El final de la dinastía de los Assad en Siria, en medio del genocidio perpetrado por el gobierno sionista de Netanyahu en Gaza contra el pueblo palestino, abrió las puertas a un proceso de cambio en la región del que apenas se vislumbra cuáles pueden ser los resultados finales. En todo caso, referido a la situación siria, la evolución sigue siendo compleja. Coincidiendo con el hundimiento y la salida de Bashar al Assad, Israel bombardeó a conciencia numerosas infraestructuras con la justificación de garantizar de este modo su propia seguridad, un hecho que contribuyó a destruir lo poco que podía mantenerse en pie después de más de diez años de guerra civil.
Esta nueva situación no hubiera sido posible sin que el gobierno turco de Erdogan hubiera dado luz verde a las diferentes facciones opositoras concentradas en los territorios fronterizos que Bashar al Assad nunca logró recuperar. Durante todos los años de conflicto Turquía maniobró, apoyando a diferentes corrientes y milicias con el objetivo nunca escondido de aumentar su influencia sobre un territorio que veía como propio desde los ya lejanos años del reparto colonial de Oriente Medio, coincidiendo con la Primera Guerra Mundial. Además, el hecho de que a ambos lados de esta frontera se encontraran asentamientos importantes de población kurda otorga a la zona un interés especial de cara a combatir al desafío planteado por el nacionalismo kurdo.
El desarrollo del conflicto, en el que se enfrentaron múltiples actores políticos y contó con la presencia de diferentes niveles de intervención exterior (potencias regionales y globales), facilitó el desarrollo de diversas propuestas políticas: islamismos de distintas orientaciones y la emergencia, en medio del caos que supuso la aparición del Daesh (Estado Islámico), de una propuesta política innovadora, el confederalismo democrático, impulsada desde el movimiento kurdo.
Varios ejes definen su proyecto: respeto a la pluralidad étnica y religiosa, propuesta de construcción institucional basada en ideas democráticas y participativas, cuestionamiento de los diferentes modelos de Estado-nación que han llevado a la región a una situación de crisis permanente y apertura de todos los espacios políticos y sociales para que las mujeres, tradicionalmente marginadas en la zona, ocupen un lugar protagonista y luchen por resolver los problemas más acuciantes para ellas. Fruto de esto último es la visibilización de numerosos grupos de mujeres que asumen tareas sociales, políticas y militares, equiparables a las desarrolladas por los varones. Las mujeres kurdas combatiendo a los islamistas en Kobane dieron la vuelta al mundo y mostraron la posibilidad de introducir propuestas laicas y modernizantes en un contexto regional marcado por el ascenso de diferentes formaciones ideológicas de carácter sectario y fundamentalista.
Todo esto se ha concretado en la aparición de una administración autónoma que, partiendo de la zona fronteriza habilitada por población kurda y otras confesiones religiosas minoritarias (Rojava), se ha extendido hacia amplias áreas del nordeste de Siria (AANES). Surgida en un contexto de aislamiento y bloqueo por parte de sus vecinos, Rojava ha logrado resistir todos estos años haciendo frente a múltiples adversidades.
El vacío de poder creado por el final del gobierno baasista está facilitando el desarrollo de distintas maniobras impulsadas por Turquía con el objetivo declarado de destruir la existencia de la AANES, a la que percibe como una propuesta kurda que amenaza su propia seguridad en tanto que demuestra la posibilidad de impulsar políticas diferentes que parten del reconocimiento y respeto a las diferentes identidades políticas y culturales.
Es por todo esto que determinadas zonas de Rojava, tradicionalmente pobladas por elementos étnicos kurdos, han sido limpiadas y ocupadas por milicias islamistas proturcas (como en Afrin), modificando los equilibrios étnicos existentes durante siglos, y ahora se disponen a poner en marcha un proceso de invasión del resto de Rojava y desmantelar las estructuras levantadas por la AANES. Con este objetivo, combinan diferentes políticas: hostigamiento militar, infiltración de elementos armados irregulares, acoso a la población civil, asesinatos selectivos de dirigentes sociales y políticos, o destrucción de infraestructuras para dificultar la vida cotidiana en la región. A este respecto hay que destacar el acoso turco a la presa de Tishrin que amenaza con destruir. La respuesta de la población civil ha sido convertirse en escudos humanos desplazados a la zona para evitar una destrucción que podría tener consecuencias fatales sobre la población asentada en las orillas del Éufrates, la producción de electricidad para buena parte de la empobrecida Siria y el abastecimiento de agua para las labores agrícolas en una zona fronteriza con el desierto. Todo esto no ha impedido la hostilidad turca y los ataques con bombas que han causado la muerte de más de veinte civiles desde que se inició esta crisis que apenas ha sido visibilizada por los medios de comunicación.
Para denunciar esta situación, en estos días se celebra en Bruselas un importante evento internacional, la reunión del Tribunal Permanente de los Pueblos, “Rojava contra Turquía”, convocada por diferentes organizaciones de derechos humanos del noreste de Siria, asociaciones políticas, culturales y de mujeres kurdas de la zona y de la diáspora europea, que se plantean la denuncia de los crímenes contra la humanidad que se comenten en la zona por parte de Turquía, las violaciones del derecho internacional y la existencia de graves consecuencias con bajas entre la población civil, la destrucción de infraestructuras y graves daños sobre el patrimonio histórico-artístico de la zona.
A este llamamiento se han unido diferentes actores políticos y sociales europeos: Izquierda Europea, Fundación France-Libertés, Fundación Danielle Miterrand, Médicos contra la Guerra, grupos de denuncia del racismo (MRAP) o entidades académicas como el CNRS, la revista digital Orient XXI, etc. Desde el Estado español también ha surgido una respuesta solidaria que abarca ámbitos diferentes: sindicalismo alternativo (CGT, CNT, Confederación Intersindical, CUT, CIG, OSTA), grupos políticos (ERC, los Comunes, Podemos, Bildu EH) o revistas como viento sur, Transversales o Lo que somos). De lo que allí se informe y se debata daremos cuenta estos días desde viento sur.
FUENTE: Tino Burgos / viento sur