Medio Oriente se encuentra una vez más en el umbral de un período en el que se reescriben las fronteras geográficas y las verdades históricas. El colapso del régimen baazista en Siria, el ataque a la influencia regional de Irán, la estrategia expansionista de seguridad de Israel y la lucha de Turquía contra crisis multifacéticas han iniciado no solo una guerra de equilibrio entre Estados, sino también un nuevo proceso en el que se determinará el destino de los pueblos de la región.
Un hecho que destaca en esta gran ola de reestructuración es el siguiente: el pueblo kurdo ya no es el sujeto pasivo de esta geografía, sino que su poder constituyente activo. Esta posición, alcanzada tras más de medio siglo de lucha organizada, sacrificio y resistencia, afecta directamente las estrategias no solo de Turquía, sino también de Irán, Irak, Siria, Israel y otros Estados de la región.
En cuanto a la tensión en las relaciones entre Israel y Turquía, el asedio regional contra Irán y los avances kurdos en Siria han convertido la cuestión kurda no solo en un problema étnico, sino en un factor central en la reestructuración de Medio Oriente. Esta situación ha sacudido los cálculos hegemónicos y ha demostrado la necesidad de visiones políticas alternativas. En este contexto, la visión política y el paradigma de la sociedad democrática desarrollados por Abdullah Öcalan ofrecen una perspectiva alternativa que debe ser considerada no solo por el pueblo kurdo, sino por todos los pueblos de la región.
Tensiones entre Israel y Turquía: conflicto por la hegemonía
Aunque las relaciones entre Turquía e Israel fluctúan en la superficie con movimientos económicos y diplomáticos, la contradicción principal es mucho más estratégica: la lucha por la hegemonía sobre el futuro de Medio Oriente.
Mientras Israel expande su presencia militar hacia el norte, en particular en los Altos del Golán y el sur de Siria, forja nuevas alianzas para romper la influencia regional de Irán e intenta liquidar a las fuerzas subsidiarias en zonas como Líbano, Yemen e Irak. Esta estrategia se basa en una doctrina de seguridad apoyada directamente por Estados Unidos y el Reino Unido, y posiciona a Turquía como una potencia limitante.
Los esfuerzos de Israel por moldear la arquitectura de seguridad de la región generan y generarán tensiones directas no solo con Turquía, sino también con Irán. De hecho, este asunto se intensificará en los próximos días.
Irán: régimen asediado y enfrentamiento forzado con los kurdos
Irán ha tomado una posición activa en numerosos conflictos en Medio Oriente con su estrategia de expansión de orientación chiita. Sin embargo, hoy en día, tanto el descontento social interno como el asedio externo han empujado al régimen a una mayor defensa.
Israel y Estados Unidos ahora tienen en la mira no solo el programa nuclear iraní, sino también toda la influencia chií, que se extiende desde Irak hasta Yemen. Otro pilar estratégico de este asedio son los pueblos de Irán, especialmente los kurdos. El régimen iraní continúa con sus políticas represivas contra el pueblo kurdo, así como contra los pueblos baluche y árabe dentro de Irán. Sin embargo, en este período de intensificación de la presión externa, la posibilidad de que Irán desarrolle políticas más flexibles en sus relaciones con los kurdos de Rojhilat (Kurdistán iraní) es cada vez mayor.
La presión estratégica de Turquía: la necesidad de resolver la cuestión kurda
Turquía ha intentado consolidar su influencia regional mediante sus líneas de ocupación de facto en el norte de Siria, su presencia militar en la Región Federal del Kurdistán iraquí (RFK) y su diplomacia militar a lo largo de la frontera entre Qatar y Somalia. Sin embargo, esta estrategia expansionista ha perdido su viabilidad debido a la resistencia que ha encontrado sobre el terreno, el deterioro social y económico interno, y su aislamiento en política exterior.
Esta situación se refleja particularmente en la percepción que Turquía tiene de la Revolución de Rojava como una amenaza. Esta perspectiva es una manifestación contemporánea de la kurdofobia histórica arraigada en la mentalidad del Estado. Este reflejo impide a Ankara responder a las dinámicas regionales con políticas racionales y flexibles, y conduce a Turquía a un estancamiento estratégico cada vez más profundo.
Lanzada en 2015, la estrategia de seguridad conocida como el “plan colapso” pretendía liquidar el Movimiento de Liberación Kurdo. Sin embargo, esta estrategia fracasó ante la resistencia kurda. Si bien el coste total de los últimos cuarenta años de guerra ha superado los cuatro billones de dólares, Turquía no solo ha dejado sin resolver la cuestión kurda, sino que también ha profundizado su propia crisis interna.
Toda esta obstrucción demuestra que la estrategia de Turquía de responder a la cuestión kurda intentando reprimirla ha llegado a sus límites.
Es en medio de este estancamiento multifacético que el llamamiento de Abdullah Öcalan, del 27 de febrero, resulta histórico tanto por su contenido como por su oportunidad. Al sugerir que el conflicto se lleve al terreno del derecho y la política, Öcalan ofreció una visión de solución que trasciende la dimensión armada del problema. Esta propuesta representa una oportunidad estratégica no solo para Turquía, sino también para todos los Estados de Medio Oriente.
Este llamamiento no solo supone el inicio de un nuevo proceso de solución, sino que también señala una vía mediante la cual Turquía puede superar su estancamiento político interno y su aislamiento estratégico en el exterior. Sin embargo, para que este llamamiento encuentre un destinatario, primero debe levantarse el aislamiento y garantizarse la libertad física de Öcalan. Esto no es solo una obligación ética, sino también política e histórica. Sin embargo, aún no se ha tomado ninguna medida concreta al respecto.
La cuestión kurda en el centro de la transformación regional
Medio Oriente se encuentra en medio de una gran transformación, con fronteras que se disuelven por un lado y regímenes que intentan reconstruirse por el otro. El papel del pueblo kurdo en esta transformación ya no es secundario, sino decisivo. La realidad que enfrenta Turquía es demasiado profunda e histórica como para ser ocultada por la retórica de la “lucha contra el terrorismo”.
Por lo tanto, la disyuntiva que enfrenta Ankara es más que una simple preferencia, es una necesidad histórica: o se llega a una solución, o se desintegra en la no solución . El poder organizado del pueblo kurdo y el paradigma presentado por Abdullah Öcalan siguen siendo la base de esta solución. Y esta realidad ya no puede superarse mediante la negación, sino únicamente mediante la confrontación.
FUENTE: Amed Dicle / Medya News / Traducción y edición: Kurdistán América Latina