Por Lakshmi Subramanian* – Rojin Fesih, integrante del Comando General de las Fuerzas de Defensa de Mujeres (HPJ, Hêzên Parastina Jinê), niega que su organización reciba apoyo de fuerzas externas como la CIA o Israel, y enfatiza que la estrategia es la autodefensa para proteger al pueblo kurdo.
—Existen informes que sugieren que la CIA e Israel podrían brindar apoyo a grupos kurdos o al Partido por una Vida Libre en Kurdistán (PJAK, del cual dependen las HPJ) para combatir a Irán. ¿Es esto cierto?
—La guerra actual contra Irán es resultado de las contradicciones entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por el otro. Fue iniciada por Estados Unidos e Israel para imponer sus demandas a Irán. El pueblo kurdo, los demás pueblos de Irán y, especialmente, las mujeres, han sufrido graves daños a causa de los combates. Como PJAK, siempre hemos seguido una estrategia de autodefensa. Lideramos nuestra lucha para proteger la patria, la identidad y la existencia política del pueblo kurdo, y para apoyar las legítimas demandas de democracia, igualdad y libertad de los pueblos de Irán. Nuestro objetivo fundamental es el reconocimiento de los derechos culturales y políticos de nuestro pueblo. No hemos recibido apoyo de ninguna fuerza externa. Nos organizamos únicamente gracias al apoyo de nuestro pueblo. Al mismo tiempo, hemos mantenido contactos con diversos actores que operan en la región.
—Informes recientes sugieren un interés por parte de la administración de Donald Trump en utilizar a grupos kurdos para inmovilizar a las fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica. Dado el precedente histórico de la retirada del apoyo estadounidense a aliados kurdos en Siria e Irak, ¿qué garantías específicas o reconocimiento político exige el PJAK antes de comprometer a sus cuadros, con amplia experiencia en combate, en una ofensiva terrestre a gran escala contra Teherán?
—Los Estados persiguen sus propios intereses, que a veces pueden coincidir con los del pueblo. Si bien llevamos más de tres décadas afrontando una grave crisis en toda Asia Occidental, cada país de la región tiene sus propias características. Por lo tanto, comparar los acontecimientos en Siria con los de otros países de Asia Occidental puede llevar a conclusiones erróneas. El pueblo kurdo es un actor que sigue su propia estrategia, cuenta con una sólida base organizativa y mantiene amplias relaciones regionales e internacionales. Trabajamos con una estrategia clara: proteger la existencia del pueblo kurdo, garantizar su estatus político y democratizar Irán. Tenemos el poder de proteger a nuestro pueblo. Llevamos años luchando con nuestras propias fuerzas. No actuamos según las exigencias de otras fuerzas. Con o sin guerra en la región, nuestro deber y responsabilidad es proteger a nuestro país. En este contexto, acogemos con beneplácito las relaciones con todas las fuerzas que apoyan la democracia, la igualdad y, especialmente, la libertad de las mujeres.
—Los críticos afirman que el PJAK no es un actor iraní independiente, sino un brazo táctico del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán). Si se alcanza un acuerdo de paz entre Turquía y Abdullah Öcalan, ¿estaría el PJAK obligado por esos términos a deponer las armas en Irán, o mantendrían la soberanía operativa y política total sobre su lucha contra la República Islámica?
—El PJAK se fundó en 2004 y desde entonces ha permanecido como partido independiente. Tomamos nuestras propias decisiones y seguimos una política independiente en Kurdistán Oriental (Rojhelat) e Irán. Por supuesto, nos consideramos parte de la lucha más amplia del pueblo kurdo por sus derechos legítimos. Como fuerza del Kurdistán Oriental, damos gran importancia a las ideas y la filosofía del líder del pueblo kurdo, Abdullah Öcalan. Los kurdos del Kurdistán Oriental sienten una gran admiración por él. Consideramos muy importantes los esfuerzos de Öcalan por una solución pacífica y política a la “cuestión kurda”. El PJAK es una fuerza que protege al Kurdistán Oriental. Por lo tanto, continuaremos nuestra lucha mientras haya ataques contra nuestro pueblo. Los 22 años de trayectoria del PJAK demuestran que somos un partido independiente que lucha contra el sistema de negación y aniquilación del régimen de la República Islámica.
—El gobierno iraní califica al PJAK de movimiento “separatista” que busca desmantelar la integridad territorial del país. Sin embargo, su carta fundacional habla de Confederalismo Democrático y de un “Irán democrático y federal”. En un escenario de posguerra, ¿cómo definiría usted la frontera exacta entre “autonomía local” y “secesión”, y se comprometería a establecer un ejército nacional unificado bajo un nuevo gobierno democrático?
