Por Sarah Glynn* – Puede que el apocalipsis esté en suspenso por ahora —al menos para Irán—, pero Medio Oriente sigue sumido en la agitación, y en medio de este caos generalizado, las perspectivas para los kurdos distan mucho de ser alentadoras. Para los kurdos de Irán e Irak, su situación no ha hecho más que empeorar con la última afirmación de Donald Trump, difundida por Fox News el 5 de abril, de que Estados Unidos les entregó armas a los manifestantes en enero, pero que estos se las quedaron. Los grupos de oposición kurdos iraníes, que operan desde el exilio en Irak, se apresuraron a negar haber recibido armamento estadounidense.
Que estos grupos deseen poner fin al régimen islamista dictatorial de Irán no es ningún secreto —es su razón de ser—, e Irán ya los considera enemigos. Incluso si protestan, como lo hace el PJAK (Partido de la Vida Libre de Kurdistán), afirmando que no apoyan a ninguno de los bandos del conflicto, sino una tercera vía, difícilmente lograrán apaciguar al gobierno iraní. Sin embargo, los comentarios despectivos de Trump se están utilizando para legitimar los ataques contra ellos. Esta última declaración —que presenta a los kurdos como interesados únicamente en su propia lucha— también podría servir para demonizarlos ante otros grupos de oposición que buscan un cambio de gobierno, con quienes los grupos kurdos han intentado establecer vínculos.
The New York Times ha reconocido el papel que desempeñó el Mossad en la exacerbación de las protestas de enero, pero la idea de utilizar a los kurdos para transportar armas a través de la frontera a manifestantes en otras partes de Irán no es sostenible y parece estar basada en información fragmentada. Pero, ¿por qué dejar que la verdad se interponga?
Reuters ha proporcionado un relato esclarecedor de las interacciones de Trump con los kurdos. Sus fuentes afirman que, el primer día del ataque estadounidense-israelí, Trump buscó el apoyo de Masoud Barzani, líder del Partido Democrático de Kurdistán (PDK), que domina el gobierno de la región del Kurdistán iraquí (Bashur), y Barzani dejó claro que no querían participar en la guerra. Al cuarto día, en medio de informes filtrados sobre fuerzas kurdas iraníes exiliadas que se preparaban para entrar en Irán, o incluso que ya estaban en camino, el Gobierno Regional del Kurdistán iraquí envió tropas para cerrar la frontera, pero tuvo que retirarlas cuando el gobierno iraní, receloso, amenazó con atacarlas. Al sexto día, al ser preguntado sobre una posible invasión terrestre kurda, Trump se mostró entusiasmado; pero solo dos días después, tras una advertencia de Turquía, descartó la participación kurda.
Es evidente que se han celebrado reuniones entre grupos kurdos y representantes de Estados Unidos e Israel, y este último lleva tiempo intentando ganarse el favor de los kurdos. Sin embargo, para Israel, la importancia de estos vínculos —como su intervención en las protestas de enero— radicaba en persuadir a Trump para que se comprometiera a declarar la guerra a Irán. The New York Times informó sobre una reunión celebrada el 11 de febrero en la que Benjamin Netanyahu convenció a Trump de que el régimen iraní podía colapsar. Para conseguir el apoyo de los estadounidenses, una historia creíble sobre la intervención kurda era más importante que cualquier intervención real; y no ha salido a la luz ningún plan concreto por parte de Estados Unidos o Israel.
Mientras tanto, los grupos kurdos han sido objeto de un incesante y letal bombardeo de misiles y ataques con drones por parte de Irán y, con mayor frecuencia, de las milicias proiraníes de las Fuerzas de Movilización Popular de Irak (FMP).
El 8 de abril, el gobierno iraní instó a la región del Kurdistán iraquí a “procesar y expulsar” a los grupos kurdos iraníes, señalando que “el imprudente presidente de Estados Unidos, actuando como la voz de Satanás, se ha delatado… Las declaraciones de Trump revelaron cómo estos grupos cooperan secretamente con Estados Unidos y el régimen sionista”. Esta exigencia surge a raíz de un acuerdo de 2022 —solo parcialmente implementado— en el que el gobierno del Kurdistán iraquí prometió desarmar a los grupos y reubicarlos fuera de las zonas fronterizas. Esto ejercerá aún más presión sobre los kurdos iraníes en Irak.
