Por Veysi Sarisözen* – Cada vez que se publica una declaración o una entrevista procedente de Qandil (región montañosa donde se encuentra la insurgencia kurda), los medios de comunicación del AKP y los portavoces del gobierno lanzan una campaña de propaganda confusa, utilizando tácticas de guerra psicológica para hacer creer que Qandil se opone a Abdullah Öcalan.
En realidad, los autores de esta propaganda se habían ilusionado con gran entusiasmo tras la declaración de Öcalan del 27 de febrero, afirmando que “Qandil no escuchará a Imralı”. Esta esperanza se había convertido en desconcierto tras la declaración de alto el fuego del PKK, el fin de la lucha armada y la disolución del PKK en su XII Congreso, y posteriormente, tras la quema de armas por parte de treinta guerrilleros liderados por Besê Hozat y su retirada estratégica de Turquía y de todos los puntos de contacto con el ejército turco. Quien es de esa pasta, no cambia. Una vez superada la sorpresa, empezaron a masticar hasta que se pudrió el chicle de “primero el desarme total, luego los derechos, el Derecho y la Justicia”. El chicle se pudrió, pero el proceso de negociación también quedó, en palabras de Murad Karayılan, congelado.
Algunos portavoces del Partido DEM, en el marco de las conversaciones que mantienen tanto con el AKP y Bahçeli como con el CHP y otros partidos de la oposición turca, en cumplimiento de la función que les ha sido encomendada, han hecho declaraciones en el sentido de que “el proceso de negociación no se ha estancado ni se ha paralizado”.
La situación actual es la siguiente: el gobierno ha metido el proceso de negociación en el congelador, y los miembros del Partido DEM no permiten que se cierre del todo la puerta del congelador; sin embargo, el agua que se ha metido en el congelador está a temperaturas bajo cero; o bien se ha congelado, o está a punto de hacerlo. El agua se está congelando, pero todavía es posible que el hielo se derrita. Decir que “el proceso de negociación se ha congelado” es decir la verdad, y de este enunciado se deduce por sí mismo, por su “contrario lógico”, que el hielo podría derretirse. Karayılan, al decir “el proceso de negociación se ha congelado”, expresa la realidad actual, mientras que el Partido DEM, al afirmar “estamos impidiendo que se congele”, describe su propia posición real.
Si aclaramos los papeles que desempeñan el movimiento representado por Karayılan y el Partido DEM en el proceso de negociación, creo que también quedará claro cómo se puede resolver esta confusión. Empecemos por la pregunta: “¿entre quiénes se desarrolla el proceso de negociación?”. Al parecer, el proceso es una negociación entre el presidente Öcalan y el Estado en İmralı. A partir del análisis de las notas de las reuniones de İmralı, he llegado a la conclusión de que la negociación no se lleva a cabo entre el presidente Öcalan y el Estado y el gobierno. Öcalan, desde el 27 de febrero, se ha situado por encima tanto del Estado como del gobierno y del PKK. No es una “parte” de la negociación, sino la única autoridad aceptada por ambas partes que garantizará el “consenso democrático” entre ellas. Veo en las notas de las reuniones que, en casi todas sus declaraciones, critica tanto al Estado y al gobierno como al PKK y a la dirección de la guerrilla, e incluso al Partido DEM, y de paso también a nosotros, los trabajadores de los medios de comunicación, y señala el camino hacia el “consenso democrático”. De hecho, este papel excepcional convierte su liberación inmediata no en un derecho, sino en una necesidad.
Las partes en la negociación son, por un lado, el Estado que lucha contra el PKK, y el AKP, el poder político que oprime al Partido DEM; y, por otro, el PKK, que lucha contra el Estado, y el Partido DEM, oprimido por el AKP. En la situación concreta actual, el PKK, partido de las fuerzas guerrilleras, es ignorado en el proceso de negociación, y sus demandas y críticas no se someten a debate; por su parte, el Partido DEM, al verse limitado a una “función de intermediario” entre İmralı, el poder y Qandil, no puede desempeñar adecuadamente su papel de parte en la negociación en el proceso de “tanto negociación como lucha”.
Al no reconocerse a Qandil y al Partido DEM como “partes” del proceso de negociación, se crea una imagen distorsionada en la que parece que el proceso se desarrolla entre Öcalan y el Estado y el gobierno, o incluso entre Öcalan y el PKK. De este modo, se crea la impresión de que Öcalan está haciendo una serie de “concesiones” para convencer al Estado y al gobierno, y los enemigos de los kurdos están explotando esta impresión con todas sus fuerzas.
Sin embargo, Öcalan no es una “parte” del proceso de negociación, sino quien, en las condiciones actuales, plagadas de peligros, es la única autoridad respetada que habla en nombre del pueblo, que desde hace tiempo anhela la paz, la democracia y el bienestar, y que se erige por encima de los representantes “militares ilegales” de las facciones del Estado, los socios del poder y el Movimiento de Liberación Kurdo, así como de los representantes del pueblo kurdo en el Parlamento. Fíjense en los actores actuales: quienes están al frente de todos los órganos del Estado, los jefes de todo el bloque de poder, la dirección de todos los partidos de la oposición, se sitúan en “bandos opuestos” en el proceso de negociación. Sin Öcalan, nadie podría detener la guerra entre ellos. Bahçeli, en nombre del Estado, en ese famoso discurso suyo, dijo, por decirlo en lenguaje popular, “reconcilia al PKK con nosotros”.
Lo más inaceptable de todo esto es lo siguiente: la única persona que está logrando lo que nadie más ha podido hacer, y que ofrece propuestas racionales y realistas sobre los puntos en los que las partes podrían llegar a un acuerdo, sigue retenida por el Estado y el gobierno, que son precisamente una de las partes del proceso de negociación.
El papel único que desempeñó Öcalan en el proceso de negociación está en plena consonancia con su paradigma “contra el autoritarismo del partido y de la persona”, con su teoría de la “nación democrática y el comunalismo confederal”, y con su política de “integración del pueblo kurdo de todas las regiones con los pueblos turco, árabe y persa de los países en los que se encuentran”. Independientemente de si se aceptan o no estas opiniones suyas, dado que se elevan por encima de todos los Estados nación, todos los partidos y todos los nacionalismos étnicos, desempeñan el papel excepcional que he descrito en el proceso de negociación.
Por último, hay que añadir un aspecto fundamental: todas las organizaciones, todos los combatientes y todos los parlamentarios de la parte kurda en el proceso de negociación han declarado que aprobarán sin reservas los puntos de “acuerdo” propuestos por Öcalan en el marco de su función, siempre y cuando el Estado y el gobierno también los aprueben.
Aunque se hable de la proximidad de Bahçeli —socio del “Estado dentro de la norma” y, en parte, de la coalición del Palacio— a la hoja de ruta trazada por Öcalan, el “Estado fuera de la norma”, que es la verdadera fuerza dominante, se mantiene firme en la negación y la aniquilación; mientras tanto, Erdogan y su partido, movidos por “cálculos electorales”, están paralizando el proceso de negociación en el que se aprobaría dicha hoja de ruta.
Nuestra cuestión fundamental es superar las anomalías del proceso de negociación y, al mismo tiempo, dotar de una base jurídica al papel de Öcalan y aclarar quiénes son las partes en la negociación.
*Publicado el 4 de mayo de 2026 en Yeni Ozgur Politika / Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid