No hay socialismo sin democracia

Por Agencia de Noticias ANF* – Publicamos la segunda entrega de un texto incluido en el libro Manifiesto de la Sociedad Comunal Democrática, del líder kurdo encarcelado Abdullah Öcalan. Para leer la primera parte, click aquí.

Se ha desarrollado un análisis alternativo y una nueva teoría socialista para trascender la modernidad capitalista y la forma de socialismo real que le sirve; este enfoque fue denominado Modernidad Democrática. El concepto se presenta como realista y capaz de responder a las necesidades de la sociedad. En lugar del capitalismo —uno de los pilares principales de la modernidad—, el análisis propone la comuna y la comunalidad como la unidad más fundamental de una sociedad moral y política; en lugar del industrialismo, la ecoeconomía; y en lugar del Estado nación, el concepto de nación democrática. El sistema social libertario construido sobre la interrelación de estos tres campos se define como Modernidad Democrática, la cual se afirma que ha encontrado una resonancia significativa en la sociedad.

Cada una de estas tres áreas posee sus propias subdimensiones. La libertad de las mujeres, la moral y la política se describen como componentes esenciales de la comunalidad. Se considera significativo definir la integridad de este sistema como Modernidad Democrática. Las referencias al apocalipsis en las tradiciones religiosas se interpretan no solo como pertenecientes al más allá, sino también al mundo presente. Se describe a la modernidad capitalista como responsable de someter a la humanidad a tal condición apocalíptica, asociada con el peligro mencionado en los textos sagrados. El socialismo, del cual se esperaba que evitara este desenlace, es descrito en cambio como un vehículo para el mismo, alimentando incluso al “monstruo” de la modernidad. La Unión Soviética (URSS) y China se citan como ejemplos claros. Se describe al liderazgo chino como alguien que intenta aplicar el capitalismo y el socialismo conjuntamente; aunque esto pueda ser concebible en teoría, en la práctica se dice que el socialismo ha sido puesto al servicio del capitalismo. El resultado, se argumenta, ha sido prolongar la vida del capitalismo. Hoy, el capitalismo chino está inmerso en una lucha por la hegemonía con Estados Unidos, una confrontación que podría escalar hacia una guerra nuclear. Esto se describe como el verdadero significado de un escenario apocalíptico. Como se cita a Albert Einstein: “Si se lucha una tercera guerra mundial con armas nucleares, entonces una cuarta se luchará con palos y piedras”.

No hay socialismo sin democracia

El socialismo no puede existir sin democracia, enfatizando que la sociedad vislumbrada por el socialismo es una basada en la igualdad y la libertad. Öcalan afirma que una sociedad igualitaria y libre significa que las personas que viven de su trabajo se gobiernan a sí mismas a través de ese trabajo. Una comuna, sostiene, debe ser democrática desde el momento en que se establece; la democracia no puede construirse después de tomar el poder. El término mismo se explica como “demo”, que significa pueblo, y “krasi”, que significa gobierno. Dado que el gobierno del pueblo solo es posible bajo condiciones de igualdad y libertad, el socialismo no puede existir sin democracia. Donde la democracia está ausente, argumenta, se desarrolla inevitablemente una oligarquía capitalista, citando a Rusia y China como ejemplos. El texto describe a la supuesta “democracia liberal” como una máscara, afirmando que las oligarquías capitalistas no tienen una conexión real con la democracia. Donde hay una comuna, sostiene, hay democracia, definida como democracia comunal. A nivel nacional, esto se convierte en una nación democrática; a nivel local, es la democracia de la comuna, la cual se equipara con el socialismo.

Añade que una nación democrática también puede describirse como una nación socialista, afirmando que no hay contradicción en tal terminología. Se describe como engañosa y peligrosa la atribución de todos los aspectos positivos de la democracia al capitalismo. Refiriéndose a ejemplos históricos, el texto argumenta que Vladimir Lenin cayó en la trampa de la “dictadura del proletariado”. Describe a la burguesía como una clase indistinta y vagamente definida, y critica las consecuencias de tales teorías. Afirma que bajo Joseph Stalin, las políticas justificadas por este marco llevaron al asesinato de millones de campesinos bajo el pretexto de “purificar” la clase, refiriéndose a los campesinos más ricos conocidos como “kulaks”. Argumenta que presentar tales acciones como lucha de clases no se alinea con el socialismo. El uso de conceptos como “traidores dentro de la clase” también se describe como peligroso, ambiguo e incompatible con la esencia del socialismo.

