Por Zeynep Durgut* – Las actividades mineras y petroleras, la tala de árboles y la destrucción del medio ambiente en Botan (Bakur, Kurdistán turco), que se han intensificado en los últimos cinco años con el pretexto de la “seguridad”, están amenazando los bosques, la fauna y los medios de subsistencia, mientras que las imágenes que documentan cinco años de deforestación ponen de manifiesto la magnitud de la devastación.
La geografía de Botan está formada por macizos montañosos de gran altura, como el Cudî, el Gabar y el Besta, junto con sistemas de valles profundamente excavados en estas formaciones. La diferencia de temperatura entre las laderas norte y sur de las montañas permite que en la región coexistan al mismo tiempo tanto la vegetación alpina como especies propias del clima mediterráneo.
Además de las especies vegetales endémicas que solo se encuentran en esta región, Botan es también uno de los refugios más seguros para especies en peligro de extinción como la hiena rayada, las cabras montesas y diversas aves rapaces.
La destrucción medioambiental en Botan, que se ha acelerado en los últimos cinco años, sigue agravándose a pesar de todas las objeciones de los residentes locales. El saqueo de la naturaleza llevado a cabo en las montañas de Besta, Cudî y Gabar, en Şirnex (Şırnak), con el pretexto de la “seguridad”, la “minería” y la “exploración petrolera”, está destruyendo de forma irreversible un ecosistema milenario.
A lo largo de este proceso ininterrumpido de los últimos años, se han talado sistemáticamente robles que llevaban siglos en pie, mientras que las zonas boscosas se han abierto a una explotación generalizada. Según los últimos informes publicados por el Colegio de Abogados de Şirnex, entre 2018 y 2022 se destruyó el 8% de las zonas boscosas. Del mismo modo, según datos de 2022 de la Dirección Regional de Silvicultura de Şanlıurfa, el 7% de las zonas boscosas de la provincia desapareció en solo siete meses.
Las actividades llevadas a cabo, especialmente en la región de Besta, han puesto de manifiesto la magnitud de la destrucción. Debido a la tala de árboles que se ha prolongado durante cinco años en 31 zonas de Besta, gran parte de la región se está volviendo rápidamente árida. Según los expertos, estas talas amenazan no solo la cubierta arbórea, sino todo el equilibrio ecológico de la región.
Las nuevas carreteras abiertas en las laderas de las montañas, las excavaciones realizadas con maquinaria pesada y las rutas de transporte que se extienden a lo largo de kilómetros para trasladar los árboles talados revelan la magnitud de la destrucción.
El saqueo de la naturaleza en la región, llevado a cabo en gran parte por guardias de las aldeas, continúa sin una supervisión efectiva. A medida que desaparecen las zonas boscosas, aumenta la erosión del suelo, mientras que muchas especies —en particular las cabras montesas— se enfrentan al riesgo de perder sus hábitats. Además, el riesgo de residuos químicos y la contaminación del suelo provocados por las actividades de exploración petrolera y minera se encuentran entre los factores que amenazan el ecosistema de la región.
La tradición secular del pastoreo nómada en la región también se ve directamente afectada por esta destrucción ecológica. Debido a la reducción de los pastos de montaña y las zonas de pastoreo, al agotamiento de las fuentes de agua y a la destrucción de la vegetación, los pastores nómadas tienen dificultades para alimentar a sus animales. Esto está provocando tanto el debilitamiento de sus medios de subsistencia como graves pérdidas económicas.
Por otra parte, la disminución de la cubierta forestal también está provocando cambios en el microclima de la región. Con la pérdida de la cubierta arbórea, las temperaturas están aumentando, los patrones de precipitaciones se están volviendo irregulares y se están alterando los equilibrios estacionales. Esto afecta negativamente tanto a la producción agrícola como a los ciclos de vida naturales.
Mientras se producen todos estos acontecimientos, las actividades petroleras en Gabar también continúan sin ralentizarse. En la actualidad, hay alrededor de 99 pozos de perforación activos en la región, mientras que hay planes en marcha para abrir otros 114 pozos en el marco de nuevos proyectos. Esto elevaría el número total de pozos en la zona a aproximadamente 213. El plan de expansión está intensificando la preocupación de que la presión ecológica sobre la región aumente aún más.
Si la destrucción actual continúa a este ritmo, Botan corre el riesgo de perder no solo su riqueza natural, sino también su equilibrio climático y su tejido cultural. A pesar de todas las objeciones, la continuación de este proceso está agravando cada día más la preocupación por el futuro de la región.
*Publicado el 8 de mayo de 2026 en Mezopotamya Ajansi / Traducido y editado por Rojava Azadi Madrid