Jinwar: donde las mujeres reconstruyen el futuro

Por Bîrgul Das* – Bîrgul, de The Jiyan Archives, mantuvo correspondencia con Yasmîn, quien llegó a Jinwar hace seis años con su hija, e intercambió imágenes con Hevî, quien ofreció una visión de la vida en el pueblo. Juntas, sus palabras y fotografías nos permiten vislumbrar Jinwar como un espacio vivo y en constante evolución, un espacio de vida colectiva femenina donde la supervivencia, y no la creación de archivos personales, sigue siendo el eje central del día a día.

Una nueva vida en Rojava

Hace seis años, Yasmîn llegó a Jinwar con su hija y, como ella misma dice, con la necesidad de reconstruir no solo su vida, sino también su propia identidad. Al mudarse con su hija, Jinwar se convirtió en un santuario de resistencia para ella: un refugio para mujeres y niñas que se mantienen firmes frente a la brutalidad de los militantes yihadistas, las arraigadas estructuras de violencia patriarcal y la sombra de la ocupación turca que se cierne sobre su ciudad natal, Afrin. 

Con la construcción iniciada en 2017, Jinwar, del kurdo jin (mujer) y war (tierra o hábitat), que significa “tierra de mujeres”, es una aldea construida físicamente por mujeres que buscan refugio de la devastación del ISIS, el desplazamiento y la violencia patriarcal sistémica. Sirve como un santuario comunitario donde mujeres y niños fomentan una vida arraigada en los principios de comunitarismo, solidaridad, sostenibilidad ecológica y ayuda mutua. 

“Mi mudanza aquí no fue simplemente un cambio de lugar -dice Yasmîn-. Marcó el comienzo de la reconstrucción de mi vida y el redescubrimiento de mí misma”. Llegó hace seis años con su hija, y Jinwar la ha estado transformando desde entonces.

Vida comunitaria a través de la solidaridad

“Comenzamos las mañanas con té y café compartidos con las madres -cuenta Yasmin-. Luego, se asignan las tareas según el plan y todas se ponen manos a la obra. A lo largo del día, realizamos muchas tareas juntas, desde dar la bienvenida a las visitantes y resolver problemas en la aldea hasta atender las necesidades de las mujeres y participar en la producción”. 

Además, explica que este proceso de planificación es inclusivo: “Esta planificación no se limita solo a los adultos; el representante de los niños y el representante de los jóvenes también participan en estas reuniones. De esta manera, todos tienen voz y voto, y todos se convierten en parte integral de la vida comunitaria”. A través de estas prácticas, Yasmîn resalta la profunda solidaridad comunitaria presente en Jinwar, borrando las jerarquías impuestas a la sociedad por las tradiciones patriarcales. 

En Jinwar, este espíritu comunitario llega a cada rincón de la vida; desde la construcción física de sus hogares hasta la cosecha estacional, cada faceta de la existencia diaria es autogestionada y sostenida por las propias mujeres. Participan en consejos de mujeres, mientras que las jóvenes y los niños tienen sus propias comunas donde aprenden a expresarse y actuar colectivamente. La masculinidad dominante ha trabajado durante mucho tiempo para separar a las mujeres de sí mismas, reduciendo sus vidas a las paredes de una casa, su valor a su utilidad. En Jinwar, esa lógica se rechaza en todos los niveles. Aquí, las mujeres se organizan, gobiernan y construyen. Al rechazar esta alienación de la naturaleza y el papel de ser meras herramientas para los hombres, se esfuerzan por una sociedad democrática y aspiran a difundir esta conciencia por todas partes. 

Como dice Yasmîn: “A medida que yo cambiaba, la gente a mi alrededor también cambiaba; esta transformación se extendió en olas. Las relaciones que hemos construido con los vecinos. Las aldeas se expanden gracias a la concienciación de niños y mujeres. Este estilo de vida trasciende sus fronteras e inspira a otras comunidades”. 

Yasmîn, portavoz de la aldea y encargada de sus finanzas, vive una vida diaria intensa pero profundamente significativa. Encarna el tipo de mujer que Jinwar busca descubrir. Reflexiona: “Empecé a conocerme a mí misma. Descubrí una fortaleza que desconocía. Creció mi sentido de la responsabilidad y me volví más compasiva. Aquí aprendí el verdadero significado del trabajo; comprendí que no se trata solo de producir, sino de construir una vida”.

Construyendo desde dentro

Enraizada en los principios de la autosostenibilidad, Jinwar ha establecido varias instituciones que satisfacen las necesidades diarias mediante el esfuerzo colectivo y la autogestión. En la Academia Jinwar, profundizan sus conocimientos de historia, economía y artes, al tiempo que dominan la autodefensa basada en principios para protegerse de la violencia sistémica del patriarcado. Guiadas por los principios de Jineolojî (“Ciencia de la Mujer”), reconocen la sabiduría inherente en su interior y la aplican en su vida diaria.