El logro del PKK visto como un hito definitorio

El texto sostiene que la formación del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) marcó un avance decisivo en la afirmación de la identidad kurda, al tiempo que subraya que la libertad aún no se ha alcanzado. Los kurdos son descritos como un pueblo sometido a la negación. Al definirse como el PKK, se argumenta, se inició un proceso que nombró al pueblo kurdo y estableció un partido político fundamentado en el socialismo. Dentro de este marco, la identidad kurda se presenta como algo que abarca tanto la existencia como la búsqueda de la libertad. Si bien se dice que la lucha ha asegurado la existencia, se argumenta que el socialismo, entendido como libertad, no se ha logrado. Esto se vincula con las características internas y el colapso eventual del socialismo real, como se vio en Rusia y China.

El texto enfatiza que el caso kurdo involucra una condición de negación completa. A través de un partido que es tanto socialista como arraigado en Kurdistán, argumenta, la respuesta a esta negación se fundamenta en bases ontológicas, antropológicas y sociológicas. Se pone especial énfasis en los kurdos kurmanci como grupo de referencia principal. Esta base se describe como central para la declaración del PKK. Profundizando en estos conceptos, el libro afirma que la existencia kurda se ha establecido firmemente, aseverando que los kurdos existen y que esta existencia es indiscutible. Esto se describe como el logro definitorio del PKK, representando ganancias antropológicas y ontológicas. Sin embargo, sostiene que la ganancia sociológica, es decir, la libertad, aún no se ha materializado. La razón aducida es que la libertad no puede alcanzarse a través del socialismo real, el cual también se cita como la causa de su colapso interno.

El PKK enmarcado como prueba de la identidad kurda: debate sobre la disolución

El texto sostiene que el PKK demostró la existencia kurda a través de la lucha, mientras afirma que la organización ha llegado al final de su ciclo de vida y debería disolverse. Establece que el PKK debe disolverse ya que ha cumplido su papel histórico, vinculando esta necesidad tanto a las realidades del socialismo real como a la necesidad de superar las políticas de negación y destrucción en Kurdistán. El colapso de un paradigma socialista centrado en el Estado se describe como algo reflejado dentro del propio PKK. Según el texto, el fundamento ideológico sobre el cual se construyó el PKK, definido como un socialismo orientado al Estado nación, no es un principio socialista válido y, por lo tanto, debe cambiarse.

El texto argumenta que el PKK libró una lucha para probar la identidad kurda y finalmente demostró su existencia. Si bien esto se presenta como su logro principal, añade que la organización no pudo asegurar la libertad. Esto se atribuye a las limitaciones del socialismo real, descrito como incapaz de ofrecer libertad. Como organización socialista real, se dice que el PKK fue, por tanto, incapaz de alcanzar este objetivo. Al mismo tiempo, el texto afirma que el PKK logró establecer la identidad kurda en la práctica, describiendo esto como su contribución a la historia. Concluye que no hay obstáculos para trascender al PKK tanto en contenido como en forma. Añade que tal transformación podría haber tenido lugar a mediados de la década de 1990, pero se retrasó por diversas razones, y aunque ahora pueda ser tarde, sigue siendo significativa. El texto también critica a quienes acogen con entusiasmo la perspectiva de la disolución del PKK, describiendo tales reacciones como basadas en la ilusión.

Crítica del modelo de partido basado en clases en el socialismo

El texto sostiene que el concepto de “partido” debe ser cuestionado, afirmando que es inherentemente clasista y está diseñado como un puente para llevar a una clase al poder. Describe al partido como una estructura que profundiza las divisiones de clase y sugiere alejarse de este modelo. En lugar de proponer la creación de un nuevo partido, el texto hace un llamado a repensar las formas organizativas más allá del marco tradicional del partido. Argumenta que el partido ha funcionado como un mecanismo que impone estructuras basadas en clases a la sociedad y profundiza el estancamiento sistémico. El modelo de partido existente se identifica como una de las causas principales detrás de la disolución del socialismo real.

