El legado del genocidio armenio en el norte de Siria

Por Eve Morris-Gray* – El pueblo armenio es uno de los más dispersos del mundo, con miembros repartidos por más de cien países. Sin embargo, esta diáspora permanece unida gracias al recuerdo constante del Genocidio Armenio y su legado.

El Genocidio Armenio, que comenzó en 1915, supuso la destrucción sistemática de la población armenia dentro del Imperio Otomano. Los historiadores estiman que entre 1 y 1,5 millones de personas fueron asesinadas. Este acontecimiento ha tenido una profunda influencia en las comunidades armenias de todo Medio Oriente, especialmente en el norte de Siria, donde la población armenia lo conmemora cada año.

Los armenios otomanos

Bajo el Imperio Otomano, los armenios mantuvieron un fuerte sentido de identidad comunitaria. El sistema otomano de millet les concedía cierta autonomía; sin embargo, seguían siendo ciudadanos de segunda clase, sujetos a impuestos más elevados por no ser musulmanes.

A finales del siglo XIX, el Imperio Otomano se encontraba en declive. Se veía presionado por la Rusia imperial y su territorio se reducía debido a la pérdida de la mayor parte de sus regiones cristianas. En este contexto, los armenios también buscaban ampliar sus derechos civiles y su protección, dada su vulnerabilidad ante las bandas kurdas de saqueadores, que extorsionaban a los comerciantes locales y atacaban las aldeas con total impunidad.

Mapa del genocidio armenio de 1915 / Imagen: Sémhur-Wikimedia Commons

Los Jóvenes Turcos

El movimiento modernista de los Jóvenes Turcos tomó el poder en 1908, destituyendo al sultán de forma relativamente incruenta. Encabezados por el Comité de Unión y Progreso (CUP), buscaban destituir al gobierno otomano teocrático y retrógrado, y restaurar la Constitución. Los armenios acogieron esto con gran satisfacción tras haber recibido promesas de concesiones y reformas administrativas.

Los Jóvenes Turcos defendían un ferviente nacionalismo otomano; sin embargo, su visión de este era inicialmente inclusiva y pluralista. La identidad armenia no se consideraba antagónica a la del Estado central. Pero esto no duró mucho tiempo.

La pérdida de nuevos territorios cristianos en las guerras balcánicas de 1912 llevó a los dirigentes otomanos a turquizar cada vez más su nacionalismo. El centro de gravedad del imperio se desplazó firmemente hacia Anatolia, y la retórica igualitaria inicial de los Jóvenes Turcos se transformó en un chovinismo paranoico y extremo. Percibían a los ciudadanos secesionistas como la causa principal de las derrotas militares del Imperio Otomano.

El nacionalismo armenio pasó a considerarse una amenaza existencial para la supervivencia de la nación, ahora retratada como una entidad étnica y religiosamente homogénea por los principales ideólogos de los Jóvenes Turcos. El CUP veía a la población armenia con recelo. Las muestras de apoyo de Rusia a los armenios no hicieron más que exacerbar esta situación.

Campo de refugiados armenios en Raqqa / Imagen: colección AGMI

Genocidio

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, el Imperio Otomano se alió con las potencias centrales. Las deserciones armenias —y la colaboración con las fuerzas rusas— reforzaron la idea de los líderes de los Jóvenes Turcos de que todos los armenios constituían una amenaza potencial para la seguridad.

El 24 de abril de 1915, el gobierno otomano detuvo y posteriormente ejecutó a cientos de intelectuales, líderes comunitarios y clérigos armenios en Constantinopla. Este día se conmemora ahora como el inicio del genocidio, aunque los pogromos contra los armenios ya habían comenzado en la segunda mitad de 1914.

A continuación se llevó a cabo una política coherente de masacres en todo el imperio. Los hombres armenios del ejército otomano fueron desarmados y trasladados a batallones de trabajo. Allí, fueron sometidos a trabajos forzados hasta la muerte o ejecutados sumariamente.

