y espiritualidad que trasciende la dimensión material. Las palabras de Goethe, “en el principio fue la acción”, describen perfectamente este proceso: el hombre primero actuó, luego comenzó a pensar. Por lo tanto, la abstracción no puede desarrollarse sin la acción; la acción es el requisito previo para la comprensión.

Los temas que buscamos abstraer deben existir primero. Por esta razón, la humanidad observó e interactuó con la naturaleza antes de comenzar a conceptualizar y crear. Toda invención es, esencialmente, una imitación del mundo natural. La creación nunca es incondicional; todo descubrimiento significativo se basa en las circunstancias específicas que lo posibilitaron. Estas condiciones están determinadas principalmente por cómo percibimos y descubrimos la naturaleza. En última instancia, las impresiones que estos descubrimientos dejan en nuestra mente sirven como prototipos para nuestras innovaciones sociales.

La primacía de la acción se aplica no solo a la experiencia individual, sino a todas las disciplinas que hemos establecido; las ciencias sociales no son una excepción. La mayoría nos conformamos con estudiar la sociedad para comprender las ciencias sociales; sin embargo, la existencia es mucho más holística. Si la humanidad comenzó a pensar comprendiendo la naturaleza, entonces nosotros también debemos recurrir a las ciencias naturales para comprender a la humanidad.

Por lo tanto, debemos comenzar con la física; primero la materia, luego la razón. La metafísica sin física nos aleja de la realidad. La física moderna nos confronta con la realidad universal misma. Si el cosmos es la suma total de la existencia, entonces esta realidad debe ser el punto de referencia fundamental para cualquier investigación sobre la existencia. Las sociedades no son una excepción a esto.

Ideología, realidad y los límites de la ciencia

Las sociedades se nutren de la espiritualidad; sin embargo, si no analizamos con espíritu crítico la ideología que la moldea, creamos una distancia entre nosotros y la realidad objetiva. La productividad de una mente desconectada de la acción y la realidad disminuye; y una mente que disminuye se convierte en consumidora. Esta estructura es como un agujero negro que engulle todo lo que existe.

Para superar esta situación, debemos comprender correctamente el funcionamiento de la ideología y su representación en nuestra mente. Las expresiones “ideología científica” o “religión científica”, de uso frecuente, distan mucho de reflejar la realidad. La verdadera pregunta que debemos hacernos es: ¿cuál es el nivel científico de la ideología?

Ninguna teoría política puede ser completamente científica, pues ni el individuo ni la sociedad son seres que se ajusten exactamente a las leyes del universo. La sociedad no es un sistema mecánico; una fórmula matemática no puede explicarla en su totalidad. Las leyes que rigen el funcionamiento del universo ofrecen una valiosa perspectiva para comprender a la humanidad y la sociedad, pero no son suficientes por sí solas.

Lo que realmente se necesita es establecer una síntesis entre las ciencias sociales desde esta perspectiva. La verdad es la relación que establecemos con el conocimiento objetivo; su poder depende de la naturaleza de esta relación. La ciencia social que construyamos debe fundamentar su propio punto de referencia en la realidad fundamental. Por esta razón, la ideología puede no ser científica; sin embargo, no puede eludir nutrirse de la ciencia.

Ninguna ideología puede ser completamente científica; si lo fuera, dejaría de serlo. Sin embargo, las ideas pueden nutrirse de la realidad. Las teorías políticas no pueden basarse exclusivamente en la realidad; sin embargo, pueden nutrirse de ella en su nivel más fundamental. Por esta razón, las ciencias naturales constituyen uno de los puntos de referencia más importantes para la sociología y la teoría política. Porque la ideología, en última instancia, se sitúa dentro de la vida social humana.

La vida es la suma del movimiento y el cambio; la totalidad del universo reside en ello. Es imposible comprender la vida humana sin establecer una conexión con las condiciones que la originan. Por esta razón, la física nos permite llegar a las leyes fundamentales de la vida mediante la comprensión del movimiento y el cambio.

