“En un sistema político multipolar y los kurdos tienen más opciones que antes”

Por Serkan Demirel* – En un momento en que Medio Oriente está siendo reconfigurado y las crisis afectan profundamente no solo a las fronteras estatales, sino también a la memoria social, la cuestión kurda y de Kurdistán ha vuelto a ocupar un lugar central en los equilibrios regionales. El impacto provocado por los ataques contra Rojava no apunta solo a un territorio, sino también a una visión política compartida; estos desarrollos han hecho más visibles, más urgentes y más apremiantes los debates sobre la unidad nacional entre los kurdos.

Precisamente en ese contexto, el espíritu de unidad nacional que emergió en las plazas del Newroz (año nuevo kurdo que se celebra el 21 de marzo) transmitió un mensaje poderoso para todos los movimientos políticos de Kurdistán. Mientras este espíritu alimenta la búsqueda de una voluntad común frente a la fragmentación y la incertidumbre, también abre discusiones sobre las posibilidades de una nueva orientación política.

ANF habló con Nilüfer Koç, portavoz de Relaciones Exteriores del Congreso Nacional de Kurdistán (KNK), sobre estos debates que han ocupado cada vez más la agenda del pueblo y de los actores políticos en las cuatro partes de Kurdistán.

-Recientemente, el KNK celebró una reunión sobre la cuestión de la unidad nacional, presente en la agenda del pueblo kurdo. La demanda más fundamental que comenzó con los ataques contra Rojava y se hizo visible en las plazas del Newroz fue, en efecto, la unidad nacional kurda. ¿A qué responde esta urgencia?

-El proceso actual apunta a un período histórico que obliga a los kurdos a acercarse entre sí. La gran crisis en el centro de Medio Oriente, lo que puede denominarse la “dinámica de una Tercera Guerra Mundial”, ha creado una realidad que afecta directamente a los kurdos. Una decisión tomada en una parte puede afectar ahora directamente a todas las demás. Esta nueva situación señala una fase que va más allá de las formas clásicas de hacer política.

Los ataques contra Rojava en particular y la fuerte demanda de unidad nacional expresada en las plazas del Newroz mostraron que la sociedad siente claramente esa necesidad. Como KNK, hemos mantenido esta cuestión en nuestra agenda desde hace mucho tiempo. Porque la unidad nacional ya no es una cuestión de preferencia, sino de existencia.

Hoy ninguna potencia de la región ha aceptado a los kurdos como un pueblo igual con derechos constitucionales. Eso nos deja constantemente en una situación frágil y vulnerable. Cada desarrollo —desde Irán hasta Siria, desde Turquía hasta Irak— afecta directamente a los kurdos. Por ello, un error o una fragmentación en cualquier parte puede poner en riesgo a todo el pueblo kurdo.

Las guerras y crisis recientes también lo han demostrado. El proceso en Irán, los desarrollos en Siria y la tensión continua en la región hacen necesario que los kurdos actúen de forma más coordinada, complementándose mutuamente y avanzando con una perspectiva política compartida.

Como KNK, trabajamos en ese marco desde hace mucho tiempo. En nuestra reunión más reciente del consejo ejecutivo, esta urgencia volvió a abordarse. Con 27 años de experiencia y a través de los contactos mantenidos con partidos kurdos, discutimos ahora la necesidad de pasar a una base más concreta.

Lo que hoy ponemos en el centro va más allá de decir simplemente “unámonos”. Se trata de cómo hacer eso posible. Es decir, debemos establecer una base más realista: desde políticas de defensa hasta coordinación política, desde coordinación entre partidos hasta mecanismos conjuntos de toma de decisiones.

Lo que se necesita ahora no es un llamamiento romántico o abstracto a la unidad, sino un concepto de unidad basado en la realpolitik, que vea los riesgos sobre el terreno y se organice en consecuencia. Porque en esta geografía, permanecer fragmentados frente a actores poderosos amenaza seriamente la existencia. Por eso, la unidad nacional para el pueblo kurdo hoy no es solo un objetivo, sino la garantía más fundamental de existencia y futuro.

-¿Los partidos políticos de Kurdistán prestan suficiente atención a la crisis regional y a la necesidad de unidad nacional? En el pasado, la falta de unidad se atribuía a menudo a las perspectivas de los propios partidos y sus críticas mutuas. ¿Continúa ese enfoque hoy?

