Una “tercera vía” frente a la guerra en Irán

Por Agencia de Noticias ANF* – La guerra en Irán, iniciada con ataques aéreos en el primer trimestre de 2026, ha superado ya su primer mes marcado por la devastación. En los primeros días del conflicto se informó de la muerte del líder religioso iraní Ali Jamenei. Aunque esto generó un fuerte impacto, el régimen confirmó su muerte y declaró a Mojtaba Jamenei como su sucesor. En el periodo posterior a Jamenei, la eliminación de figuras de alto nivel como Ali Larijani mediante operaciones selectivas golpeó directamente los mecanismos de decisión del régimen iraní. Sin embargo, estas pérdidas no impidieron que el aparato estatal mantuviera su control militar y político ni alteraron la continuidad del régimen.

Los intensos ataques con misiles balísticos por parte de Israel contra bases estratégicas iraníes y de Estados Unidos contra centros logísticos en la región han continuado de forma recíproca. A pesar de las afirmaciones de Estados Unidos e Israel sobre “ataques de precisión”, zonas residenciales civiles, hospitales y escuelas en Isfahán, Tabriz y Shiraz fueron alcanzados directamente. Uno de los ejemplos más condenados fue el bombardeo de una escuela en Irán donde murieron decenas de estudiantes. En un proceso en el que miles de civiles han perdido la vida, la muerte de cientos de niños ha puesto de manifiesto la devastación humanitaria de los ataques y el carácter colonial de la intervención occidental en la región.

Nuevos sistemas de radar desplegados en Turquía pese a tensiones en la OTAN

La guerra en Irán ha vuelto a situar en primer plano el debate sobre la OTAN, iniciado tiempo atrás por Donald Trump. El conflicto ha evidenciado aún más las fracturas estratégicas dentro de la alianza. La presión de Estados Unidos para implicar directamente a sus aliados en la guerra y destruir completamente la infraestructura energética iraní ha impulsado una búsqueda de autonomía estratégica en el ala europea, especialmente en Francia, Reino Unido y España. Reino Unido, en particular, declaró recientemente que “esta no es nuestra guerra”. Tras estas declaraciones, Trump realizó y continúa realizando manifestaciones dirigidas contra los países europeos.

Turquía, por su parte, mantuvo su posición dentro de la OTAN durante este proceso y negó firmemente, a través de la Dirección de Comunicaciones de la Presidencia, haber proporcionado apoyo logístico o militar a las operaciones, afirmando que su prioridad es la seguridad fronteriza. Sin embargo, durante la guerra, fragmentos de misiles —cuya procedencia Irán negó posteriormente— cayeron en territorio turco, lo que fue interpretado como parte de una estrategia para implicar a Turquía en el conflicto. Se anunció el despliegue de sistemas avanzados de radar, junto con baterías de defensa aérea “Patriot” y “SAMP-T” de nueva generación, en bases de la OTAN en Turquía, concretamente en Kürecik y en la base aérea de İncirlik, con el objetivo de monitorear en tiempo real la actividad de misiles balísticos en la región y garantizar un flujo continuo de datos hacia el escudo aéreo de Israel. Fuentes de la Dirección de Comunicaciones y del Ministerio de Defensa Nacional señalaron que este refuerzo tiene como objetivo “proteger el flanco sureste de la OTAN” y “mejorar las capacidades de alerta temprana”. No obstante, este movimiento ha quedado registrado como un paso concreto que incrementa la tensión regional y convierte a Turquía en un nodo logístico directo del conflicto.

La administración Trump y el bloqueo de la guerra

A medida que se profundiza la fase militar del conflicto, el bloqueo estratégico al que se enfrenta la administración de Donald Trump ha comenzado a debatirse de forma más abierta. Según análisis publicados en medios como The New York Times y The Washington Post, aunque la administración Trump presentó la guerra como un rápido “cambio de régimen” o una “intervención quirúrgica”, la resistencia sobre el terreno y la respuesta con misiles balísticos de Irán han privado a Estados Unidos de una “salida honorable”. Informes basados en filtraciones de altos cargos del Pentágono indican que, pese a haber llegado al poder prometiendo “poner fin a las guerras”, Trump, bajo la presión de Israel, ha quedado atrapado en un conflicto del que no puede retirarse.

Aunque se esperaba el colapso del régimen tras la muerte de Ali Jamenei, la línea defensiva consolidada en torno a Mojtaba Jamenei ha debilitado el escenario de “victoria rápida” previsto por Estados Unidos. Analistas políticos subrayan que Trump se encuentra atrapado entre el aumento de las protestas contra la guerra en el ámbito interno y las demandas militares constantes de Israel. Destacan que esta situación ha dañado gravemente la imagen de liderazgo global de Estados Unidos y que la Casa Blanca intenta ahora ganar tiempo intensificando los ataques, sin una estrategia clara de salida.

