Las mujeres socialistas, pioneras de los valores internacionalistas

Por Amara Amûdê y Sarah Marcha* – Con ocasión del 115º Día Internacional de las Mujeres, el pasado 8 de marzo millones de mujeres de todo el mundo salieron a las calles, demostrando una vez más su potencial de movilización, de lucha y de unión. De cara al 1 de mayo, con motivo del 137º Día Internacional de los Trabajadores, los movimientos de izquierda se movilizarán de nuevo y las mujeres ocuparán un lugar central en la organización de las acciones y las manifestaciones. Sin embargo, para que un movimiento mundial de liberación de las mujeres pueda emerger efectivamente en el siglo XXI y se convierta en una fuerza organizativa, se debe dar un nuevo paso. Desde esta perspectiva, las experiencias históricas de lucha de las mujeres constituyen una herencia esencial para hacer avanzar el proyecto de un confederalismo democrático mundial de las mujeres. Es por tanto necesario evaluar el papel de vanguardia desempeñado por las mujeres en la construcción y la defensa de los valores socialistas e internacionalistas. A través de este artículo, deseamos poner de relieve las luchas históricas de las mujeres socialistas a nivel internacional y reflexionar sobre las perspectivas de su proyecto político en la construcción del socialismo democrático.

Flora Tristán y la Unión Obrera

Mientras la lucha contra el sistema capitalista se desarrollaba a nivel internacional ya desde el siglo XIX, las mujeres socialistas afirmaban que la liberación de las mujeres constituía una condición indispensable para la emancipación de toda la sociedad. Sostuvieron así que sin la emancipación de las mujeres, la construcción de una solidaridad entre los pueblos y las naciones, necesaria para la libertad de la humanidad, no podría realizarse plenamente.

La militante y escritora Flora Tristán formaba parte de las mujeres que libraban esta batalla. Contra el nacionalismo y el sexismo, fue una pionera en la formación de una conciencia internacionalista y liberadora entre las mujeres. De origen peruano y francés, en 1843, en su obra “La Unión Obrera”, fue la primera en proponer un proyecto de organización internacional de las trabajadoras fundado en la emancipación de las mujeres. Para ella, “el alma, el corazón, el espíritu y los sentidos” de las mujeres constituyen la fuerza primaria de la necesidad de amar, actuar y vivir de la humanidad. Por ello llama a las mujeres de todas las clases, nacionalidades, edades y convicciones a movilizarse, a apoyar y a cumplir su misión de “predicadoras” para la construcción de la Unión Obrera. Flora Tristán afirma además que “la unidad humana” no puede realizarse sino a través de “la igualdad absoluta del hombre y la mujer”. Desde esta perspectiva, interpela a los “obreros”, a quienes llama sus “hermanos”, para que se comprometan en la lucha por la emancipación de las mujeres y reconozcan que el olvido y el desprecio de los derechos naturales de las mujeres constituyen una de las causas mayores de las injusticias y las desgracias del mundo. Los exhorta así a inscribir, en su carta y en su lucha, el reconocimiento de los derechos inalienables de las mujeres, para que estas no estén ya sometidas a la opresión y para que los hombres respeten, en sus madres y en sus compañeras, la libertad y la igualdad a las que ellos mismos aspiran.

En su obra, Flora Tristán también mantiene que la existencia de una sociedad compuesta por mujeres y hombres libres -lo que hoy podríamos calificar como convivencia libre- supone ante todo la emancipación de las “mujeres del pueblo”. Según ella, esta emancipación pasa necesariamente por el acceso a “una educación moral, intelectual y profesional”. Subraya en efecto que las mujeres desempeñan un papel central en la transmisión de los valores morales dentro de la sociedad. En tanto que “madres”, “amigas”, “asociadas” o “compañeras”, ejercen una influencia determinante tanto en las niñas como en los hombres y participan así en su educación. La emancipación y la educación de las mujeres aparecen por tanto como una condición esencial para transformar la sociedad en su conjunto.

