Trump y Harris: no habrá promesas electorales sobre la retirada de Siria o Irak

Al principio de su administración, el presidente Joe Biden parecía dispuesto a iniciar importantes retiradas de soldados tras la última salida de tropas estadounidenses de Afganistán, en 202. Poco después, ajustó la naturaleza de la presencia militar estadounidense en Irak, limitándola a un papel consultivo. A pesar de ello, Biden ha mantenido el número de tropas estadounidenses en Irak y Siria establecido por su predecesor, Donald Trump —en concreto, 2500 soldados en Irak y 900 en Siria— junto con un número no especificado de contratistas.

Biden, que se encuentra a punto de cumplir su mandato, no parece inclinado a retirarse de Irak y Siria, y parece querer dejar esta cuestión estratégica en manos de su sucesor, ya sea Kamala Harris o Trump. Sin embargo, ninguno de los dos candidatos ha abordado este tema. Cabe destacar que la cuestión de la retirada de Siria e Irak no se ha discutido ni incluido como promesa de campaña por parte de Harris ni de Trump, lo que puede sugerir que la decisión depende de la evolución de la situación en Oriente Medio.

La cuestión de la retirada está estrechamente vinculada a la capacidad de las voces aislacionistas en Washington para frenar la política de “guerras interminables” de la que tanto el gobierno de Barack Obama como el de Trump intentaron alejarse, cada uno a su manera. Sin embargo, el atractivo de la estrategia aislacionista ha disminuido significativamente a medida que crece la percepción de que la “segunda guerra fría” entre China y Estados Unidos exige que la Casa Blanca y sus aliados cumplan con sus responsabilidades y evalúen cuidadosamente sus intereses.

En un extenso artículo publicado en Foreign Affairs en el que se analizan los “peligros del aislacionismo”, la ex asesora de seguridad nacional y secretaria de Estado Condoleezza Rice señaló que, si bien la historia no se repite, sí se asemeja a patrones anteriores, en los que “las potencias reaccionarias ganan territorio por la fuerza y ​​el sistema internacional se derrumba”. La similitud más llamativa y preocupante es que hoy, como en épocas anteriores, Estados Unidos tiende a replegarse sobre sí mismo.

La visión pesimista de Rice, en particular antes de las elecciones presidenciales, refleja temores de un posible cambio hacia políticas aislacionistas que prioricen los asuntos internos y descuiden las amenazas reales a los estadounidenses y al sistema internacional, que son fundamentalmente externas. Rice presenta una visión “apocalíptica” que advierte sobre el fin del mundo, sustituyendo los cuatro jinetes del Apocalipsis mencionados en el Libro del Apocalipsis –conflicto, guerra, hambruna y muerte– por cuatro jinetes contemporáneos que conducen al mundo hacia su desaparición: “populismo, nacionalismo, aislacionismo y proteccionismo”. En este contexto, Rice ve el aislacionismo, percibido como una política legítima con partidarios en los círculos estadounidenses, como una caja de Pandora que podría permitir a Vladimir Putin y a Xi Jinping, tras sus victorias en Ucrania, buscar nuevas conquistas, reconfigurando así el sistema internacional para alinearse con sus intereses.

Por supuesto, el aislacionismo y la consiguiente implementación de retiradas podrían llevar a un resurgimiento de Irán. Según Rice, “Irán celebrará la retirada de Estados Unidos de Oriente Medio y reforzará su régimen ilegítimo mediante invasiones extranjeras llevadas a cabo por sus representantes. Hamás y Hezbolá librarán más guerras y las esperanzas de que los Estados árabes del Golfo normalicen las relaciones con Israel se verán frustradas”. Esta perspectiva cobra claridad a la luz de los acontecimientos posteriores al 7 de octubre, cuando Siria e Irak ya no son simplemente rincones frágiles de la política exterior estadounidense, sino que se han convertido en centrales para los esfuerzos por estabilizar Oriente Medio.

Como parte de su misión de vigilar el comportamiento de Irán y de sus milicias afiliadas, Washington debe posponer las conversaciones sobre la retirada, incluso si se calman las tensiones entre Israel y Hamás o Hezbolá. Una vigilancia eficaz requiere no sólo desplegar activos navales, sino también reforzar la presencia militar estadounidense sobre el terreno.