Yasmîn explica que esta transformación se extiende a la siguiente generación: “Al criar a nuestros hijos, nos aseguramos de educarlos fuera de los estereotipos de género”. Esta crianza intencional, señala, “tiene un impacto directo en la vida de los niños”, forjando un futuro libre de las limitaciones tradicionales. 

En Şifajin, traducen sus conocimientos ecológicos a la práctica, utilizando métodos de curación naturales como hierbas medicinales y aceites esenciales para mantener la salud de su comunidad. Mediante la agricultura y la horticultura, logran una verdadera autosuficiencia, alimentando a la comunidad con las mismas plantas que han sembrado y cultivado con sus propias manos. 

En la panadería Aşnan, que lleva el nombre de la diosa mesopotámica del grano, procesan el trigo cosechado para producir el pan diario para toda la comunidad. Estas instituciones también permiten a las mujeres contribuir a la economía del pueblo mediante la venta de sus productos. 

“Cuando surgió la necesidad de un taller de costura, primero nos capacitamos. Comenzamos con la costura básica, adquirimos nuestras máquinas y ahora hemos llegado al punto en que producimos nuestra propia ropa”, explica Yasmin. 

Hay algo profundamente singular en el trabajo que florece a partir de un sentido de comunidad y solidaridad entre mujeres que comparten un propósito común. Reconociendo esto, Yasmin añade: “A medida que las mujeres invierten su trabajo, los productos resultantes adquieren valor, no solo en términos materiales, sino también espirituales”.

Una vida alternativa

A diferencia de los refugios para mujeres actuales, donde a menudo se las aloja en edificios que parecen prisiones sin ningún cambio sistémico, obligándolas a marcharse en cuanto se resuelve su “conflicto”, Jinwar ayuda a las mujeres a recuperarse, a echar raíces y a reivindicar su identidad. 

Respecto a las mujeres que se unen a Jinwar, Yasmîn responde: “Prestamos especial atención a las mujeres que son nuevas en la aldea. La mayoría proviene de condiciones de vida difíciles y estresantes. Por ello, en la fase inicial, nos centramos en su bienestar emocional y tratamos de apoyarlas”. Subraya que su prioridad son las mujeres y su bienestar, y añade: “Suelen quedarse aquí alrededor de un mes, y al final de este periodo, toman sus propias decisiones. Durante este tiempo, las mujeres que han recuperado la compostura y encontrado la fuerza a menudo eligen integrarse en esta vida colectiva. Una vez que han adquirido la fuerza para valerse por sí mismas, se convierten en participantes activas de la vida”. 

Jinwar se convierte en un lugar donde pueden comprobar que otra vida, una vida libre, es realmente posible.

Yasmîn mira hacia el futuro con la firme convicción de que Jinwar servirá de guía para otros. Como explica, “esta forma de vida también representa una postura contra el sistema patriarcal y estatal. Aquí, experimentamos de forma concreta que una vida alternativa es posible. Creo que Jinwar se fortalecerá con el tiempo y se convertirá en un ejemplo universal”. 

La próxima generación es fundamental en la visión de Yasmîn. Señala que los niños que crecen aquí ofrecen un atisbo de una nueva sociedad, y cada una de sus acciones refleja las huellas de un mundo liberado. “Por eso puedo ver el futuro en los niños”, añade.

Vivir más allá de la supervivencia

Sin duda, Jinwar ofrece una nueva alternativa donde las mujeres son libres de elegir su propio camino. No es un lugar de confinamiento, sino un espacio donde pueden experimentar la vida, vivir en comunidad y alzar sus voces con independencia. 

“El vínculo que he formado con Jinwar es muy profundo -asegura Yasmîn-. Aunque me fuera de aquí, este vínculo jamás se rompería. Porque aquí me descubrí a mí misma, aquí vi mi propia fuerza. Este pueblo no es solo un lugar para vivir, sino también una forma de identidad y de existencia”. 

Al encontrar su lugar en la vida cotidiana y vivir según su naturaleza, siente una profunda responsabilidad hacia su comunidad y las mujeres que han encontrado un hogar en ella. “Por eso, proteger y defender este lugar es mi responsabilidad. Desde su ecología hasta sus hijos, desde su trabajo hasta sus valores, defenderé esta forma de vida hasta el final”, declara. Su compromiso se basa en la creencia de que el cambio que han iniciado perdurará más allá del presente. Yasmîn concluye: “Para mí, Jinwar no es solo el nombre del presente, sino también del futuro”.

*Publicado en The Jiyan Archives / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

lunes, mayo 11th, 2026