Flora Tristán defiende además la idea de una unión de las trabajadoras fundada en el reconocimiento y la defensa de la diversidad de los individuos y las naciones. Desde esta perspectiva, desarrolla una concepción profundamente internacionalista de la humanidad, que compara con un gran cuerpo viviente. Según ella, el mundo debe ser comprendido como un “gran cuerpo humanitario” en el que las diversas naciones representan los órganos y los miembros, mientras que los individuos constituyen sus arterias, venas, nervios o fibras. A través de esta metáfora, Flora Tristán subraya la interdependencia fundamental entre los pueblos y los individuos: como en el cuerpo humano, ninguna parte puede sufrir sin que el conjunto del cuerpo se vea afectado. El sufrimiento de un individuo o de un pueblo concierne así a la humanidad entera. Sostiene que esta idea de indivisibilidad del cuerpo humanitario y de solidaridad entre las naciones y los individuos debería transmitirse desde la infancia a través de la educación, y atribuye la responsabilidad de la falta de integración de esta concepción a la enseñanza a las opiniones religiosas y políticas, que históricamente han contribuido a dividir a las naciones y a los individuos.

Flora Tristán recorrió Francia para promover el proyecto de la Unión Obrera y defender la necesidad de organizar a la clase proletaria a nivel internacional. Su vida estuvo marcada por grandes sufrimientos, en particular los relacionados con su matrimonio, y murió en 1844 a consecuencia de una enfermedad agravada por las violencias sufridas a manos de su marido. A pesar de su prematura desaparición, sus ideas ejercieron una influencia importante en los movimientos socialistas y, en 1864, fue fundada en Londres la primera organización internacional de las trabajadoras. Esta organización, que será posteriormente conocida bajo el nombre de Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) -o Primera Internacional- se fija como objetivo construir un movimiento obrero mundial contra el sistema capitalista, fundado en la solidaridad internacional y en la lucha de clases.

Clara Zetkin y la Internacional Socialista de las Mujeres

Clara Zetkin también desempeñó un papel fundamental en la organización internacional de los movimientos socialistas, tanto en el plano general como en la organización específica de las mujeres. Miembro del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), chocó rápidamente con las posiciones iniciales del partido, entonces fuertemente marcadas por concepciones sexistas. El SPD sostenía en efecto que las mujeres no debían convertirse en mano de obra subordinada al capitalismo y que debían permanecer en el hogar. En aquella época, la opinión dominante dentro del movimiento obrero consistía en defender la idea de que la lucha socialista debía garantizar a los hombres un salario suficiente para mantener a toda la familia, de modo que las mujeres no tuvieran que trabajar fuera del hogar. Clara Zetkin se opuso a esta concepción. Defendió constantemente el derecho de las mujeres a la autonomía financiera y al acceso al trabajo fuera del hogar, considerando estas reivindicaciones como parte integrante de la emancipación social. Se comprometió así activamente para que estos principios fueran reconocidos y aplicados.

En aquella época, se sostenía frecuentemente que el trabajo de las mujeres fuera del hogar reduciría las posibilidades de empleo para los hombres. En realidad, siendo sus salarios notablemente inferiores a los de los hombres, la mano de obra femenina de bajo coste representaba una ventaja para los propietarios de las fábricas en el marco de la explotación capitalista. Ante esta situación, las mujeres socialistas trataron de convencer a sus compañeros de que el problema no residía en el trabajo de las mujeres como tal, sino en la desigualdad entre hombres y mujeres, así como en las lógicas capitalistas y sexistas de la burguesía. Para ellas, la lucha de clases seguía siendo la lucha fundamental, mientras que la lucha entre los sexos se inscribía en su interior. Sin embargo, dada la condición específica de las mujeres en el sistema capitalista, consideraban necesario desarrollar una organización de las mujeres dentro de la organización general del partido y de la Internacional Socialista. Esta orientación chocaba con obstáculos importantes. En Alemania, por ejemplo, la ley prohibía entonces a las mujeres crear o adherirse a organizaciones políticas. Además, dentro de algunos movimientos socialistas- como en el Partido Obrero Belga- no se reconocía la necesidad de una organización específica de las mujeres.

En aquella época, las mujeres desarrollaban su lucha por la igualdad entre los sexos en dos frentes: por un lado, denunciaban el carácter sexista de las instituciones del Estado; por otro, se esforzaban por convencer a sus compañeros de que la emancipación de las mujeres constituía una cuestión esencial del socialismo. Dentro de los movimientos socialistas, no se limitaban a la adhesión a un partido o a una organización política, sino que reivindicaban también la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, y trataban de promover esta igualdad en el ámbito económico así como en todos los aspectos de la vida social.

Es en este contexto en el que fue fundada la Internacional Socialista de las Mujeres. La primera conferencia de las mujeres socialistas se celebró en 1907 en Stuttgart, Alemania, y reunió a 59 delegadas representantes de 15 nacionalidades. Posteriormente se organizaron otras conferencias, en 1910, 1915 y 1917, consolidandose así la coordinación internacional de las militantes socialistas.

Los objetivos principales de estas conferencias eran promover la igualdad entre los sexos, luchar contra todas las formas de discriminación hacia las mujeres y defender sus derechos en tanto que derechos humanos fundamentales. También pretendían reforzar los vínculos entre las organizaciones miembros, asegurar la aplicación de las resoluciones adoptadas, desarrollar relaciones con otros grupos de mujeres socialistas y promover programas de acción para la emancipación de las mujeres y las niñas, trabajando al mismo tiempo por el desarrollo, la paz y los derechos humanos en su conjunto. Entre las resoluciones adoptadas, se contemplaba que los partidos socialistas debían defender el derecho a voto de las mujeres, inscrito en el marco del sufragio universal, puesto que en aquella época el derecho a voto estaba reservado a los hombres propietarios de bienes. Las mujeres burguesas que reivindicaban el sufragio para sí mismas, sin defender la igualdad de clases y el sufragio universal, eran criticadas por las mujeres socialistas, ya que su enfoque contribuía a reforzar el sistema capitalista. Además, la emancipación completa de las mujeres exigía su liberación económica y política, así como un compromiso activo a favor del movimiento sindical y cooperativo femenino, sensibilizando al mismo tiempo a los trabajadores sobre la importancia de la unidad para alcanzar el ideal socialista. Las militantes socialistas subrayaban además que los intereses de los pueblos eran comunes, y que era esencial promover los sentimientos antimilitaristas y la fraternidad internacional. Finalmente, se reclamaba la puesta en marcha de un sistema de ayuda económica para las madres indigentes en el momento del parto y un apoyo continuo a las madres con hijos a cargo, para que pudieran criar a sus hijos sin tener que recurrir a un trabajo asalariado.

Gracias a su determinación y a su visión en la lucha por la igualdad de los sexos y de las clases, Clara Zetkin fue elegida secretaria general de la Internacional Socialista de las Mujeres y redactora jefa de su periódico. Con ocasión de la segunda conferencia celebrada en Copenhague en 1910, pronunció la declaración histórica que proclama la creación de un día internacional de lucha de las mujeres, que sería fijado el 8 de marzo. Para Clara Zetkin, las mujeres podían convertirse en la chispa de la revolución, y efectivamente lo fueron. En Rusia, el 8 de marzo de 1917, la revolución comenzó con una huelga de obreras*. Del mismo modo, durante los levantamientos de la Liga Espartaquista en Alemania a principios del siglo XX, la historia muestra que, gracias a la organización internacional de las mujeres socialistas, las mujeres desempeñaron un papel de primer orden en la vanguardia revolucionaria.

En la experiencia del socialismo real, las mujeres ocuparon un lugar destacado y obtuvieron conquistas significativas al inicio de la revolución. En Rusia, Alexandra Kollontái fue una militante que se opuso también a la traición de la revolución soviética, ya que el gobierno revolucionario, fundado sobre una ideología masculina dominante y un sistema estatista y burocrático, actuaba como una autoridad centralizada y contrarrevolucionaria, frenando el progreso y la emancipación de las mujeres y oponiéndose al mismo tiempo a los movimientos libertarios.

En la época de la Primera Guerra Mundial, gracias a su conciencia política y a su posición radical contra la guerra, el nacionalismo y el imperialismo, las mujeres socialistas como Rosa Luxemburg llevaron a cabo una lucha histórica. Las autoridades estatales trataban entonces de fragmentar y debilitar el movimiento obrero internacional. La posición nacionalista adoptada por numerosos partidos socialistas, como el SPD en Alemania, ante el conflicto naciente, sacudió la conciencia internacionalista que se había construido a lo largo de los años anteriores. En este contexto, varios partidos intentaron prohibir la participación de sus militantes en la tercera conferencia internacional de las mujeres. Estas ignoraron dicha prohibición y mantuvieron su conferencia en 1915. Las militantes de la Internacional Socialista de las Mujeres se posicionaban como las representantes de la moral y de la paz. En Alemania, Rosa Luxemburg y Clara Zetkin defendieron la línea internacionalista para las mujeres y los pueblos, desempeñando ambas un papel de primer orden en la fundación del Partido Comunista Alemán, en oposición a la actitud hipócrita del SPD.

Feminismo e internacionalismo

Los movimientos feministas burgueses se organizaron antes del nacimiento de las organizaciones socialistas de mujeres. Sin embargo, fueron criticados por haberse limitado únicamente a la lucha entre los sexos. Flora Tristán consideraba la condición de las mujeres como un problema complejo, que no podría resolverse simplemente mediante el acceso a la universidad o la participación en las elecciones. Las mujeres socialistas percibían así estos movimientos como una continuación del sistema dominante y como un instrumento de legitimación del liberalismo.

A pesar de ello, tras la Segunda Guerra Mundial, numerosas mujeres comprometidas en los movimientos socialistas, de liberación nacional y contra el racismo comenzaron a definirse como “feministas”, subrayando que sin la lucha por la liberación de los pueblos y de las clases, la liberación de las mujeres no podría realizarse plenamente. Sin embargo, debido a su incapacidad para resolver las contradicciones ideológicas, los movimientos feministas no han logrado, hasta hoy, constituir una fuerza significativa capaz de fundar una organización internacional de mujeres que pueda hacer frente de manera efectiva al sistema capitalista.

Más allá del feminismo, en la historia del internacionalismo, las divergencias ideológicas entre los distintos movimientos han sido siempre fuente de división. En los inicios de los movimientos obreros, desde las organizaciones marxistas hasta los proudhonistas, de los mutualistas a los colectivistas, de los socialistas utópicos a las republicanas, todos se habían adherido a la Primera Internacional. Sin embargo, tras la derrota de la Comuna de París, se establecieron nuevas estrategias revolucionarias, acentuando los conflictos entre marxistas y anarquistas. Buscando conquistar el poder estatal, los marxistas intentaron construir una organización internacional y partidos políticos fundados en un sistema centralizado y una estrategia única. Bakunin y los anarquistas, por el contrario, consideraban este enfoque como un centralismo autoritario y reivindicaban la creación de una organización internacional basada en un sistema que reuniera federaciones de trabajadores.

A causa de estos desacuerdos, la Primera Internacional no logró alcanzar sus objetivos, y los movimientos marxistas y anarquistas, así como las mujeres que formaban parte de ellos, permanecieron divididos desde entonces. Entre 1872 y 1877, se intentó crear la Internacional Antiautoritaria. En 1923, se fundó una nueva Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), bajo el impulso del movimiento anarcosindicalista español. Sin embargo, los movimientos anarquistas no lograron resistir los ataques y la represión llevados a cabo por las fuerzas fascistas, los Estados capitalistas y la URSS. Tras la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de estos movimientos fue aniquilada o considerablemente debilitada por las ejecuciones y el exilio de sus principales militantes. Lo mismo ocurrió con las organizaciones federales de mujeres, como Mujeres Libres en España.

Además, en 1889, se funda la Segunda Internacional, sobre una línea marxista, bajo el nombre de “Internacional Obrera”. Tras la Primera Guerra Mundial, el movimiento obrero se escindió en dos campos: los socialdemócratas reformistas y los comunistas revolucionarios. Las posiciones nacionalistas adoptadas por los partidos socialdemócratas se oponían a la línea revolucionaria internacionalista. En 1919, a raíz de la revolución rusa, se crea la Tercera Internacional, bajo el nombre de “Internacional Comunista”. Sin embargo, nuevos desacuerdos internos, opuestos a las líneas de Stalin y de Trotsky, provocaron una nueva escisión. Posteriormente, las organizaciones trotskistas intentaron promover una Cuarta Internacional, pero sin éxito real, debido a dificultades organizativas persistentes.

A causa de estos desacuerdos ideológicos y a pesar de sus iniciativas, las mujeres socialistas (revolucionarias), que llevaban una lucha común contra las desigualdades de género y de clase, no lograron unirse y constituir una fuerza capaz de superar el sistema estatal, capitalista y sexista, condición necesaria para el éxito de una revolución socialista democrática.

Hacia un confederalismo democrático mundial de las mujeres

En el siglo XXI, para hacer avanzar el proyecto de confederalismo democrático mundial de las mujeres y de una nueva Internacional, es necesario estudiar y evaluar minuciosamente las experiencias históricas de las luchas mencionadas en este artículo, así como sus carencias. Frente al sistema capitalista, nacionalista, racista y sexista, los esfuerzos de la Internacional Socialista de las Mujeres y de otras organizaciones socialistas internacionales han constituido etapas importantes, pero han resultado insuficientes. Para completar este estudio, podemos subrayar algunos puntos importantes a partir de las perspectivas del Movimiento de Liberación de las Mujeres de Kurdistán.