Irónicamente, la diplomacia naval estadounidense ha desbaratado eficazmente el conflicto más amplio en el que Tel Aviv desea involucrarse, un conflicto que tanto Teherán como Washington tratan de evitar. Sin embargo, esta rígida estrategia diplomática no puede contener las ambiciones iraníes, su creciente capacidad militar ni su abierto apoyo logístico a las milicias proiraníes a través de las fronteras. Esto pone de relieve la importancia de mantener una presencia terrestre a lo largo de la vital vía de comunicación que atraviesa Irak y Siria.

Los funcionarios gubernamentales y militares iraquíes están ansiosos por instar a Washington a que concluya la “Operación Resolución Inherente”. Aunque este entusiasmo puede haber disminuido un poco debido a los recientes acontecimientos desde el 7 de octubre, es probable que las demandas de Bagdad aumenten tras el fin del conflicto en Gaza. El compromiso de poner fin a la presencia de las fuerzas de la Coalición Internacional en un plazo de dos años genera más especulaciones sobre la posibilidad de que Irán llene el vacío dejado por Estados Unidos.

Washington no parece convencido ante la posibilidad de involucrar al gobierno del primer ministro iraquí Mohammed Shia al-Sudani, ya que existe la preocupación de que ese vacío podría generar una oportunidad para que Teherán extienda su control sobre Irak y profundice su influencia en Siria.

Además, los riesgos asociados con el resurgimiento de las actividades terroristas del ISIS en Irak y Siria siguen siendo una prioridad, a pesar de la reciente disminución del interés internacional y estadounidense en esta cuestión. El posible abandono por parte de Washington de sus aliados confiables en el terreno podría resultar en una pérdida irreparable si la región volviera a caer en una era de terrorismo.

Si Harris asume el cargo, podría continuar con la estrategia de Biden para abordar las complejidades de Oriente Medio, asegurándose de que esta cuestión no pase a un segundo plano frente a las guerras en Ucrania y vigilando las actividades de China. Por el contrario, si Trump gana, podría alejarse de su anterior política de retirada radical de Siria, que se basaba en ganarse el favor de Turquía; esta vez, la atención se centrará en los intereses de Israel y Turquía, en lugar de en la relación entre los kurdos y Turquía.

En general, independientemente de si gana Harris o Trump, Oriente Medio no se convertirá en la región ideal para que se implementen las agendas aislacionistas de Estados Unidos ni para que se haga efectiva una política de retirada definitiva. Las complejidades que rodean a la región implican que mantener la seguridad de Israel es crucial de manera que posicione a Washington como socio en cualquier decisión de participar en una guerra contra Irán; la ausencia de Estados Unidos podría permitir a Tel Aviv tomar decisiones unilaterales respecto del conflicto, imponiendo así una nueva realidad a Washington.

La retirada también puede obstaculizar los procesos de normalización entre los Estados árabes del Golfo e Israel, un objetivo que Washington aspira a alcanzar pronto, ya que dicha normalización permitiría a Estados Unidos establecer una protección en Oriente Medio contra Irán y posteriormente reorientar la atención hacia el abordaje de los desafíos planteados por China y Rusia.

El posible resurgimiento del ISIS también es una amenaza inminente, ya que hay informes que indican que el grupo podría recuperar el poder e iniciar ataques de represalia, lo que fomentaría un nuevo ciclo de caos en la región. Además, la presencia de miles de detenidos del ISIS en las cárceles de la Administración Autónoma (AADNES, del noreste de Siria), junto con aproximadamente 50.000 miembros de su familia en el campamento de Al Hol, plantea un problema de seguridad que requiere que la Coalición Internacional siga vigilando los acontecimientos en el noreste de Siria (Rojava).

Un artículo de The Conversation titulado “La presencia militar estadounidense en Siria conlleva altos riesgos, pero una retirada total conlleva riesgos similares”, concluye enfatizando que la cuestión de la retirada simboliza desafíos más amplios que enfrenta la política exterior estadounidense en Oriente Medio. La decisión de retirarse o permanecer es una elección estratégica que resonará en toda la región; lo que se aplica a Siria en este contexto también se aplica a Irak.

FUENTE: Shoresh Darwish / The Kurdish Center for Studies / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

jueves, septiembre 5th, 2024