Por Valentina Sinis* (Fotos y textos) – Una antigua parábola sufí de origen persa cuenta que tres mariposas se acercan a la llama de una vela: la primera la observa, la segunda siente su calor y la tercera se consume en el fuego. Solo esta última alcanza el conocimiento verdadero. Las mujeres que habitan las montañas de Kurdistán se reconocen en esa tercera mariposa. Combatientes del Partido por la Vida Libre de Kurdistán (PJAK) e integradas en las Fuerzas de Protección de las Mujeres (HPJ), viven y entrenan en cuevas y bases ocultas mientras la situación en Irán se agrava y pequeños grupos se desplazan hacia la frontera de Rojhelat.
1- Un grupo de “hevals”, o camaradas, entrena el pasado febrero en las montañas donde se encuentran sus bases militares, desplazándose por un terreno escarpado que durante mucho tiempo ha servido tanto de refugio como de frente. La mayoría procede de las regiones kurdas de Irán y pertenece al PJAK, una organización político-militar kurda fundada a comienzos de los años 2000, que defiende la autonomía y la igualdad de género, y que está influida ideológicamente por el líder kurdo Abdullah Öcalan. El ala armada del movimiento se divide entre las YRK, la milicia general que incluye a hombres, y las HPJ, una unidad de combate íntegramente femenina. En las últimas semanas, a medida que las tensiones en Irán se han ido intensificando, pequeños grupos de combatientes kurdos se han desplazado hacia la frontera con Rojhelat y otros incluso la han cruzado para prepararse ante posibles acontecimientos que requieran su participación. Las HPJ se crearon para situar a las mujeres en el centro tanto de la lucha militar como de la política, con la idea de que la liberación debe comenzar por la emancipación femenina. Su entrenamiento combina instrucción en el uso de armas, guerra de montaña y habilidades de supervivencia con una educación colectiva sobre igualdad de género, democracia de base, ecología y preservación de la cultura kurda. La vida en las montañas se organiza de forma colectiva. Las decisiones se debaten en asambleas y la jerarquía suele plantearse en términos de responsabilidad compartida más que de mando rígido. Para muchas de estas mujeres, incorporarse al movimiento representa no solo resistencia armada, sino también una transformación personal: una ruptura con las limitaciones patriarcales y la entrada en un proyecto político que vincula la autodefensa con el cambio social.
2- Heval Biseng trenza el pelo de otra camarada. La joven ha tomado el mismo nombre que una figura icónica del movimiento kurdo de mujeres. Para ella y sus camaradas, la trenza o “kezî” es una insignia de honor que conecta su lucha en las montañas con la revolución “Mujer, Vida, Libertad” (Jin, Jiyan, Azadi) de Irán, el movimiento nacido en septiembre de 2022 tras la muerte bajo custodia policial de la joven iraní de origen kurdo Mahsa Amini, detenida por no llevar correctamente el velo. Heval Biseng procede de Urmia, en Rojhelat, donde creció en el seno de una familia que simpatizaba con el PJAK. El entorno que la rodeaba era en gran medida feudal, pero su familia le daba una libertad de la que otras jóvenes no gozaban y que fue objeto de críticas en la comunidad. Durante el levantamiento “Mujer, Vida, Libertad”, Heval Biseng también se negó a llevar velo en la escuela. El asesinato de mujeres kurdas se convirtió, según cuenta, en su punto de inflexión: eligió resistir al patriarcado, incluso sabiendo que esa decisión la distanciaría de su familia. Se unió a las Fuerzas de Protección de las Mujeres porque cree que la revolución puede facilitar un cambio social en el que las mujeres kurdas dejen de estar atrapadas entre la violencia doméstica y el control social.
3- Las “hevals” caminan dentro de una de las cuevas. “Antes de agarrar el rifle, lucha por ti misma; antes de la guerra, lucha en la vida”, afirman. Las ideas de Abdullah Öcalan han dado forma a su comprensión de la lucha y de la vida comunal. Sus recientes escritos desde prisión subrayan que las mujeres no son objetos de la historia, sino agentes de cambio, y que su liberación debe estar en el centro de cualquier transformación social. El ideólogo y político kurdo sostiene, además, que las estructuras patriarcales incrustadas en las sociedades deben ser erradicadas antes de que pueda alcanzarse la libertad, y que la libertad de las mujeres es la base de una sociedad libre. Öcalan ha denominado a este enfoque “jineoloji”, una corriente de pensamiento que insiste en la educación colectiva, el apoyo mutuo y la responsabilidad compartida como vías hacia la liberación personal y social de las mujeres.
