Por Comuna Internacionalista de Rojava – Son las 4:30 de la mañana. Bajo el viento frío y la lluvia, nos reunimos frente al centro del consejo popular de una pequeña ciudad del noreste de Siria. Bajo los focos de las furgonetas y camionetas se respiraba un ambiente de tensión y decisión. Vinimos a despedirnos de ciento cincuenta personas: jóvenes, madres y ancianos. Están a punto de partir hacia Alepo para abrir un corredor entre el territorio de la administración autónoma del noreste de Siria (AADNES) y los barrios cercados de Alepo.
Durante días, milicias islamistas, bajo el liderazgo del “gobierno de transición” de Damasco y Turquía, han sitiado los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafiye. Ambos barrios juntos tienen aproximadamente el doble del tamaño del barrio de Salamanca en Madrid y albergan a unas cuatrocientos mil personas. Muchas de ellas provienen de Afrin, ocupada por Turquía desde 2018. Ya el 7 de enero, Ilham Ahmed, copresidenta de la oficina de Relaciones Exteriores de la AADNES, afirmó: “El gobierno sirio declaró la guerra a los kurdos”.
Los ataques comenzaron pocas horas después de una reunión entre Israel y Siria bajo la mediación de Estados Unidos. Todas las partes la evaluaron positivamente, ya que se acordó establecer un canal de comunicación directo. Los ataques siguen un patrón que se observa desde la caída del régimen de Bashar al Asad: hacia afuera acuerdos de apaciguamiento y seguridad, en el interior, guerra. Anteriormente, en marzo, las fuerzas de seguridad sirias, dominadas por las milicias de Hayat Tahrir al Sham (HTS), atacaron a comunidades drusas en la región de Sweida, en el sur del país. En julio, más de mil quinientos alauitas fueron asesinados en la región costera de Siria.
Los planes del gobierno interino son más que obvios: manifestar su poder. Sin embargo, en realidad están destruyendo las bases para una paz y estabilidad duraderas en Siria. En vez de una solución democrática, dieron pasos a acuerdos sucios y a la división del país en esferas de influencia por parte de potencias extranjeras. Parece que eso es lo que se quiere decir cuando, en la estrategia de seguridad publicada recientemente por la Casa Blanca, se afirma que “Siria sigue siendo un problema potencial, pero con el apoyo estadounidense, árabe, israelí y turco, podría estabilizarse y recuperar el lugar que le corresponde como actor integral y positivo en la región”.
La política del imperialismo estadounidense y otros actores de la modernidad capitalista han vuelto a traer los horrores de la guerra a aquellas zonas de la ciudad que, ya en 2013, fueron escenario de la resistencia histórica contra las bandas del Frente al Nusra (Al Qaeda en Siria). En aquel entonces, la gente, y especialmente la juventud, se organizaron y se convirtieron en pioneros de la estrategia de la guerra popular revolucionaria.
Desde entonces, Sheikh Maqsoud y Ashrafiye se han organizado siguiendo el ejemplo de Rojava: las decisiones se toman en los consejos locales. La seguridad en el barrio está a cargo de las Asayish (fuerzas armadas locales). En todas las instituciones, el sistema de copresidencia ha sido una práctica habitual. Las mujeres desempeñan un papel central, tanto en la sociedad como en la defensa de los barrios. Al igual que en otros lugares, la revolución de las mujeres ha provocado profundas transformaciones. Esto pone de relieve que, si queremos tener éxito como socialistas, no podemos dejar la liberación de las mujeres en manos de un teórico “después de la revolución”.
Mientras la lluvia arrecia, el canto de los internacionalistas de Alemania rompe el minuto de silencio. Los lemas resuenan. Desde el otro lado de la calle se escucha: “¡Viva la resistencia de Alepo!” “¡Viva la resistencia del Sheikh Maqsoud y Ashrafiye!”.
Un anciano lleva una manta. En voz baja, dice: “Por si hace frío”. Aprendió de la resistencia en la presa de Tishreen, donde, junto con cientos de personas, apoyó la lucha en el frente durante varias semanas con protestas civiles.
Tras una intensa despedida, el convoy de unos treinta vehículos comienza a moverse. Poco después de pasar el último puesto de control en Deir Hafer, abandonando el territorio bajo control de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) para realizar una vigilia por la apertura de un corredor humanitario, el centro de prensa de las FDS anuncia un alto el fuego en Alepo. Lo que precedió a esto son acontecimientos difíciles de comprender en profundidad.
Durante cinco días, la gente de Sheikh Maqsoud y Ashrafiye, hombro con hombro junto a unos pocos cientos de combatientes ligeramente armados, resistieron contra cuatro divisiones del gobierno interino sirio, que también contaban con el apoyo de drones turcos y la inteligencia de los servicios secretos. A pesar de las escasas posibilidades de defender sus posiciones, el pueblo tomó una decisión consciente. El consejo popular se reunió, debatió y anunció que no se rendiría, sino que resistiría.
Las Asayish acataron la decisión del pueblo. Su comandante, Ziyad Helebe, recalcó que estaban dispuestos a luchar hasta el último aliento. “Permaneceremos en Sheikh Maqsoud hasta la victoria o hasta caer mártires. Nunca capitularemos”, dijo.
Éstas fueron sus últimas palabras al pueblo kurdo.
Todos sabían que no solo defendían dos barrios, sino todo el norte y el este de Siria. Es probable que en un futuro próximo la guerra continúe en Deir Hafer, Tishreen y Deir Ez Zor. La guerra de aniquilación, dirigida contra la revolución, ya ha comenzado. Para evitarla, llamamos a campañas como #RiseUp4Rojava y #WomenDefendRojava, y a la acción inmediata.
Una cosa es segura: los valores de esos valientes luchadores y de todas esas personas que tomaron la decisión de no rendirse tendrán la última palabra si difundimos al mundo lo que dijeron.
FUENTE: *Lower Class Magazine / Fecha de publicación original: 13 de enero de 2026 / Traducción al castellano: Comuna Internacionalista de Rojava