El texto afirma además que el modelo organizativo basado en clases ha sido un factor central en el fracaso del socialismo real y lo presenta como uno de los grandes problemas teóricos del marxismo. Sostiene que no solo el concepto de partido, sino también el concepto de clase en sí mismo, es teóricamente problemático. Se citan ejemplos históricos para respaldar este argumento. Se describe que el proletariado industrial, en ocasiones, ha servido a movimientos autoritarios y fascistas en lugar del socialismo, presentando la movilización de la clase obrera alemana por parte de Adolf Hitler como un caso ilustrativo. El texto también afirma que los movimientos contemporáneos de derecha obtienen apoyo de segmentos de la clase trabajadora más que primordialmente de la burguesía. Refiriéndose a Turquía, argumenta que los trabajadores a menudo han sido organizados por partidos burgueses y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), señalando décadas de práctica política. Cuestiona por qué no se han desarrollado partidos independientes basados en los trabajadores, afirmando que incluso donde aparecieron tales partidos, no representaron verdaderamente a la clase obrera. También se cita la experiencia bolchevique, sugiriendo que el poder fue ejercido por una pequeña élite en lugar de las masas trabajadoras más amplias. El texto concluye que el concepto marxista de clase deberá ser reevaluado y trascendido. Describe la estructura de partido en el socialismo real como una organización “protoestatal” y argumenta que este modelo, desarrollado a lo largo de varios siglos, requiere una crítica fundamental.

Un giro hacia el socialismo democrático como alternativa

El texto argumenta que las experiencias del socialismo real —desde las revoluciones de 1848 y la Comuna de París de 1871 hasta la Revolución rusa, la Revolución china tras la Segunda Guerra Mundial y la Revolución vietnamita— estuvieron todas marcadas por la guerra y finalmente contribuyeron al desarrollo del capitalismo. Afirma que las formas de socialismo impuestas a través de la fuerza, incluso cuando se declararon victorias, terminaron reproduciendo o fortaleciendo los sistemas capitalistas. China se presenta como el ejemplo más claro, descrita como una nación que emergió de la lucha revolucionaria para convertirse en uno de los países capitalistas más avanzados, una transformación liderada internamente en lugar de ser impuesta desde el exterior.

Estos desarrollos se describen como sistémicos y no como casualidades. Como alternativa, el texto propone una transición del socialismo de Estado nación hacia lo que define como “socialismo de la sociedad democrática”. Este se presenta como un nuevo programa basado en la sociedad democrática y el socialismo democrático. Dentro de este marco, se abandona la estrategia de lucha de liberación nacional y se reemplaza por una estrategia de política democrática. La política democrática se describe como una estrategia central y un componente esencial de una sociedad democrática, que debe reflejarse en los marcos constitucionales y legales. El texto añade que esta estrategia se apoyará en dos pilares principales: una estructura legal integral y la autodefensa. Enfatiza que la implementación de este enfoque dependerá de tácticas creativas y multifacéticas, con la ley sirviendo como el mecanismo principal. Finalmente, el texto afirma que lo que quede del legado del PKK adquirirá un carácter legal dentro del marco de esta nueva estrategia política democrática.

Las leyes antidemocráticas deben ser abolidas mediante reformas

El texto afirma que las negociaciones con el Estado deben conducir a la eliminación de las leyes antidemocráticas y a la implementación de reformas legales en un plazo razonable, advirtiendo que, de lo contrario, el conflicto podría continuar bajo nuevas formas. Sostiene que las leyes antidemocráticas serán abolidas y las reformas legales se llevarán a cabo mediante negociaciones con el Estado, y que este proceso no debe prolongarse sino completarse en un periodo razonable. De lo contrario, advierte que las condiciones de conflicto persistirán inevitablemente en diferentes formas.

*Edición: Kurdistán América Latina

martes, mayo 5th, 2026