4- Un momento de descanso para las Fuerzas de Protección de las Mujeres dentro de una de las cuevas en las que se refugian. Las “hevals” han seguido a través de la televisión los acontecimientos de la guerra en Irán. Ven una combinación de emisiones afines a su movimiento, canales kurdos y medios estatales turcos para entender tanto los distintos enfoques de las tensiones en Irán y en las regiones kurdas a ambos lados de las fronteras como la visión geopolítica de cada uno los países que intervienen en el conflicto. Es una manera, consideran, de planificar mejor sus acciones.
5- Las “hevals” caminan por el interior de la cueva. Se encuentran en un refugio que se utiliza para alojar a huéspedes temporales antes de ser enviados a otras cuevas para entrenamiento militar, estudio ideológico o actividades comunitarias diarias. La vida en las cuevas está minuciosamente organizada. Cada jornada comienza con entrenamiento físico antes del desayuno. Después, las combatientes se ocupan del mantenimiento del campamento y se preparan para la formación ideológica del movimiento, que se imparte varias veces por semana a través de lecturas, vídeos y debates colectivos. Los ejercicios militares se desarrollan en distintos emplazamientos, incluidas cuevas y túneles, donde se entrenan funciones específicas como el liderazgo, el apoyo técnico, la atención médica o la logística. Las combatientes rotan con regularidad para poder adaptarse a cualquier situación. Las asambleas semanales, en las que a veces participan también hombres, reúnen a las mujeres del campamento. En ellas, los asuntos operativos conviven con conversaciones sobre historia, género y responsabilidad comunitaria, conformando un marco en el que la presencia armada es inseparable de la conciencia política.
6- Heval Delal (izquierda) nació de madre armenia y padre kurdo. Su bisabuela sobrevivió al genocidio armenio de 1915 y su abuelo participó en las rebeliones de Ararat, un levantamiento kurdo en Turquía entre 1927 y 1930. Está decidida a romper el ciclo de trauma que ha afectado a generaciones de kurdos. Reflexiona que, mientras kurdos y otros pueblos vivieron en relativa paz durante siglos, los últimos 200 años han estado marcados por la opresión y la violencia. Si es necesario, luchará para garantizar un futuro seguro a los niños kurdos. Es una “forma de legítima defensa”, dice. Se unió al partido después de graduarse en odontología, a los 23 años. Atraída por la idea de soluciones prácticas y organización social, le inspira la visión de una vida socialista comunal. “Aquí está la semilla de la vida libre. Trabajaré para ayudarla a crecer, de modo que los niños del futuro puedan jugar libremente bajo los árboles del Kurdistán”, afirma.
7- Las “hevals” construyen una intimidad que va mucho más allá de las tareas cotidianas. Se cuidan cuando cocinan, remiendan botas, se trenzan el pelo, comparten silencios o hablan abiertamente sobre miedos y esperanzas. También recrean espacios para la música, el canto y el baile colectivo, que forman parte desde hace mucho tiempo de la cultura y la resiliencia kurdas. Las danzas tradicionales kurdas, a menudo en círculo y acompañadas de ritmos y canciones, son una forma habitual de celebrar o de marcar momentos de unidad. Estas prácticas culturales no son simplemente recreativas: reflejan una herencia en la que la música, la danza y el canto acompañan a la identidad colectiva y la resistencia. En ocasiones, tras los entrenamientos, las combatientes bailan y cantan himnos revolucionarios o melodías tradicionales.
8- Heval Silav es originaria de Bakur (el Kurdistán bajo ocupación turca, en el sureste del país) y creció en el seno de una familia acomodada y patriótica, vinculada al movimiento. Musulmanes no dogmáticos, en su entorno convivían valores conservadores con una mentalidad abierta. Cuando tenía tres o cuatro años, la familia se trasladó a Italia, donde se crió junto a sus dos hermanos mayores. A los ocho años sufrió una pérdida familiar que la marcó profundamente. Cursó estudios universitarios en Italia. Pero se sentía impulsada por un propósito que percibía como mayor: la libertad del pueblo kurdo y el papel de las mujeres en esa transformación. En su familia, el compromiso tenía un coste tangible: dos primos murieron en la lucha y otros dos siguen activos en el movimiento. Inspirada por los primeros levantamientos de “Mujer, Vida, Libertad” en Irán, decidió unirse al partido y se trasladó a Kurdistán ese mismo año. Allí le impactó descubrir con mayor profundidad la identidad histórica y social kurda, así como la violencia ejercida contra su pueblo, incluidos ataques químicos contra combatientes. En un inicio, algunas prácticas del movimiento le resultaron rígidas e incluso dogmáticas. Con el tiempo, empezó a ver en ellas respuestas concretas y asumió el carácter voluntario de la militancia. Hoy, su objetivo es desafiar la mentalidad patriarcal y transformar las relaciones de género. Sueña con vivir en un Kurdistán liberado, en el pueblo de Cilin, en la provincia de Mardin, plantando nogales por toda la región.
9- A la derecha, Heval Cekzin, originaria de Rojava (Kurdistán sirio), creció en una familia acomodada, como única hija entre varios hermanos varones. En 2016, mientras estudiaba fotografía, fue testigo de un ataque del grupo terrorista ISIS en la localidad siria de Deir ez-Zor, una experiencia que la marcó profundamente. Con 17 años decidió unirse a la lucha por Kurdistán. Su familia sintió miedo, pero no se opuso. La violencia que presenció y el coraje de las combatientes, así como la convivencia entre hombres y mujeres en el frente, reforzaron su decisión. En 2019 se incorporó formalmente al movimiento y se integró en las HPJ. Entre las montañas kurdas continuó desarrollando su mirada como fotógrafa, en un entorno donde valora especialmente la amistad, la confianza y el respeto. A la izquierda, Heval Nuziyan, de Bakur, creció entre la ciudad y el pueblo en el seno de una familia de “milis”, simpatizantes civiles del movimiento por la liberación kurda. Tras la detención de su hermano, asumió el cuidado de sus sobrinos. Compaginó esa responsabilidad con los estudios y una formación política temprana: leyó a Öcalan y conoció la experiencia de las combatientes a través de su madre. Con 14 años, se incorporó formalmente al partido. Durante su formación militar le impresionó la cohesión entre mujeres. Al principio, sin embargo, tuvo que enfrentarse a la resistencia de algunos compañeros varones ante la autoridad femenina. Hoy afirma encontrar su fuerza en la vida colectiva, el estudio y los vínculos entre camaradas. Está convencida de que la revolución ya está en marcha y de que su lucha contribuirá a proteger a las generaciones futuras y a la liberación del pueblo kurdo.
10- Las “hevals” hornean pan y cocinan dentro de pequeñas bases subterráneas como parte de la vida cotidiana y de su formación. En todos los campamentos subterráneos y cuevas, las camaradas preparan de forma constante pan fresco y alimentos básicos, no solo para su consumo, sino para los combatientes que se acercan a la frontera de Rojhelat. Lo hacen mientras siguen de cerca los acontecimientos de la guerra en Irán, que podría redibujar la seguridad en la región.
11- Esta cueva sirve como hospital principal de la HPJ. Está equipado con consultas de odontología y rayos X, dormitorios para médicos, un área quirúrgica, salas para pacientes, una cocina, un comedor comunal y zonas de aseo tanto para mujeres como para hombres. Constantemente entran y salen camaradas para revisiones, especialmente ahora que aumentan las tensiones en Irán y los grupos se desplazan hacia la frontera de Rojhelat. Los médicos no trabajan de forma fija en una cueva, sino que se trasladan de una a otra e incluso viajan al frente.
12- Heval Aryen juega con Heval Biseng y el gato de la cueva. Aryen, de 21 años, es de Rojhelat y se unió a las HPJ hace dos años. Procedente de Urmia, creció en una familia que le permitió estudiar. Sin embargo, a los 16 años conoció por primera vez el partido y el papel de las mujeres en él y tomó la decisión de alistarse en la HPJ, pese a que esa decisión significaba dejar atrás su vida anterior: perder el contacto con su familia, renunciar al teléfono y aceptar una nueva vida comunal disciplinada. La lectura de Öcalan le ayudó a comprender el valor de la vida comunal, la solidaridad entre camaradas y el sentido profundo del amor y el apoyo dentro del movimiento.
13- Las “hevals” hablan y ríen juntas, mientras descansan tras una larga caminata. Tres mariposas ven un fuego a lo lejos. La primera llega hasta él y regresa, diciendo que es luz. La segunda vuelve y dice que es calor. La tercera vuela más cerca y se disuelve en él, sin regresar nunca. Para alcanzar “la verdad” hay que sacrificarse. Para estas guerrilleras kurdas, esta parábola refleja su lucha, inspirada en la filosofía de Abdullah Öcalan. Se ven a sí mismas como aquellas que se acercan al fuego, dispuestas a darlo todo por la libertad y la justicia. Su combate no es solo contra enemigos externos, sino también contra la opresión interiorizada.
14- Un grupo de “hevals” descansa y bromea tras una larga marcha por las montañas en las que se encuentran sus bases ocultas. “Somos la flor y nata imparable de la libertad. Somos la tercera mariposa. Estamos listas para luchar y sacrificarnos. Estamos listas para ganar una guerra milenaria contra el malvado patriarcado, en nombre de todas las mujeres oprimidas y de todos los pueblos oprimidos”, declaran.