En primer lugar, la unidad de la lucha de género, de la lucha de clases y de la lucha de liberación nacional constituye la unidad misma de la lucha de liberación. La unión, la solidaridad y la organización de las mujeres a nivel mundial solo pueden construirse a partir de una conciencia y una lucha de género. Desde esta perspectiva, iniciativas como la creación del Consejo de las Mujeres Sirias o la organización de conferencias internacionales de mujeres (promovidas por la organización NADA en Medio Oriente y por la red Women Weaving the Future en Europa y en Abya Yala) orientadas a establecer programas y mecanismos duraderos de coordinación, representan experiencias significativas.

Sobre la base de los principios del socialismo democrático y de la nación democrática, así como de las enseñanzas extraídas de la oposición a la mentalidad masculina dominante, al Estado-nación y a la administración centralizada, la construcción de una organización autónoma parece indispensable para hacer avanzar la liberación de las mujeres. Desde esta perspectiva, un sistema confederal (descentralizado) de las mujeres, que vaya desde el nivel local hasta el nivel global, constituye una forma organizativa privilegiada, de la que la experiencia de la confederación de las Comunidades de Mujeres de Kurdistán (KJK) representa una referencia fundamental.

Las mujeres deben además seguir desempeñando un papel de vanguardia en la construcción del sistema general de autonomía democrática de los pueblos, defendiendo una línea ideológica radical al constituirse como fuerza de paz y de autodefensa. A este respecto, el sistema de copresidencia desarrollado dentro del Movimiento de Liberación de Kurdistán ha permitido avances importantes en la representación y la participación de las mujeres dentro de las organizaciones generales.

Es necesario el establecimiento de principios libertarios comunes para superar tanto la influencia del liberalismo como los enfoques dogmáticos. A través de la Jineolojî, fundada en el análisis del sistema dominante y en debates políticos, ideológicos y científicos colectivos, pueden superarse las contradicciones entre las diversas perspectivas de las mujeres y, de este modo, pueden definirse los principios de una organización mundial de las mujeres. En este marco, el modelo del “contrato social de las mujeres” desarrollado en Kurdistán puede también constituir una referencia internacional para una organización capaz de moldear una sociedad moral y política.

El desarrollo de un sistema organizado de las mujeres a nivel mundial necesita además la formación de una personalidad militante. La experiencia del Partido de Liberación de las Mujeres de Kurdistán (PAJK), especialmente a través de la teoría de la separación y los principios de la ideología de la liberación de las mujeres, ofrece perspectivas importantes para reforzar las capacidades de acción de los movimientos de mujeres en el mundo.

Finalmente, frente a la mentalidad masculina dominante y sus ataques, la puesta en marcha de un sistema de educación autónoma, asociado a un proyecto de transformación de los hombres y de convivencia libre, constituye una condición esencial para construir personalidades libres de mujeres y hombres socialistas.

Conclusión

Desde la segunda mitad del siglo XIX, las nociones de feminismo e internacionalismo han dado lugar a un intenso debate dentro de la sociedad. Sin embargo, numerosos movimientos de mujeres en el mundo han conocido la fragmentación y no han alcanzado sus objetivos. En el siglo XXI, las perspectivas de jineolojî y de la nación democrática, surgidas de la revolución en Kurdistán, han reavivado la esperanza de numerosas mujeres y movimientos de liberación. De esta búsqueda de la libertad y de las acciones que la acompañan en los cuatro rincones del mundo, nacen nuevas oportunidades de lucha y de organización comunes en el marco del confederalismo democrático, abriendo el camino a una revolución mundial de las mujeres.

Nota:

*Conocido como la Revolución de febrero, este acontecimiento, ocurrido el 27 de febrero de 1917 en Rusia, corresponde al 8 de marzo de 1917 del calendario gregoriano.

*Publicado el 1 de abril de 2026 en Jineoloji.eu / Ensayo basado en dos artículos originales publicados en el periódico Newaya Jin (abril-mayo 2022) / Edición: Kurdistán América Latina

jueves, abril 16th, 2026