La guerra se extiende a tres frentes

El conflicto no se ha limitado a Irán. Su expansión regional ha incluido intervenciones simultáneas de Hezbollah en Líbano y Ansar Allah en Yemen. La tensión controlada en la frontera libanesa ha derivado en una guerra abierta, con Hezbollah lanzando operaciones terrestres y ataques con misiles contra bases militares y centros logísticos en el norte de Israel. Informes de campo publicados por medios como Al Jazeera y Le Monde indican que esta ofensiva ha tensionado significativamente los sistemas de defensa israelíes y ha obligado a redistribuir fuerzas hacia el frente norte.

Al mismo tiempo, la intervención desde Yemen ha llevado el tráfico marítimo global en el mar Rojo a un punto crítico. Ansar Allah anunció ataques contra embarcaciones estratégicas con destino a puertos israelíes o pertenecientes a la Marina estadounidense mediante drones kamikaze y misiles balísticos. Datos recogidos por medios como Reuters y Financial Times confirman que los hutíes han convertido el estrecho de Bab el Mandeb en una “zona prohibida”, provocando una ruptura grave en la cadena de suministro global y disparando los precios de la energía.

Colapso de la infraestructura económica global 

El impacto destructivo de la guerra sobre los corredores energéticos ha llevado a la economía global al borde de un colapso comparable o incluso superior a la crisis del petróleo de los años setenta. Informes del Financial Times señalan que más del 60% de la infraestructura petrolera iraní ha quedado inutilizada, mientras que la transformación del estrecho de Ormuz en una zona de guerra ha paralizado el suministro global. El aumento del precio del petróleo hacia los 120 dólares por barril ha activado el riesgo de hiperinflación, especialmente en Europa y Asia.

Bloomberg y Reuters informan de que la paralización del tráfico de petroleros en el Golfo Pérsico ha afectado no solo al suministro energético, sino también al transporte global de alimentos y materias primas. La designación de la región como “zona de alto riesgo” por parte de las aseguradoras ha disparado los costes del transporte, acercando la posibilidad de una recesión global. Economistas coinciden en que, si la guerra continúa, la crisis energética podría transformarse en una crisis sistémica que paralice la producción industrial y genere inestabilidad social generalizada.

Escenarios de desastre estratégico

Tras el primer mes de guerra, los escenarios planteados por los medios internacionales ya no se centran en una victoria rápida, sino en la resiliencia del régimen y la transformación del conflicto en un nudo regional. The New York Times señala que la muerte de Ali Jamenei no debilitó al régimen, sino que fortaleció su cohesión en torno a una línea más radical liderada por Mojtaba Jamenei y la Guardia Revolucionaria.

The Wall Street Journal destaca que la guerra se ha convertido en un “incendio regional” que abarca Líbano, Siria e Irak, atrapando a las potencias occidentales en un conflicto abierto, costoso y sin salida clara. Financial Times advierte que la posible adopción por parte de Irán de una estrategia nuclear como último recurso podría desencadenar una crisis global irreversible. Existe un consenso en que la persistencia de la administración Trump en esta estrategia puede agravar la inestabilidad regional y consolidar una fractura duradera en la OTAN.

Ni intervención extranjera ni régimen opresivo

En una reciente declaración desde Imralı, hecha pública por el Partido de la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (Partido DEM) a finales de marzo de 2026, el líder kurdo encarcelado Abdullah Öcalan describió la fase actual de la guerra centrada en Irán como un “ajuste de cuentas histórico” y subrayó tres enfoques fundamentales. Según Öcalan, el primero es el intervencionismo imperialista liderado por Estados Unidos e Israel, que busca rediseñar la región bajo una lógica colonial; el segundo es el estatismo orientado al mantenimiento del statu quo representado por el régimen iraní, que ignora la voluntad de los pueblos.

Öcalan afirmó que ambas fuerzas han atrapado a los pueblos de Medio Oriente en una pinza sangrienta y señaló que la solución reside en el modelo que define como la “tercera vía”. Afirmó: “En tercer lugar, está la línea de democracia y vida común que defendemos a través del Proceso de Paz y Sociedad Democrática que hemos desarrollado. Los acontecimientos en Irán han demostrado una vez más la legitimidad y la importancia del proceso que se lleva a cabo en Turquía”.

La declaración subraya que los pueblos kurdo, persa, azerí y baluche en Irán no deben apoyarse ni en la intervención extranjera ni alinearse con un régimen opresivo. Remarca que el verdadero poder surgirá mediante la construcción de mecanismos propios de autodefensa y autogobierno. Este tercer enfoque se presenta como una necesidad estratégica para que el caos en Irán pueda transformarse en una paz duradera a través de la unidad democrática de los pueblos.

*Edición: Kurdistán América Latina

lunes, abril 6th, 2026