15- Heval Medya juega con un pájaro dentro de su base subterránea. Procede de los medos, un antiguo pueblo kurdo de Mesopotamia. Creció como la hija menor en una familia acomodada, muy unida a su madre. Aunque presenció cierta violencia dentro de su familia, ni ella ni sus hermanos fueron maltratados físicamente. Sabía de la existencia de las camaradas, pero su madre nunca permitió un contacto directo. La curiosidad la llevó a unirse al movimiento en 2016, a los 15 años, y descubrió rápidamente la profundidad de la vida dentro del partido. Los lazos entre mujeres la impactaron profundamente, aunque los comportamientos dogmáticos la hirieron en ocasiones. Uno de sus peores momentos fue el de la muerte de una camarada: tras un ataque con dron, recogió personalmente los restos de la “heval” caída, reconociéndola por una pulsera. Cree que la revolución está ocurriendo en este preciso momento y uno de sus mayores compromisos es escribir la historia de las “mártires”.
16- Una “heval” entra en una de las bases subterráneas. A diferencia de los largos y extensos sistemas de cuevas, estas bases se construyen rápidamente y son mucho más austeras. Son refugios temporales, no diseñados para resistir misiles, bombas o fuego pesado. Cuando son descubiertas por una fuerza enemiga, se abandonan inmediatamente y se dejan colapsar mientras las combatientes se desplazan a nuevas posiciones. La movilidad constante es central en la estrategia. Estas bases suelen incluir solo lo esencial: una zona para dormir, una pequeña cocina y un aseo. En zonas más tranquilas, algunas disponen de electricidad básica y agua corriente. Las largas redes de cuevas excavadas en las montañas cumplen una función distinta: están fortificadas, son extensas y pueden albergar con seguridad a grandes grupos durante períodos más largos. Las bases subterráneas apoyan la vida diaria de las combatientes en tránsito, mientras que las cuevas sirven como centros estables para la vida comunal, el entrenamiento militar y la preparación.
17- Las “hevals” leen libros de Öcalan. Todo entrenamiento militar va siempre acompañado de estudio ideológico basado en sus escritos, especialmente sobre el papel de las mujeres, la vida comunal y la transformación democrática. En cartas y mensajes recientes, Öcalan ha reafirmado que el movimiento kurdo de mujeres es un proyecto central e inacabado dentro de la lucha más amplia por la liberación.
18- Una combatiente de una unidad especial entrena como francotiradora en el interior de las montañas. Ha completado cursos de tiro de precisión y manejo de drones, y asegura estar lista para entrar en Rojhelat si recibe la orden. Al incorporarse al movimiento, las combatientes siguen itinerarios estructurados que combinan preparación militar y formación ideológica. Semanas de estudio colectivo preceden a escuelas especializadas donde desarrollan habilidades según su experiencia, educación e inclinación personal. Algunas se forman en tiro de precisión; otras, en operación de drones, tácticas de sabotaje, medicina de campaña o protección frente a amenazas químicas. No todas recorren todos los itinerarios, pero las oportunidades permanecen abiertas para quienes desean profundizar en su papel. Las comandantes asignan las especialidades, aunque la motivación y las capacidades demostradas de cada combatiente también desempeñan un papel esencial.
19- A lo largo de las laderas irregulares de la montaña, combatientes de las Fuerzas de Protección de las Mujeres participan en una carrera rutinaria de entrenamiento.
20- Un grupo de mujeres de la HPJ avanza por las laderas de la montaña, con sus uniformes de camuflaje disolviéndose en el terreno circundante. La ropa que llevan tiene un valor práctico y táctico. Sus pantalones, inspirados en la prenda tradicional kurda masculina, son intencionadamente holgados, lo que ayuda a romper las siluetas corporales y a reducir la visibilidad ante la detección térmica utilizada por aviones y drones. Además, permiten libertad de movimiento sobre terreno rocoso y senderos empinados, haciendo que el uniforme sea funcional y esté adaptado al paisaje que habitan a diario. Los accesorios también reflejan este equilibrio entre necesidad e identidad. El cinturón entre la camisa y el pantalón suele ser la faja kurda de colores, aunque a veces lo sustituyen por una faja elástica para la munición cuando participan en operaciones. Las combatientes suelen llevar paraguas por la noche, una estrategia destinada a dificultar el reconocimiento térmico de la vigilancia aérea. La atención a la imagen personal forma parte de la disciplina colectiva: los uniformes se mantienen limpios y el cabello cuidado, aunque se adaptan cuando se entra en contextos activos.
*Publicado en Planeta Futuro / El País



















