Sweida: economía alternativa y resiliencia comunitaria 

Por Rochel Junior* – La ciudad siria de Sweida atraviesa una compleja crisis de subsistencia, que se ha agravado en los últimos diez meses como consecuencia del asedio y las repercusiones de los sucesos de julio de 2025, lo que ha obligado a las residentes a buscar nuevas formas de vida al margen del sistema económico oficial.

Lamis Jawdieh, licenciada en economía y coordinadora de iniciativas en el equipo de Basilea, explica que antes de estos acontecimientos, Sweida dependía principalmente de los salarios de los empleados públicos y las remesas de los expatriados, además de la agricultura como principal fuente de ingresos. Sin embargo, este modelo era inherentemente frágil, dada la ausencia de proyectos de desarrollo y la marginación económica a largo plazo, que se intensificó debido a las posturas políticas contrarias al régimen de Bashar al Asad.

Desplazamiento y doble presión

Los sucesos de julio marcaron un punto de inflexión crucial, ya que provocaron la quema de treinta y siete aldeas y el desplazamiento de sus habitantes hacia el centro de la ciudad. Este desplazamiento repentino ejerció una gran presión sobre la infraestructura y los servicios, y agravó el desempleo, sobre todo porque la mayoría de los desplazados perdieron sus medios de subsistencia vinculados a la agricultura y la ganadería.

Tras agotar sus ahorros para cubrir sus necesidades básicas de vivienda y vida diaria, un amplio sector de la población se encontró sin ningún recurso financiero estable.

Un mercado sin liquidez

Una de las manifestaciones más destacadas de la crisis es la interrupción del pago de salarios, lo que provocó una disminución de la masa monetaria en los mercados. Como resultado, el ciclo económico se vio prácticamente interrumpido, ya que la falta de ingresos afectó a diversas actividades comerciales, desde alimentos hasta bienes no esenciales.

El sector privado también se enfrenta a grandes dificultades ante la falta de estabilidad en materia de seguridad y el aumento de los costes operativos, especialmente con la crisis de la electricidad y la energía, que ha provocado una reducción de las horas de trabajo y una menor productividad.

Crecimiento de la economía informal

Ante esta realidad, la economía informal se convirtió en la única opción para muchas residentes. Los puestos callejeros proliferaron y la venta de productos sencillos se convirtió en un medio para asegurar un ingreso mínimo.

Paralelamente, un gran número de familias dependen de la ayuda humanitaria proporcionada por organizaciones y asociaciones, a pesar de sus limitaciones e inestabilidad. El trueque también volvió a cobrar protagonismo, con el intercambio de alimentos entre las y los residentes para cubrir sus necesidades básicas.

Desafíos de la seguridad alimentaria

Este deterioro económico repercutió directamente en la seguridad alimentaria, especialmente entre los grupos más vulnerables. La capacidad de las familias para garantizar una alimentación equilibrada disminuyó, en medio del aumento de los precios y la dificultad para acceder a productos básicos, además de la escasez de medicamentos y suplementos nutricionales.

La agricultura como último recurso

Ante el aumento del precio de las verduras, las residentes retomaron la agricultura doméstica como solución alternativa, ya sea utilizando balcones y azoteas o recolectando plantas silvestres de temporada. Estas prácticas se han convertido en una importante fuente de alimentos y, en ocasiones, de ingresos mediante la venta del excedente.

También han surgido formas notables de solidaridad comunitaria, como el apoyo a los refugios y la prestación de servicios y actividades educativas para niños.

Soluciones insostenibles

A pesar del surgimiento de pequeños y microproyectos que ofrecen oportunidades laborales limitadas, siguen siendo soluciones temporales que no abordan las raíces de la crisis. Lamis Jawdieh afirma que estas respuestas reflejan una “adaptación forzada” impuesta por las circunstancias, pero no sustituyen la necesidad de planes de desarrollo sostenible.

En conclusión, Lamis explica que la experiencia de Sweida revela la capacidad de la comunidad local para resistir y reorganizarse en ausencia de instituciones gubernamentales, pero al mismo tiempo pone de relieve la magnitud de los desafíos que requieren soluciones a largo plazo.

*Publicado en la agencia de noticias JINHA / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

martes, mayo 5th, 2026