Los agricultores de Afrin (cantón kurdo del norte de Siria) afirman que sus olivares han sido saqueados por grupos armados respaldados por el Estado turco. Îbrahîm Menan, residente en Berav, dijo: “Desde que abandoné mi hogar, no he recibido ni una sola gota de aceite de oliva”. Bilal Bilal, del pueblo de Arab, informó de que todos sus productos fueron confiscados tras la ocupación turca y que los familiares que regresaron se vieron obligados a entregar el 50% de su cosecha a un organismo que se autodenomina “Comité Económico”.
El aceite de oliva de Afrin, conocido mundialmente como “oro líquido”, se vende ahora en toda Europa, Estados Unidos y Asia occidental con la etiqueta “Made in Türkiye”. Sin embargo, los habitantes de Afrin, verdaderos propietarios de estos olivares, no han podido acceder a sus tierras ni beneficiarse ni siquiera de una gota de su producción desde 2018. Los olivares, confiscados sistemáticamente por el Estado turco y los grupos mercenarios armados que operan bajo su mando, se han convertido en una de las principales fuentes de exportación de aceite de oliva de Turquía.
Afrin es una de las regiones productoras de aceitunas más conocidas del norte y el este de Siria, así como del resto del país. La región alberga al menos 18 millones de olivos, algunos de más de un siglo de antigüedad, de los cuales alrededor de 14 millones son muy productivos. Las aceitunas de Afrin son también la materia prima del mundialmente famoso “jabón de Alepo”, confeccionado con una tradición de dos mil años de antigüedad. Durante generaciones, el aceite de oliva ha sido considerado por los habitantes de la región como su propio “oro líquido”.
Antes de la ocupación, Afrin contaba con 300 almazaras y siete fábricas de jabón. Cada año se cosechaban entre 200.000 y 250.000 toneladas de aceitunas, con las que se producían entre 35.000 y 50.000 toneladas de aceite de oliva. Para los habitantes del cantón y sus alrededores, las aceitunas representaban aproximadamente el 70% de los ingresos anuales de los hogares.
La Cámara de Agricultura, que operaba bajo la Administración Autónoma Democrática (AADNES), coordinaba la temporada de cosecha cada mes de octubre. Los agricultores podían llevar sus aceitunas a las instalaciones de prensado sin temor; los robos eran inexistentes y la economía funcionaba gracias al trabajo compartido y la confianza colectiva.
Todo cambió después de que el Estado turco iniciara su ocupación el 20 de enero de 2018. Más de 300.000 civiles fueron desplazados y sus hogares fueron entregados a familias de grupos armados traídos de diferentes partes de Siria, e incluso de terceros países. De las 300 instalaciones de prensado de aceitunas de Afrin, 140 fueron saqueadas y el resto quedó bajo el control de estos grupos. Al perder los agricultores toda posibilidad de trabajar con seguridad, se generalizaron los asesinatos, los secuestros, las demandas de rescate y los robos sistemáticos. Un gran número de olivos fueron talados, quemados o confiscados por la fuerza.
Fuentes locales y organizaciones de derechos humanos han documentado la destrucción de más de 2,1 millones de olivos desde que comenzó la ocupación, y gran parte de la madera se ha vendido a Turquía.
Los agricultores ya no pueden entrar en sus propias tierras. Los que logran llegar a sus huertos se ven obligados a pagar tasas que oscilan entre 4 y 15 dólares por árbol. Muchos aldeanos se ven obligados a cosechar sus propias aceitunas para los grupos armados que les dicen que “esos árboles ahora nos pertenecen”.
Los informes de la Organización de Derechos Humanos de Afrin (ODHA) indican que los agricultores, los propietarios de tierras y de máquinas de prensado de aceitunas están sujetos a fuertes impuestos que gravan sus principales fuentes de ingresos. Los ciudadanos afirman que estos supuestos “impuestos” son, en realidad, extorsiones llevadas a cabo principalmente por grupos armados que operan bajo la autoridad del Estado turco. Entre ellos se encuentran la División Sultan Suleiman Shah (también conocida como El Amshat), la División al Hamza, la División Sultan Murad, la Brigada Muntasir Billah, la División al Mu’tasim y Faylaq al Sham, entre muchos otros.
Los agricultores se ven obligados a luchar por sobrevivir entre temporadas de cosecha. Como cada año, la llegada del periodo de cosecha ha desencadenado otra ronda de saqueos organizados. Muchos agricultores sufren acoso con el fin de obligarlos a pagar tasas de extorsión. Los que se resisten suelen ser amenazados con violencia, secuestro, asesinato, confiscación de propiedades o destrucción de sus olivos.
Por miedo a que les confisquen la cosecha, algunos residentes han empezado a recoger las aceitunas antes de que maduren. Como resultado, donde deberían producirse seis latas de aceite, solo obtienen dos.
Los agricultores se ven a menudo obligados a entregar sus aceitunas a fábricas específicas bajo la supervisión de grupos armados. Las ventas se limitan a comerciantes locales autorizados que suelen estar vinculados a estos grupos, y estos comerciantes fijan precios muy por debajo del valor de mercado. Por ejemplo, una lata de 16-17 kilos de aceite de oliva se vende por menos de 100 dólares en Afrin, mientras que el mismo producto puede alcanzar más de 120 dólares en Idlib.