El PJAK ha logrado eludir estas presiones, y también los ataques, al establecerse en túneles de las montañas, fuera del alcance, pero ninguno de los grupos kurdos iraníes ha podido hacer más que esperar y observar, preparándose para una oportunidad de intervenir si aparecen fisuras en el régimen iraní.
Represión iraní
En términos más generales, las autoridades iraníes han utilizado la guerra para reprimir aún más la disidencia. El bloqueo de internet dificulta la recopilación de información, pero el 31 de marzo se informó que 846 personas habían sido detenidas en la región kurda en los días previos. Las ejecuciones estatales continúan, aunque la cifra de 160 personas asesinadas en el primer trimestre de este año es en realidad inferior a la del año pasado.
Si bien el mundo se ha mostrado, con razón, consternado por las ejecuciones extrajudiciales de líderes extranjeros por parte de Estados Unidos, incluidos líderes con los que podrían haber negociado, el Partido Democrático del Kurdistán Iraní (PDK-I) ha afirmado que la delegación de Irán en las conversaciones de paz en Pakistán incluye al comandante del escuadrón de la muerte que, en 1989, asesinó al entonces líder del PDK-I y a dos de sus ayudantes cuando habían viajado a Viena para negociar la paz.
Un presidente para Irak
La guerra en Irán ha sido una importante fuente de inestabilidad para Irak, pero el Parlamento iraquí logró, al menos, ponerse de acuerdo sobre un nuevo presidente —tras intensas maniobras políticas—, lo que abre el camino a la formación de un nuevo gobierno en sustitución del actual Ejecutivo interino. Al igual que los presidentes anteriores, Nizar Amedi es miembro de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK).
“Unificación” de Siria
En Siria, los kurdos siguen sufriendo el lento y difícil proceso de “unificación”, impuesto por el respaldo occidental a Ahmed al Sharaa, que está erosionando gran parte de la autonomía que tanto les costó conseguir. El copresidente del Partido de la Unión Democrática (PYD), Pervîn Yusif, declaró en una reunión en Alemania: “En el proceso de cambio en Medio Oriente, nos enfrentamos a la realidad de que estructuras que antes figuraban en listas de terroristas han llegado al poder en consonancia con las preferencias del sistema internacional. Además, el nombramiento de Ahmed al Sharaa al frente del gobierno ha eliminado en gran medida el derecho de los sirios a resolver y debatir la cuestión siria entre ellos. La ideología salafista que ha llegado al poder actúa con la mentalidad de ‘gané, se hará lo que yo diga’ en lugar de adoptar un enfoque pluralista y participativo”.
Cabe destacar que aún no existe acuerdo sobre el futuro de las Unidades de Defensa de las Mujeres (YPJ). La liberación de las personas capturadas por el ejército sirio tras la toma de gran parte del noreste de Siria a la Administración Autónoma se ha producido con lentitud. Se han registrado airadas protestas por parte de las familias de los prisioneros, e incluso con la liberación de 400 personas más, este proceso no ha concluido. El tan esperado regreso de las familias a Afrin solo ha involucrado hasta ahora a una fracción de los desplazados, y las familias que regresan pueden encontrar que de sus hogares solo quedan ruinas sin cableado eléctrico ni marcos de ventanas, o incluso verse obligadas a pagar un rescate para recuperar sus casas. También queda mucho trabajo por hacer en las áreas de educación y servicios de salud. Algunos kurdos han sido nombrados para puestos clave en las nuevas estructuras administrativas, pero incluso esto ha presentado problemas y desafíos.
La situación en Kobane ha sido especialmente difícil. Si bien ya se han restablecido la electricidad e internet, la ciudad sigue parcialmente bloqueada, con restricciones para el ingreso de suministros vitales como el combustible. Además, a pesar de las promesas de evacuación, las fuerzas leales al gobierno de transición sirio en Damasco aún ocupan algunas de las aldeas circundantes.