Caos, patrones y el punto de inflexión del pensamiento

Cuando pensamos en la física moderna, solemos pensar en la mecánica cuántica y la relatividad. Sin embargo, la teoría del caos, cuyos fundamentos fueron establecidos por Edward Lorenz, es un enfoque que no ha recibido el reconocimiento que merece. Conocida comúnmente como el “efecto mariposa”, esta teoría ofrece un concepto fundamental para comprender la naturaleza: la formación de patrones. En el pasado, explicábamos los fenómenos naturales mediante la causalidad lineal; se asumía que cada evento tenía una única causa. Lorenz, sin embargo, demostró que los eventos no se basan en una sola causa, sino en la interacción estructurada de múltiples causas.

Esta comprensión ha transformado no solo las ciencias naturales, sino también nuestra forma de pensar. Su impacto también se ha sentido en las ciencias sociales; las ideologías y los enfoques científicos han evolucionado en consecuencia. Este mismo proceso también ha hecho posible el surgimiento de la inteligencia artificial: la lógica lineal “si-si no” ha sido reemplazada por sistemas basados ​​en patrones que imitan las neuronas humanas.

Sociedad, libertad y realidades múltiples

La transformación que este enfoque ha traído consigo en las ciencias sociales es profunda. Mientras que los análisis clásicos de la civilización tratan la historia de manera lineal y determinista, el nuevo enfoque revela que la civilización tiene una estructura mucho más compleja.

No es posible interpretar la civilización únicamente desde la perspectiva de dos polos opuestos. Nos encontramos ante una estructura en la que numerosos elementos —como la mujer, el Estado, la familia, el individuo y la sociedad— se entrelazan. Por consiguiente, la civilización es una compleja red de cuestiones que no puede reducirse a una sola causa.

Esta comprensión nos libera del reduccionismo, pues en un ámbito donde la causalidad está distribuida, es imposible atribuir los problemas a una sola causa. Sin embargo, nuestra mente aún lucha por comprender esta estructura multifacética.

Las estructuras sociales tienen una dimensión comunitaria; sin embargo, estas comunidades deben democratizarse. De lo contrario, también pueden convertirse en instrumentos de explotación. Por ejemplo, una organización puede tener una estructura interna comunitaria, pero si no es democrática, esta estructura no genera vida, sino destrucción. En este caso, la libertad es el factor decisivo.

Si tomamos el cosmos como punto de referencia para alcanzar la realidad universal, también debemos tomar la libertad como punto de referencia para construir la realidad social. Si la sociedad es una red de relaciones, estas relaciones no existen para destruirse entre sí, sino para sostenerse mutuamente.

Comprender la verdad: simplificar y cuestionar

Debemos ser conscientes de nuestra posición histórica; al mismo tiempo, debemos simplificar la verdad. Porque en regiones como Medio Oriente, la verdad se comprende con mucha más fuerza en su forma más simple.

La única manera de hacer comprensible una teoría política es integrarla en el tejido social y darle vida. La simplificación es uno de los aspectos más importantes del rigor científico, pues posibilita la comunicación.

La verdadera comprensión se mide por la capacidad de explicar un concepto de forma accesible para todos. Un buen ejemplo de ello es la legendaria habilidad de Richard Feynman para simplificar teorías complejas para niños, o la famosa observación de Albert Einstein: “Si no puedes explicarlo de forma sencilla, no lo entiendes lo suficientemente bien”.

La edad, la verdad y el futuro

Cuanto más precisamente definamos nuestra época, más claramente comprenderemos la verdad. En el mundo actual, la realidad no puede entenderse dentro de los límites de una sola disciplina. Cuanto más definamos un fenómeno, más lo delimitaremos; pues la realidad no es una entidad singular, sino una red de conexiones interrelacionadas.

Por lo tanto, lo que debemos hacer no es memorizar la verdad, sino cuestionar por qué es la verdad. El aprendizaje es superficial; el cuestionamiento, en cambio, conduce a una comprensión más profunda.

En una región tan compleja como Medio Oriente, la solución solo es posible mediante una comprensión profunda de la verdad. La memoria histórica de esta región puede revivir a través de una conciencia adecuada. La activación de esta memoria y su transformación en una entidad social es la condición fundamental para que estas tierras encuentren nueva vida.

*Publicado en Pung Media / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

miércoles, mayo 6th, 2026