Mientras que a los hombres armenios se les solía fusilar, la Ley Tehcir (de Deportación) de mayo de 1915 autorizó las deportaciones masivas de mujeres, niños y ancianos armenios. Se les ordenó caminar cientos de kilómetros hacia el sur, hacia el desierto sirio.

Grupo de huérfanos armenios en Alepo / Imagen: colección de Mihran Minassians

Estas marchas de la muerte atravesaron Alepo, dirigiéndose hacia el este a lo largo del río Éufrates, en dirección a Deir ez-Zor. A los armenios se les negó comida y agua, y fueron sometidos a robos, violaciones y masacres sistemáticos por parte de la gendarmería otomana y de grupos paramilitares. Muchos de los que sobrevivieron a la marcha fueron internados en campos de concentración en el desierto.

Los armenios en Siria

En varias zonas se habían promulgado decretos que prohibían a los musulmanes acoger o dar refugio a los armenios. Algunas familias locales desobedecieron estas órdenes, salvando a miles de personas al ocultarlas y, posteriormente, concertando matrimonios para las jóvenes y acuerdos informales de acogida para los jóvenes y los niños. Al término de la Primera Guerra Mundial, Siria albergaba la mayor concentración de supervivientes del genocidio armenio en Medio Oriente.

Gran parte de la ayuda humanitaria destinada a los supervivientes procedió de organizaciones vinculadas a la misión protestante estadounidense. Estas abrieron orfanatos para niños armenios en Alepo y Damasco. La Iglesia armenia también ayudó a estos refugiados a construir una nueva vida en Siria. Diversas asociaciones educativas, culturales y benéficas vinculadas a la Iglesia contribuyeron a mantener una identidad cultural duradera que prosperó a pesar de las restricciones impuestas en las décadas posteriores.

En 1990 se erigió un complejo conmemorativo en Deir ez-Zor, administrado por la Prelatura Armenia, Diócesis de Alepo. Cada año, el 24 de abril, decenas de miles de armenios acudían allí para conmemorar a las víctimas del genocidio, antes de que el lugar fuera volado en un presunto ataque del ISIS en 2014.

Armenios de Qamishlo conmemoran el genocidio / Imagen: Abbas Abbas

Los armenios cristianos e islamizados del norte de Siria

Muchos de los armenios que llegaron al norte de Siria tras el genocidio de 1915 son miembros de la Iglesia Apostólica Armenia y hablan armenio, además de árabe. Se han labrado un lugar entre las demás minorías cristianas de Siria, incluidos los asirios de lengua aramea, que también habían huido de sus tierras natales en Anatolia en las primeras décadas del siglo XX durante el genocidio Sayfo.

En Qamishlo, Al Malikiyah (Derik) y Hasaka hay comunidades y escuelas ligadas a la Iglesia. Antes del ataque del ISIS contra Kobane, en 2014, allí vivía una importante población de armenios. Otras comunidades armenias vivían en Afrin, Tel Abyad (Girê Sipî) y Ras al Ayn (Serekaniye) hasta que Turquía invadió las regiones en 2018 y 2019, respectivamente.

Los líderes de las comunidades cristianas del norte de Siria describen con frecuencia los ataques tanto del ISIS como de las fuerzas turcas como una repetición de las masacres otomanas llevadas a cabo por motivos religiosos y nacionalistas, dirigidas contra armenios, griegos y asirios.

Al mismo tiempo, muchas personas de origen armenio también se han asimilado y ahora son musulmanes suníes. Estos armenios islamizados hablan principalmente árabe o kurmanji. Son descendientes de supervivientes del genocidio que fueron adoptados por familias locales del norte de Siria, cuya identidad armenia a veces se mantuvo oculta por miedo.

“Durante el genocidio, mi abuelo vino aquí”, cuenta Elham Abdel Qahar Hussein, que vive en la localidad kurda de Amude, en la frontera norte de Siria. “Lo acogió una familia musulmana y se casó con una musulmana”. Cuenta que en la ciudad de Diyarbakir (Amed), en Turquía, aún existen mercados y propiedades a nombre de su antiguo apellido armenio. “Sin embargo, hemos perdido nuestras raíces”, se lamenta. “Incluso tengo familia en Armenia, pero sigue habiendo una barrera entre nosotros. Sería difícil ir allí porque aquí hemos adoptado costumbres y tradiciones muy diferentes”.