-Hay un factor muy importante que facilita este proceso: la voluntad directa expresada por el pueblo. Especialmente después de los ataques alrededor de Rojava y cuando millones se reunieron en el Newroz y declararon “los kurdos son uno” sin distinciones ideológicas, eso fue una instrucción clara para la política kurda. Hoy la política debe tener en cuenta esa instrucción. Nunca antes el pueblo había expresado con tanta claridad esa demanda.

Por eso, hoy ya no es fácil para ningún actor político decir: “No lo considero apropiado”. Porque existe una realidad social que dice directamente “estén unidos”. Una de las razones por las que el KNK ha acelerado su trabajo es precisamente esa voluntad social: tanto para recordársela a la política como para desarrollar procesos de persuasión en esa dirección.

Por supuesto, los problemas no han desaparecido; siguen existiendo dificultades y contradicciones. Por ejemplo, las tensiones entre el PDK (Partido Democrático de Kurdistán) y la UPK (Unión Patriótica de Kurdistán) en el Kurdistán del Sur (Bashur, norte de Irak) aún pueden generar duras críticas mutuas, como se vio en los debates sobre la presidencia iraquí o la gobernación de Kirkuk. Eso muestra que todavía hay obstáculos.

Sin embargo, pese a ello, las condiciones actuales son distintas al pasado. Creo que tanto el PDK como la UPK son estructuras que leen los cambios y riesgos en la región e intentan posicionarse en consecuencia. Las evaluaciones sobre la coyuntura política actual llevan a muchos actores a conclusiones similares. Eso hace que el terreno para la unidad sea más favorable que antes.

Por otro lado, algunas prácticas en distintas partes también son significativas. En Kurdistán Oriental (Rojhelar, noreste de Irán), varios partidos han desarrollado una postura común diciendo “esta no es nuestra guerra”, y en general se ha fortalecido una tendencia dentro de la política kurda que prioriza los métodos políticos sobre la guerra. Esto crea un paralelismo de facto.

Una imagen similar surgió en Rojava. Las intervenciones de Abdullah Öcalan, la implicación de Mesut Barzani, Nechirvan Barzani y Bafel Talabani, y la fuerte movilización del pueblo, todo ello mostró que riesgos serios pueden superarse mediante política fuera de la guerra. También reveló una importante autoconfianza en la política kurda.

Por ello, lo que debe hacerse ahora es transformar esa autoconfianza emergente y esas convergencias de facto en una base concreta para la unidad nacional. Porque, dadas las condiciones actuales, pese a todas las dificultades, está claro que estamos compelidos a ello.

-¿Existen intervenciones externas o políticas destinadas a impedir la unidad nacional kurda?

-Cuando miramos a los cuatro Estados —Turquía, Irán, Siria e Irak— debemos leer correctamente el cuadro emergente. En Turquía hay un proceso de diálogo. En términos de medidas de confianza, el Líder Apo (Öcalan) y el Movimiento de Liberación de Kurdistán han hecho lo necesario. La estrategia de lucha armada ha terminado y ha emergido una posición basada enteramente en la política democrática.

Una situación similar existe en Rojava. Pese a los enfoques opresivos y chovinistas de la administración de HTS (Hayat Tahrir al Sham), los kurdos insisten en buscar soluciones por medios diplomáticos y políticos, es decir, mediante negociación. Hay una línea semejante también en Siria. Hemos visto que los kurdos han adoptado una actitud similar frente a los desarrollos en Irán. También en el Kurdistán del Sur, un espacio que todos quieren usar como zona colchón, ha surgido una posición que no quiere guerra. En otras palabras, en la práctica, los kurdos en las cuatro partes están en una línea que no quiere guerra.

Eso es muy importante porque, por ejemplo, no adoptar una posición de guerra contra Irán crea las condiciones para que los kurdos puedan decir en el futuro, si se logra la unidad nacional: “Nuestra unidad no es contra ustedes”. Como en Turquía y Siria, destaca un enfoque basado en resolver problemas mediante diálogo y métodos democráticos. No es solo una declaración de intenciones, sino un proceso apoyado por pasos concretos.