—Como PJAK, creemos que la democracia es la clave para resolver los numerosos y graves problemas de Irán. En particular, la libertad de las mujeres deberá garantizarse en un futuro Irán democrático. La democracia beneficiará no solo a los kurdos, sino también a los azeríes, baluches, ahwazíes y persas del país. La descentralización, el reconocimiento constitucional de la diversidad cultural de Irán, una sólida gobernanza local y todas las libertades esenciales para el pueblo, permitirán que Irán se convierta en un país estable y fuerte. Los estatutos de nuestro movimiento no incluyen objetivos separatistas. Nuestro enfoque se basa en la autogestión popular. Consideramos fundamental que el pueblo tenga una voz firme en el sistema de gobierno. Por lo tanto, consideramos que el sistema de confederalismo democrático es el más adecuado. En definitiva, nuestro objetivo es un Kurdistán libre como parte de un Irán democrático.
—Se han reportado casos en que el Estado iranó llevó a cabo una severa represión en las zonas kurdas en enero de este año. ¿Cuál es su respuesta ante esto y cómo describiría dicha represión?
—El régimen iraní respondió con brutalidad a las protestas pacíficas y democráticas del pueblo iraní en enero. Miles de personas fueron asesinadas en todo el país y muchas más fueron arrestadas. Si el régimen no tenía nada que ocultar, ¿por qué cortó el acceso a internet durante días en enero? Es erróneo culpar a fuerzas externas de las protestas legítimas y afirmar que los manifestantes recurrieron a la violencia organizada. Al igual que en 2022 durante las protestas de “Mujer, Vida, Libertad” (Jin, Jiyan, Azadi), el pueblo exigió democracia, libertad e igualdad. Exigieron oportunidades económicas. Exigieron el fin de la pena de muerte, el encarcelamiento y el clima de miedo. Todas estas son demandas muy comprensibles a la luz de la situación actual de Irán. El régimen iraní debe escuchar a su pueblo y tomar medidas serias hacia la democratización. De lo contrario, seguirá bajo la presión constante del pueblo. Esto solo facilita que fuerzas externas intenten aprovechar la inestabilidad interna del país para sus propios intereses.
—¿Cómo ha cambiado la situación de seguridad en las zonas de Irán controladas por los kurdos tras el inicio del conflicto?
—Desde el inicio de la guerra actual, se ha cortado el acceso a internet, lo que ha dificultado el acceso a información fiable. Sin embargo, contamos con importantes fuerzas dentro del país que continúan enviándonos información sobre la situación de la población. La República Islámica de Irán perpetró continuos ataques contra la población, incluso antes de la guerra actual. Ahora, aunque el régimen se ha debilitado considerablemente, vuelve a amenazar a la población y les ha puesto las cosas muy difíciles. Actualmente, la situación de la población es extremadamente difícil en los ámbitos político, social, de seguridad y económico. Las fuerzas del régimen se han desplegado en instituciones civiles de ciudades y pueblos kurdos, como escuelas y mezquitas. Debido a los intensos bombardeos diarios, la vida de nuestra gente corre grave peligro.
—Se dice que el conflicto podría provocar inestabilidad en Irán. De ser así, ¿qué implicaciones tendría dicha inestabilidad para el país?
—Irán ha sufrido inestabilidad durante décadas. Especialmente desde las protestas de “Mujer, Vida, Libertad”, la inestabilidad se ha manifestado de diversas formas en el país. La causa de esta inestabilidad radica en la fallida política de la propia República Islámica de Irán. Con cada ataque externo, las amenazas del Estado iraní contra el pueblo y las mujeres se intensifican. Cientos de personas han sido encarceladas desde el inicio de la guerra, y también se han ejecutado penas de muerte. Esto ha llegado a un punto en el que el régimen ha perdido su legitimidad ante la población. Si el régimen continúa con su política actual, esta crisis no hará sino agravarse. Para lograr la estabilidad, se necesita un cambio profundo de mentalidad. Se requiere urgentemente un enfoque democrático e inclusivo hacia el pueblo iraní. Mientras existan limitaciones tan graves a la libertad en Irán, nadie podrá hablar de estabilidad. Un Irán democrático que reconozca su diversidad como su fortaleza ocupará un lugar destacado en Asia Occidental. Irán es una civilización milenaria que puede contribuir enormemente a la estabilidad, la democracia y la paz en nuestra región.
*Publicado en The Week / Traducción y edición: Kurdistán América Latina