Los productos se transportan luego a Turquía y se distribuyen a los mercados internacionales. Mientras que el aceite de oliva de Afrin llega a las mesas de todo el mundo con la etiqueta “Made in Türkiye”, los verdaderos propietarios de los árboles no han podido tocar sus olivares ni una sola gota de su aceite durante los últimos siete años.
Debido a la guerra, los desplazamientos y el saqueo sistemático, la producción anual, que antes de 2018 rondaba las 250 toneladas, ha descendido, según se informa, a casi 50 toneladas. El descenso se ve agravado por la falta de cuidados adecuados, ya que la extorsión y la inseguridad impiden a los agricultores atender sus árboles.
El copresidente de la ODHA, Ibrahim Shexo, señaló que la producción anual de aceitunas, que solía ser de al menos 250 toneladas, ha caído a unas 50 toneladas este año debido a la ocupación, la confiscación y los robos generalizados. Afirmó que se han talado más de un millón de olivos e informó de que el denominado Comité Económico de Afrin exige a los residentes los documentos de propiedad y, al mismo tiempo, confisca sus productos.
Shexo dijo que han aparecido numerosos vídeos que muestran a grandes grupos de personas no residentes en Afrin robando aceitunas de los campos. Según Shexo, las denuncias presentadas por las víctimas no conducen a nada; estos organismos no prestan ningún servicio y solo operan en Afrin, sin estructuras equivalentes en ciudades como Azaz, Jarablus o Al Bab.
Para Shexo, el Estado turco vende las aceitunas recolectadas de los árboles talados por sus grupos armados a diversas partes de Siria y a países europeos a través de comerciantes locales de la región.
El aceite de oliva saqueado de Afrin se transporta primero a Turquía, donde se envasa y se exporta como “Made in Türkiye” con la aprobación del Instituto Turco de Normalización (TSE).
Entre las marcas que comercializan abiertamente sus productos como “Afrin” en Europa y Norteamérica se encuentran:
-Zêr Afrin: distribuido desde Magdeburgo, Alemania.
-Cibal Afrin/Jibal Afrin: vendido en Alemania, Canadá y toda Europa con la etiqueta “Aceite de oliva de las montañas de Afrin”; el producto lleva el sello TSE y se comercializa con la etiqueta “Mir Paketleme ITH. IHR. VE TIC. LTD. STI”.
-Yaman: vendido en Francia con la descripción “Siria-Afrin-Alepo”.
-Jobri Food: distribuido a través de redes en Viborg (Dinamarca) y Alemania, promocionado con el eslogan “Productos de renombre de Afrin”.
-Mir Paketleme: presente en el mercado canadiense con la aprobación del TSE.
Los testimonios de los residentes desplazados reflejan la magnitud de la catástrofe.
Îbrahîm Menan, del pueblo de Berav, sigue relatando con el mismo dolor el desplazamiento forzoso que sufrió en marzo de 2018: “Ese año el tiempo fue muy frío y lluvioso. La mitad de la población caminó durante tres días. Los aviones bombardeaban y no nos dejaban pasar. Los ancianos y los niños morían de hambre y frío; ni siquiera podíamos cavar tumbas. Caminamos durante tres días sin comida ni agua. Escapamos solo con la ropa que llevábamos puesta, no nos llevamos nada más”.
“Yo era un hombre acomodado -recordó-. Tenía entre 400 y 500 olivos. Cada dos años producían una buena cosecha y recogíamos alrededor de 100 sacos de aceitunas, suficientes para abastecernos durante dos años. Trabajábamos para nosotros y para nuestra comunidad”.
Menam contó que ya llevan siete u ocho años desplazados: “Están saqueando nuestras propiedades y llevándose todo a Turquía. Desde el día en que abandoné mi hogar, no he recibido ni una sola gota de aceite de oliva. Ni siquiera sé si mis árboles siguen en pie”.
Bilal Bilal, del pueblo de Arab, en Mabeta, relata su experiencia: “Como familia, teníamos entre 400 y 500 olivos y unos 40 nogales. Solíamos producir unas 70 barriles de aceite de oliva al año. Nunca tuvimos que trabajar en los campos de otros; durante la temporada de cosecha, recogíamos nuestras aceitunas y las llevábamos a las instalaciones de prensado.
Durante el periodo de la Administración Autónoma, no había impuestos obligatorios en Afrin. Cada familia contribuía según sus propios medios; nuestra propia cosecha era suficiente para nosotros”.
“Tras la ocupación, no hemos visto ni un gramo de nuestras aceitunas -aseveró-. Los grupos armados se lo llevaron todo. Algunos de nuestros familiares regresaron a Afrin, y los grupos que se autodenominan ‘Comité Económico’ se están quedando con el 50% de su cosecha en concepto de supuestos impuestos, lo que en realidad es extorsión. Y lo que queda ni siquiera alcanza para cubrir sus gastos”.
FUENTE: Daxistan Roza / ANF / Edición: Kurdistán América Latina

