Las FDS pueden resolver el problema de Siria en la lucha contra el ISIS

El 13 de diciembre pasado, una patrulla conjunta estadounidense-siria fue atacada cerca de la ciudad de Palmira, en el centro de Siria. Dos militares estadounidenses y un intérprete civil murieron. Una vez más, la falta de un Estado funcional o de una fuerza armada cohesionada bajo el gobierno de transición sirio ha provocado una violencia desestabilizadora.

Estados Unidos describió inicialmente el incidente como un ataque del ISIS. El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que el mandatario sirio, Ahmed al Sharaa, estaba “extremadamente indignado” por el incidente, que ocurrió en una región que no controlaba. Un portavoz del Ministerio del Interior sirio confirmó que el atacante era miembro de las fuerzas de seguridad interna (que dependen de Damasco), investigado por opiniones extremistas y que sería destituido al día siguiente, lo que plantea interrogantes sobre por qué se le permitió acercarse a las tropas estadounidenses en primer lugar.

El incidente puso de manifiesto el mismo dilema de intenciones e incompetencia que ha surgido en torno a los brotes de violencia sectaria contra las comunidades alauita y drusa, así como a las violaciones del alto el fuego con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por los kurdos. ¿Está el gobierno sirio dirigiendo o permitiendo conscientemente que sus fuerzas creen un caos que socave activamente sus compromisos e intereses públicamente definidos? ¿O simplemente es incapaz de prevenir la violencia y el caos, sea quien sea el instigador?

La respuesta, una vez más, es una letal combinación de “ambos/y”. El gobierno de transición, por una combinación de razones pragmáticas e ideológicas, recurrió a todo tipo de actores maliciosos para formar un ejército nacional tras la toma de Damasco, desde yihadistas locales e internacionales hasta milicias del Ejército Nacional Sirio (ENS) respaldadas por Turquía y sujetas a sanciones internacionales por violaciones a los derechos humanos. Al Sharaa no tiene el control total sobre estas fuerzas ni sobre todo el territorio en el que operan, como se espera de un Estado moderno. En cierto modo, Damasco se beneficia de esta incertidumbre: puede utilizar a yihadistas extranjeros y a los remanentes del ENS para amenazar a los kurdos mientras afirma mantener el alto el fuego, por ejemplo.

Pero la tolerancia hacia criminales y extremistas, sumada a la escasa capacidad para contenerlos, puede fácilmente ser contraproducente. En este caso, un espacio sin gobierno, un aparato de seguridad que prioriza la homogeneidad étnica y religiosa, y la alineación con la ideología islamista por encima de la competencia, y una capacidad limitada para investigar, crearon las condiciones perfectas para un ataque del ISIS que perjudicó a las fuerzas sirias y dañó su alianza con la comunidad internacional.

Si Siria y Estados Unidos quieren garantizar que esto no vuelva a suceder, deben aprender tres lecciones fundamentales.

Ahora no es el momento de alterar la misión contra ISIS 

Ahmed al Sharaa asumió un gran riesgo al incorporar a Siria a la Coalición Global liderada por Estados Unidos para derrotar a ISIS. Su decisión fue, sin embargo, la correcta para Siria y la comunidad internacional. Este ataque demuestra que Siria tiene un largo camino por recorrer antes de poder llevar a la práctica plenamente ese compromiso.

Si bien Estados Unidos colabora con el gobierno sirio para ayudarlo a alcanzar ese nivel, debe mantener su alianza con las FDS para contrarrestar al ISIS. Ahora no es el momento de desviar la presencia estadounidense del noreste de Siria como táctica de presión en las negociaciones para la integración de las FDS con el Estado sirio, contrariamente a lo que argumentan algunos analistas. Las FDS no son el factor que obstaculiza la reunificación de Siria. Una mejor manera de facilitar la implementación del acuerdo de integración entre las FDS y Damasco del 10 de marzo sería presionar a Turquía para que abandone su oposición a reformas que podría no aceptar para su propia población kurda, pero que serían realistas para Siria, como los derechos constitucionales para los kurdos y el control local de la seguridad.

Siria debe hacer frente a los malos actores en sus fuerzas de seguridad, empezando por los de arriba

Damasco ha tomado la decisión correcta al renovar públicamente su compromiso con la lucha contra el ISIS y arrestar a miembros de sus fuerzas de seguridad sospechosos de estar vinculados con el grupo terrorista. Sin embargo, esto no es suficiente. La cultura institucional empieza desde arriba. Mientras el ejército sirio se niegue a reclutar a minorías y esté dirigido por hombres sancionados internacionalmente por incorporar a miembros del ISIS a sus filas, traficar con mujeres y aterrorizar a comunidades étnicas y religiosas, no existirá la voluntad ni la capacidad de atrapar a todos los extremistas y perturbados de base. La comunidad internacional debería ofrecer ayuda a Damasco para depurar sus fuerzas armadas. Esto también puede facilitar la implementación del acuerdo del 10 de marzo al debilitar a individuos y grupos que muchos kurdos sirios consideran una amenaza existencial.

El proceso de integración de las FDS debe preservar las unidades de élite kurdas y las estructuras de gobierno local de la AADNES

El acuerdo del 10 de marzo es la mejor base para el progreso en la lucha contra el ISIS y la estabilidad nacional de Siria. Si la integración no se precipita y se impulsa de la manera correcta, puede resolver muchos de los problemas que Damasco y Washington enfrentan actualmente.

En primer lugar, la demografía, la ideología y la estructura del núcleo kurdo de las FDS lo hacen inmune a la infiltración del ISIS. Tras diez años de colaboración, la comunidad internacional conoce y confía en sus líderes. El único actor que les discrepa es Turquía, y el alto el fuego del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y su compromiso de transformarse en un actor político significan que las preocupaciones turcas por la seguridad ya no son válidas. De hecho, un resurgimiento del ISIS amenazaría a Turquía mucho más que una presencia kurda fortalecida en el ejército sirio.

Si estas unidades kurdas pueden unirse al nuevo ejército en bloques y sus líderes pueden asumir puestos importantes en el Ministerio de Defensa, Damasco aumentará su capacidad para combatir al ISIS y otras amenazas. También perderá cualquier excusa para depender de individuos y entidades más problemáticos. La Coalición Internacional preservará sus alianzas existentes contra el ISIS y podrá aprovecharlas en toda Siria.

En segundo lugar, es evidente que la tarea de gobernar todo el territorio que actualmente reclama ha sobrecargado a Damasco. Enviar personal y recursos al noreste para imponer un Estado centralizado en zonas kurdas pacíficas y seguras es un uso insensato de una capacidad limitada y anularía cualquier beneficio en materia de seguridad que la reunificación pudiera aportar.

Incorporar las instituciones que hoy brindan seguridad con éxito en el noreste a las estructuras estatales, prácticamente intactas, garantizará que Siria pueda concentrarse en asegurar las zonas problemáticas sin gobierno existentes sin crear nuevas. Esto requerirá, como mínimo, compromisos legales y constitucionales con gobiernos locales y provinciales sólidos en toda Siria.

FUENTE: Meghan Bodette / Kurdish Peace Institute / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

jueves, diciembre 18th, 2025