Una vida de pasión por el arte + Video

Por Hamid Rashid* – La ingeniera Dunya al Shamma encarna la imagen viva de la mujer iraquí y se erige como un ejemplo destacado de determinación y creatividad. A pesar de los desafíos y las circunstancias, ha logrado demostrar su valía en diversos ámbitos de la vida, transformando las dificultades en oportunidades para el éxito y la distinción.

No se rindió ante la realidad, sino que se redescubrió a sí misma en cada etapa de su vida. Tras una carrera profesional en el campo de la ingeniería petrolera, Dunya decidió retomar su antigua pasión por la pintura y la música, afirmando que las aspiraciones no están ligadas a la edad y que la creatividad puede renacer siempre que exista la fuerza de voluntad.

De la ingeniería al arte

Tras jubilarse, Dunya se dedicó a desarrollar esta habilidad y a practicar su afición favorita desde la infancia. Al respecto, comenta: “Después de jubilarme, intento invertir mi tiempo en lo que me beneficia y desarrollar mi talento para la pintura y la música”, y añade que sus inicios en el ámbito académico se debieron a la decisión de su familia de que estudiara ingeniería, una decisión a la que no se opuso debido a su interés por las matemáticas y la ingeniería. Continuó sus estudios y alcanzó el éxito en su carrera profesional, aprovechando sus vacaciones para asistir a cursos de pintura y música.

Dunya señala que en la década de 1970 se observó un gran interés por la cultura y las artes, ya que se ofrecían cursos gratuitos de pintura, escultura y música a través de instituciones del Ministerio iraquí de Cultura e Información, además de otros cursos en los que se matriculó en instituciones especializadas.

La ingeniera jubilada explica que su carrera artística se interrumpió tras casarse debido a las responsabilidades familiares y laborales, antes de retomarla en 2018 tras su jubilación, y afirma: “No encontré nada mejor que pintar para invertir mi tiempo libre”.

La pintura es un refugio psicológico que eleva el gusto y la moral

Dunya asegura que la pintura sigue siendo su compañera indispensable en las circunstancias más difíciles: “Incluso cuando estoy cansada o enferma, pintar me brinda sanación y consuelo psicológico”. Añade que ha recibido la influencia de varios artistas internacionales, como Van Gogh y Leonardo da Vinci, mientras que, a nivel local, la influenciaron sus profesores de arte en la academia donde recibió cursos y lecciones especializadas de pintura.

Respecto a la importancia del arte en la sociedad, explica que este eleva el gusto y la moral gracias a su impacto directo en la psique del artista, ayudándolo a reflexionar sobre sí mismo, descubrir sus errores y trabajar para corregirlos. Asimismo, fomenta los valores de cooperación e interacción positiva con los demás, especialmente durante los estudios académicos.

Dunya cita su experiencia personal en este campo, relatando que durante su visita a orfanatos, solicitó a los responsables que le permitieran enseñar a los niños a pintar un día a la semana, con el objetivo de integrarlos en la sociedad y desarrollar su personalidad, además de brindar formación a niños con síndrome de Down. Destaca que la experiencia fue un éxito y generó una interacción positiva, ya que muchos de ellos demostraron un claro talento artístico para la pintura.

El apoyo familiar es la piedra angular

Dunya señala que el apoyo familiar constituye la base para la formación de generaciones, ya que contribuye a inculcar valores y comportamientos desde la infancia. Sostiene que las mujeres son capaces de compaginar con éxito las responsabilidades del hogar y el trabajo. Asimismo, considera que las mujeres son el pilar de la sociedad, dado que la madre es la principal responsable de la crianza y la formación del carácter.

Añade que su familia fue el pilar fundamental para superar los desafíos, ya que su esposo fue su principal apoyo, seguido de su hija, quien la respaldó con lealtad y gratitud. Subraya también la importancia de la gestión del tiempo y de dedicarlo al desarrollo personal a través de la lectura y el aprendizaje. “El libro es el mejor compañero”, destaca.

“No existe una edad específica para alcanzar las ambiciones”

El mayor desafío al que se enfrentó fue aprender notación musical, a pesar de haber cursado varias asignaturas que no fueron suficientes para dominarla correctamente. Dunya cuenta que tomar clases en la academia fue beneficioso, ya que le permitió aprender notación musical e intentar tocar, y apunta que fue un reto personal que asumió con gran determinación. “Estaba decidida a aprender música y a tocar”, dice.

Dunya cree que no hay una edad específica para alcanzar las ambiciones. Por eso, convoca a aprovechar las oportunidades y a no permitir que el trabajo o las responsabilidades sean un obstáculo para vivir la vida y desarrollarse personalmente, añadiendo que la autoconfianza, la capacidad de afrontar los desafíos y la determinación son las claves del éxito.

Por esta razón, después de cuarenta y tres años retomó el estudio de la pintura y la música, superando los desafíos y las excusas relacionadas con el cansancio o las responsabilidades.

Respecto a sus planes futuros, afirma que busca perfeccionar sus habilidades pictóricas y transformarlas, pasando de copiar imágenes a crear obras fruto de su imaginación. Además, desea participar en exposiciones de arte para conocer las opiniones de los demás y beneficiarse de la crítica constructiva. También aspira a compartir su experiencia pictórica con huérfanos y colectivos marginados, en colaboración con entidades especializadas, para ampliar su alcance.

Dunya concluye resaltando la importancia de que las mujeres se apoyen entre sí, haciendo hincapié en que este apoyo debe ser sincero y constructivo, basado en el aliento y el respeto, lejos de menospreciar las capacidades de las demás o desanimarlas, sino más bien de una manera positiva y decente que ayude a alcanzar las ambiciones.

*Publicado en JINHA / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

martes, abril 14th, 2026