Según explica The National Context, el distrito de Kobane está ahora dirigido por un kurdo con una trayectoria y una ideología política afines a Damasco, y cuenta con la ayuda de un árabe también descrito como afín a Damasco. La recién nombrada alcaldesa de Kobane pertenece al PYD, el principal partido de Rojava, responsable de la implementación de las ideas de Confederalismo Democrático de Abdullah Öcalan. Su adjunto, sin embargo, pertenece a la tradición del ENKS, que comparte la política conservadora y pro-Turquía del PDK en Irak. El director municipal también es del EKNS, y los demás cargos se reparten entre el PYD, el EKNS y los independientes.
En la vecina Jallabiya, los designados son nominalmente “independientes”, y cuatro de los cinco son kurdos locales, pero estos están más afines a ENKS y Damasco. Fueron nombrados sin consultar a la población local, lo que provocó protestas que fueron reprimidas por fuerzas afiliadas al gobierno de transición. La Administración Autónoma de Kobane ha protestado, alegando que estos nombramientos no se ajustan al espíritu del acuerdo de integración.
Incluso el tan esperado registro de las familias kurdas privadas de su ciudadanía tras el censo de Hasakah, de 1962, no ha estado exento de polémica. En 2011, se estimaba que más de medio millón de kurdos carecían de ciudadanía y de los derechos básicos que esta conllevaba. El proceso de registro comenzó el lunes, pero los solicitantes descubrieron que debían registrarse como “árabes sirios”, lo que generó temores de que esto se utilizara para manipular las estadísticas demográficas y reducir los derechos de los kurdos. Para el jueves, el gobierno de transición se vio obligado a dar marcha atrás, y ahora los kurdos se registran simplemente como “sirios”.
Cuando Al Sharaa derrocó a Bashar al Asad, demostró merecer el apoyo occidental al prometer que Siria estaba abierta a los negocios neoliberales. Ahora parece estar cumpliendo esa promesa con planes para privatizar el servicio público de salud, según una declaración del director de la Autoridad de Inversiones de Siria a CNN Arabic. Esta privatización, presumiblemente, también incluiría las zonas kurdas.
En Turquía
El gobierno turco ha desempeñado un papel fundamental para garantizar que el gobierno de transición sirio niegue la autonomía kurda. Y dentro de la propia Turquía, el gobierno sigue obstaculizando el progreso del “proceso de paz”, donde la inacción gubernamental genera creciente preocupación.
Se ha construido un nuevo complejo para Öcalan en la isla de İmralı, pero Öcalan se niega a mudarse sin el reconocimiento oficial de su condición de “negociador”. Necesita no solo un espacio físico para trabajar, sino también la libertad de comunicarse sin intermediarios.
Para Öcalan y los kurdos, la paz es imposible sin democracia, y la democracia en Turquía se ve cada vez más limitada. Políticos kurdos permanecen encarcelados, y la represión contra el principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), se intensifica. El 10 de abril, Turkish Minute informó: “Las autoridades turcas detuvieron al menos a 38 personas, entre ellas funcionarios municipales y un alcalde, en el transcurso de dos días en operaciones dirigidas contra tres municipios gobernados por la oposición”.
Las autoridades turcas han bloqueado las cuentas en redes sociales de varios medios de comunicación y periodistas kurdos, y el gobierno planea eliminar el anonimato en internet. El representante de Reporteros Sin Fronteras (RSF) en Turquía advierte que “el periodismo se está reduciendo a una mera herramienta de relaciones públicas” y que “el futuro del periodismo en Turquía está en peligro”.
A pesar de los evidentes problemas del gobierno, las condiciones de guerra han generado un aumento del apoyo a Recep Tayyip Erdoğan, ya que la gente busca la seguridad que ofrece un líder fuerte y conocido.
*Publicado en News from Kurdistan / Traducción y edición: Kurdistán América Latina