Elham Abdel Qahar Hussein / Imagen: Abbas Abbas

La Revolución de Rojava

La Revolución de Rojava de 2012, en el norte de Siria, supuso el establecimiento de un sistema administrativo inclusivo que afirmaba basarse en el autogobierno local. Como parte de este, se fundó en 2019 el Consejo Social Armenio (CSA), junto con una unidad militar armenia. A finales del año pasado se creó un nuevo partido político armenio. El CSA actuó como centro comunitario, ofreciendo clases de idiomas, eventos culturales y fomentando la conciencia de identidad entre los armenios islamizados.

Hussein cuenta que creció sintiendo vergüenza por sus raíces armenias y desconectada de otras familias similares. Esto ha cambiado ahora. “Muchos armenios se han islamizado y viven sus vidas así. Sin embargo, la unidad social y la solidaridad han avanzado dentro de la Revolución de Rojava. Hay 300 familias en Amude con raíces armenias. Hemos registrado esto y nos visitamos con frecuencia para fortalecer nuestra comunidad y conocernos mejor”.

La relación de estos armenios islamizados con la Iglesia Apostólica Armenia en Siria no siempre ha sido fácil, pero a pesar de ello, en la vigilia por el genocidio celebrada el año pasado en Hasaka, tanto los armenios musulmanes como los cristianos conmemoraron el día codo con codo.

“Los efectos del genocidio siguen grabados en la memoria del pueblo armenio hoy en día”, declaró Hakob Barsoumian, miembro del Comité de Relaciones Públicas de la Iglesia Apostólica Armenia de Hasaka, a The Amargi. “Sin embargo, Armenia se enfrenta a importantes dificultades para conseguir el pleno reconocimiento internacional del genocidio”.

Armenios de Qamishlo conmemoran el genocidio / Imagen: Abbas Abbas

Reconocimiento internacional

Los historiadores y los especialistas en genocidio reconocen casi de forma unánime que los hechos constituyen un genocidio; sin embargo, el reconocimiento oficial por parte de los Estados internacionales ha dependido a menudo de intereses políticos. Siria lo hizo en 2015, cuando se deterioraron las relaciones con Turquía, ya que esta última apoyaba a las fuerzas de la oposición siria.

Estados Unidos no emitió un reconocimiento oficial hasta 2019, tras haberse mostrado reacio a hacerlo durante décadas por deferencia hacia Turquía, el segundo ejército más grande de la OTAN. La narrativa oficial del Estado turco, sin embargo, enmarca los acontecimientos como una tragedia, como algo que formaba parte integrante de la guerra, la hambruna y las enfermedades, en lugar de una campaña de exterminio intencionada y patrocinada por el Estado contra la comunidad armenia.

Alemania, por su parte, reconoció su “corresponsabilidad” en el genocidio en 2015 —el Reich alemán compartía las sospechas de los otomanos de que los armenios estaban confabulados con Rusia, y suministró armas, participando además oficiales alemanes en los asesinatos— y lo reconoció oficialmente al año siguiente.

“La cuestión del Genocidio Armenio no es meramente un asunto histórico, sino un tema de actualidad que afecta a los derechos humanos y a la justicia internacional”, concluyó Barsoumian. “Esta cuestión debe seguir ocupando un lugar destacado en los esfuerzos diplomáticos mundiales para garantizar que tales crímenes contra la humanidad no se repitan en el futuro”.

Estos armenios siguen vinculados a la diáspora armenia mundial y al Estado armenio, al menos en espíritu, y probablemente también a través de los lazos familiares. Durante el ataque de Azerbaiyán contra Artsaj en 2023, la comunidad armenia del norte de Siria también salió a las calles para protestar. Estas muestras de solidaridad reflejan lo importante que ha sido la conmemoración constante del genocidio para mantener unida a una comunidad dispersa.

*Publicado el 24 de abril de 2026 en The Amargi / Traducción y edición: Rojava Azadi Madrid

martes, abril 28th, 2026