El 8 de diciembre pasado, con la caída del régimen de Bashar al Asad en Siria, se inicia una nueva fase, quizá más compleja aún. Esperar que la paz surja rápidamente de este escenario sería un grave error de cálculo. La razón principal de esta complejidad es la naturaleza fragmentada de todas las partes implicadas, con excepción de los kurdos.
Aunque Hay’at Tahrir al-Sham (HTS), antiguamente el Frente al-Nusra con raíces en Al-Qaeda, parece ser la fuerza dominante en el terreno, la realidad pronto demostrará lo contrario. Sí, bajo el liderazgo de HTS se tomarán medidas para formar un gobierno provisional que administre Siria, y de eso no hay duda. Sin embargo, este gobierno no representará al pueblo sirio ni atenderá a las diversas etnias y grupos religiosos que buscan vivir en un país libre.
Estos grupos fragmentados, que actúan como representantes de varios Estados, sin duda trabajarán juntos sólo para garantizar que la estabilidad no regrese a Siria ni a la región en general. Para estos actores, el caos sirve a sus intereses, lo que les permite manipular a Siria en su beneficio. Un objetivo importante para las potencias influyentes detrás de estos grupos representantes era neutralizar a Rusia e Irán, objetivo que han logrado en gran medida.
Los kurdos como fuerza cohesiva en la Siria post-Asad
Tras los acontecimientos del 8 de diciembre, los kurdos han emergido como la fuerza más organizada y cohesionada de Siria. Desde que declararon la autonomía de facto en la región de Rojava en 2012, han sido blanco de ataques de Turquía, en particular desde julio de 2015. Después de que las fuerzas lideradas por HTS avanzaran hacia Alepo el 27 de noviembre y tras la caída del régimen de Asad, Turquía ha permanecido activa en la región.
En un principio, Turquía dirigió a su Ejército Nacional Sirio (ENS), integrado por grupos yihadistas radicales bajo su influencia, hacia Til Rifat, donde se habían asentado refugiados kurdos desplazados durante la ocupación turca de Afrin en 2018. Incluso antes de la caída del régimen de Asad, estos refugiados se vieron obligados, una vez más, a huir de sus tierras. Tras la caída del régimen, Turquía y sus grupos yihadistas aliados lanzaron ataques contra Manbij, utilizando fuerzas aéreas y terrestres; según algunos informes, participaron al menos 60.000 yihadistas. Estos ataques llevaron a la ocupación de Manbij.
La agresión turca continúa sin cesar y tiene como blanco infraestructuras clave como el puente Qaraqozak, que conecta las orillas del Éufrates, y la presa de Tishrin, esencial para el suministro de agua y energía en la región. Kobane sigue siendo el objetivo principal, y Turquía también aspira a controlar ciudades de mayoría árabe como Raqqa, Tabqa, Hasekê y Deir ez-Zor, dentro de la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES).
El silencio internacional y el papel de Turquía en la prolongación de la inestabilidad
Aunque han surgido protestas aisladas contra estos ataques en todo el mundo, ninguna gran potencia, incluido Estados Unidos, ha tomado medidas efectivas para frenar las acciones de Turquía, muchas de las cuales pueden calificarse de crímenes contra la humanidad. Las declaraciones estadounidenses expresan preocupación ocasionalmente, pero a menudo coinciden con las narrativas de Turquía y respaldan su supuesta lucha contra el terrorismo.
Según declaraciones del comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), general Mazloum Abdi, Estados Unidos ha solicitado la retirada de las fuerzas kurdas de las zonas atacadas por Turquía. Sin embargo, no está claro qué concesiones se hicieron a cambio de esta retirada ni si Turquía cesará sus ataques. A pesar del anuncio de un alto el fuego, los ataques de los grupos yihadistas apoyados por Turquía y de los aviones de guerra turcos han persistido. Lo más preocupante es que los civiles, incluidos los heridos en los hospitales, siguen siendo víctimas de estos ataques, lo que constituye crímenes de guerra sin una solución a la vista.
La oposición de Turquía a la representación kurda en el futuro de Siria
Los ataques de Turquía tienen como objetivo socavar la fuerza más cohesionada y organizada de Siria, impidiendo que los kurdos desempeñen un papel en el futuro del país. Estos ataques se han intensificado a pesar de las declaraciones de los actores políticos kurdos y de la AANES, que afirman su compromiso con la construcción de una Siria democrática y libre, y están listos para cualquier resolución y proceso de paz.
Incluso el líder del HTS, Abu Mohammed Al-Jolani, que inicialmente expresó mensajes liberales y señaló cambios, emitió compromisos similares. Sin embargo, Estados como Turquía y otros en la región se oponen a la inclusión de la Administración Autónoma de Rojava en una nueva Siria. En cambio, promueven al Consejo Nacional Kurdo (CNK), un grupo alineado con los intereses turcos y que carece de representación genuina, y que permaneció dentro del gobierno interino sirio fundado por Turquía.
La instrumentalización del PKK como excusa para atacar a los kurdos
Turquía y sus aliados justifican sus acciones invocando al PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) y pretenden imponer un castigo colectivo a los kurdos de Rojava y a la población siria en general. Sin embargo, ignoran que las fuerzas afiliadas al PKK desempeñaron un papel decisivo en la derrota del ISIS en toda la región, desde Shengal (Şengal) hasta Erbil (Hewlêr), desde Raqqa hasta Kobane, pagando un alto precio por estas victorias. Después de completar su misión, estas fuerzas, incluidas las kurdas, se retiraron a sus áreas, como habían prometido.
No obstante, esta narrativa del “terrorismo del PKK” sigue alimentando la estrategia de Turquía, convirtiendo a Rojava en un teatro de opresión y castigando a todos los sirios que se resisten.
Esta estrategia peligrosa e insidiosa, encabezada por Turquía y sus aliados yihadistas, no ha logrado llevar estabilidad a la región y sólo promete un caos mayor. Si no se aborda esta realidad, el progreso en Siria seguirá siendo una ilusión.
FUENTE: Fehim Işık / Medya News / Traducción y edición: Kurdistán América Latina