En este punto, es importante la perspectiva del Líder Apo de que “los kurdos deben actuar con inteligencia estratégica”. El pensamiento estratégico kurdo se basa en asegurar el derecho kurdo a la existencia mediante garantías legales y constitucionales acordadas con los cuatro Estados vecinos.

Por supuesto, eso no significa que los kurdos no tengan otras opciones. La estructura multiactor y multipolar de la región ofrece distintas posibilidades. Pero, en las condiciones actuales, la vía racional es impulsar soluciones por métodos no bélicos.

En cuanto a las potencias globales, si se dan pasos concretos en relaciones con esos cuatro Estados a nivel regional, su efecto también se reflejará globalmente. Por ejemplo, incluso un pequeño paso de Turquía respecto al estatus legal y político en línea con las propuestas del Líder Apo podría ser decisivo para la región e influir positivamente en Irán, Siria e Irak.

Hoy el mundo evoluciona hacia un sistema político multipolar y los kurdos tienen más opciones que antes. Por eso, una unidad nacional kurda configurada sobre una base democrática y no bélica podría convertirse en una opción que tanto la estabilidad regional como las potencias globales tendrán que tomar en serio.

-Usted mencionó discusiones sobre cómo debería ser la unidad nacional kurda. ¿Qué pasos prioritarios deberían darse a corto plazo?

-Los pasos necesarios pueden reunirse en varios ejes. Primero, la ecuación de cuatro Estados —Turquía, Irán, Irak y Siria— produce desarrollos interconectados. En ese marco, el terreno formado especialmente en Turquía y Kurdistán del Norte (Bakur, sudeste turco) es importante. Los pasos dados por el Líder Apo y el Movimiento de Liberación de Kurdistán han creado una base política seria. Si esa base se fortalece con pasos legales, podría orientar no solo a Turquía sino también a las otras tres partes hacia un proceso menos violento y más centrado en soluciones políticas.

Aquí cambia también el papel de la unidad nacional. Durante cien años, la cuestión kurda fue vista a menudo como un factor de inestabilidad. Hoy, en cambio, su solución podría convertirse en una oportunidad “de valor oro” que produzca estabilidad para la región. La unidad nacional debe evaluar correctamente esa oportunidad.

Segundo, está la cuestión de las garantías legales. Mientras el derecho kurdo a la existencia no esté garantizado en niveles constitucionales e internacionales, la política de defensa seguirá siendo una prioridad fundamental. Por eso, la pregunta de “cómo haremos común la defensa” ocupa un lugar crítico.

Tercero, es importante la dimensión de la diplomacia internacional. Los kurdos poseen un argumento fuerte que podría estabilizar la región: la solución de la cuestión kurda. Esto crea una base importante que puede presentarse tanto a actores regionales como globales.

Al mismo tiempo, los límites de los enfoques ideológicos deben definirse correctamente en los debates sobre unidad. Cada partido puede preservar su propia estructura ideológica, pero esas diferencias no deberían convertirse en obstáculos para el futuro de un pueblo de sesenta millones de personas. Lo necesario es un acuerdo sobre principios comunes a nivel nacional.

Por otra parte, este proceso no debe limitarse a los partidos políticos. La sociedad kurda tiene una estructura muy diversa y multicapa. Mujeres, jóvenes y distintos sectores sociales son participantes directos. La unidad nacional no puede construirse solo con decisiones de unos pocos partidos en un marco estrecho; son esenciales la participación social y una base democrática.

El papel de las mujeres es especialmente importante. En Kurdistán, las mujeres no son solo víctimas de la guerra, sino portadoras de una cultura social no violenta. Por eso deben participar más fuertemente en los debates sobre la unidad nacional. Ya existen esfuerzos y plataformas en esa dirección en las cuatro partes de Kurdistán y en la diáspora.

En conclusión, lo que debe hacerse a corto plazo es fortalecer la base legal, desarrollar enfoques comunes en defensa y diplomacia, acordar principios nacionales que trasciendan diferencias ideológicas y, sobre todo, socializar este proceso. Porque el mensaje dado por el pueblo es claro, y cumplir ese mensaje es ya una responsabilidad que no puede seguir posponiéndose.

*Publicado el 24 de abril de 2026 en la agencia de noticias ANF / Edición: Kurdistán América Latina

miércoles, abril 29th, 2026