Por Enes Yildiz* – A pesar de los primeros pasos dados para implementar el acuerdo entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y el gobierno de transición en Damasco, en Siria comienzan a perfilarse los contornos de una nueva fase de transición. Estos acontecimientos ponen de manifiesto que cuestiones clave en el eje Rojava-Damasco siguen sin resolverse y que las divisiones políticas, militares y sociales de los últimos 14 años vuelven a cobrar protagonismo.
64 años de una cuestión de identidad sin resolver
En varias ciudades de Siria, las negociaciones sobre ciudadanía e integración se están intensificando. Un concepto históricamente poco arraigado cobra ahora relevancia: la igualdad de ciudadanía. La cuestión kurda en Siria está marcada por una larga historia de exclusión política. La delimitación de fronteras tras 1916, especialmente en el contexto del Acuerdo Sykes-Picot, así como las políticas de los sucesivos regímenes, han tenido un impacto duradero en la situación. Medidas como el llamado “cinturón árabe” buscaron alterar demográficamente las regiones kurdas.
Desde la década de 1970, el régimen baazista mantuvo sistemáticamente esta política. Se reprimió la identidad kurda y se negaron derechos fundamentales. Esto incluyó, entre otras medidas, la prohibición de la educación en kurdo y la exclusión de decenas de miles de personas del registro civil. Muchas de ellas fueron registradas como “maktoum”, sin estatus legal oficial.
Los cambios provocados por la Primavera Árabe en 2011 no modificaron esta situación. Si bien el régimen perdió el control de ciertos territorios, el reconocimiento constitucional de los derechos kurdos no se materializó. En este contexto, las conversaciones actuales, basadas en el acuerdo del 29 de enero, marcan un posible punto de inflexión: por primera vez en décadas, la cuestión de la identidad y los derechos de ciudadanía vuelve a debatirse de manera concreta.
Prisioneros y destinos sin resolver
Al mismo tiempo, la situación de las personas detenidas y desaparecidas sigue sin aclararse. Aunque hasta el momento se han liberado alrededor de 800 personas, se desconoce el paradero de muchas otras. En particular, desde la ofensiva del gobierno de transición sirio contra las zonas de administración autónoma (AADNES) en enero, no se ha obtenido información sobre numerosos combatientes y civiles.
Las cárceles de Deir ez-Zor, Raqqa y Alepo son señaladas como lugares donde podría haber un número indeterminado de personas detenidas. Durante semanas, familiares en distintas ciudades han exigido información sobre el paradero de sus seres queridos e instan al gobierno de transición en Damasco a que proporcione datos al respecto.
La cuestión del intercambio y la situación de las personas detenidas forma parte de un paquete de negociación más amplio entre las FDS y Damasco. Este paquete también incluye temas como la unidad territorial de Siria, el retorno de personas refugiadas desde Europa y otras regiones, y el regreso de personas desplazadas internas. Estos puntos son considerados clave para una posible normalización de la situación en el país.
Movimientos de retorno y nuevas realidades
Paralelamente a las negociaciones políticas, los movimientos de retorno también están en aumento. Familias de Afrin han comenzado a regresar a su región de origen. Recientemente, alrededor de 800 familias partieron desde Qamishlo. Para muchas personas, este retorno tiene un carácter simbólico. “Después de ocho años, volvemos a nuestra patria”, afirman quienes regresan. La región había sufrido profundas transformaciones tras la ofensiva del Estado turco y grupos armados en 2018 y la posterior ocupación.
Además del retorno a Afrin, los acuerdos incluyen medidas relacionadas con infraestructura, como la limpieza de zonas minadas, la restauración de rutas de transporte y la creación de condiciones de seguridad para la población civil. En este marco, la carretera entre Til Temir (Tel Tamer) y Serêkaniyê (Ras al Ain) fue reabierta por primera vez en más de seis años.
A pesar de la incertidumbre, se espera que otras zonas, incluida Serêkaniyê —afectada por saqueos—, puedan abrirse gradualmente al retorno de la población.
Acuerdo sin un cronograma claro
Si bien el acuerdo del 29 de enero establece un marco político, persisten interrogantes sobre su implementación. El comandante general de las FDS, Mazloum Abdi, había señalado previamente que las instituciones de la AADNES se mantendrían, mientras que las estructuras estatales se integrarían.
Ya se han conformado comités conjuntos que trabajan en áreas como comunicaciones, agricultura, energía y salud. Sin embargo, aún no está definido cómo se abordarán cuestiones políticas y administrativas clave, como la elección de autoridades locales o el nombramiento de cargos militares y políticos.
Además, el gobierno de transición en Damasco no ha presentado hasta ahora un calendario vinculante para la implementación del acuerdo. A pesar de los avances concretos sobre el terreno, continúa faltando un marco político claro.
*Publicado en la agencia de noticia ANF / Edición: Kurdistán América Latina