En Turquía, sólo los kurdos están dispuestos a un cambio. Ni siquiera una transmisión en directo del llamamiento de Abdullah Öcalan al PKK [Partido de los Trabajadores de Kurdistán] para que deponga las armas y se disuelva podría hacerse de forma respetuosa. El gobierno necesita urgentemente medidas, pero, para ser sinceras, el camino que queda por delante es tan increíblemente largo que resulta difícil verlo conducir a alguna parte. Todo el esfuerzo, todas las vidas entregadas, todos los sacrificios realizados, y aún así, la sociedad turca y la política se niegan a moverse ni un centímetro.
El programa al que me refiero es de Sözcü TV. El llamado de Öcalan se esperaba desde hacía muchas semanas, se creó un impulso y, finalmente, los miembros de la Delegación de Imralı [conformada por diputadas y diputados del Partido DEM] se sentaron durante una conferencia de prensa muy concurrida para leer la carta de Öcalan. Cuando el veterano político Ahmet Türk comenzó a leer la carta en kurdo, el sonido se apagó y el presentador dijo que sólo transmitían en el idioma oficial del Estado y no en kurdo, un idioma que “de todos modos nadie entiende”.
Esto es increíblemente racista. La lengua materna de millones de personas, la lengua materna del líder kurdo que hace el llamado, la lengua materna de la persona que lee la carta, la segunda lengua en Turquía: una lengua que “de todos modos nadie entiende”. No hay mejor ilustración de lo poco que se ha avanzado en Turquía.
Inteligente
Me recordó la última vez que los kurdos tuvieron la esperanza de que sus problemas fundamentales en Turquía se resolvieran hace más de una década. En ese momento, el llamamiento de Öcalan al PKK para que depusiera las armas se leyó ante una multitud en Amed (Diyarbakır); tuve la suerte de estar allí. Después de eso, el gobierno puso en marcha un grupo de “gente sabia”, un grupo de docenas de intelectuales que informarían a los ciudadanos en reuniones públicas sobre cómo sería una Turquía sin el conflicto. Asistí a una de las reuniones en Amed. Fue emotiva, pero muy buena, y un primer paso hacia la reconciliación.
Ese proceso de paz se vino abajo. La violencia se reanudó y la sabiduría se acabó. Si bien desde entonces el movimiento kurdo ha persistido en trabajar dentro del marco del Estado con el objetivo de encontrar una nueva oportunidad de paz en el futuro, el Estado ha persistido en mantener a sus ciudadanos ignorantes sobre la realidad del país en el que viven. La educación no ha cambiado: a los niños todavía se les enseña que los turcos son seres humanos supremos, que hay que dar la sangre por la patria y que no se puede confiar en el mundo exterior, que siempre está dispuesto a dividir y destruir la patria sagrada.
Clave
Los turcos seguramente no entendieron la versión kurda de la carta de Öcalan que leyó Ahmet Türk, pero les diré una cosa: tampoco entendieron la versión turca. Podían entender las palabras, pero no tenían idea de su significado. Todos los años que podrían haberse invertido en preparar a la población para un futuro en libertad e igualdad y un país libre de violencia, porque los problemas políticos se resuelven políticamente y no militarmente, fueron en vano.
Los medios de comunicación turcos, por supuesto, informan sobre el mensaje de Öcalan, pero sus historias están ricamente salpicadas de la palabra “terrorista”. Aseveran que el llamamiento de Öcalan es el resultado del plan “Turquía libre de terrorismo” iniciado por el Estado. Cuando en realidad es el resultado de los avances que el movimiento kurdo está haciendo continuamente en su pensamiento político. Si bien Öcalan reconoce que la decisión del PKK de hace décadas de iniciar la lucha armada ahora debe revertirse (como también lo hizo en 2013), el Estado no vuelve sobre sus pasos en absoluto y sigue insistiendo en un enfoque militar.
¿Cómo pueden entonces los ciudadanos turcos empezar a comprender lo que Öcalan quiere decir y por qué lucha el movimiento kurdo? En lugar de explicar con sinceridad el pensamiento de Öcalan y los conceptos que lo conforman, o incluso educar a la gente sobre las demandas más básicas relacionadas con el concepto universalmente reconocido del derecho a la autodeterminación, los medios de comunicación y los políticos siguen refiriéndose de manera simplista al “terrorismo” como el problema central, en lugar de a la falta de derechos.
Escenarios
Los turcos preparan meticulosamente a la opinión pública para obtener el resultado deseado. O bien los guerrilleros del PKK bajan de las montañas muy pronto, entregan sus armas y Turquía estará “libre de terrorismo” para siempre y feliz para siempre; o bien, cuando el PKK no se desarme muy rápidamente, hacen que parezca que Öcalan y la dirigencia del PKK en las montañas de Qandil no están de acuerdo y aumentan la violencia contra el PKK y la represión contra la política kurda. En ambos escenarios, Erdogan planea convertirse en presidente por tercera vez.
El movimiento kurdo –y me refiero a Öcalan, a los dirigentes de las montañas y a la política kurda legal– vive en un planeta diferente al del Estado turco. No veo que ambos se unan y lleguen a un acuerdo en un futuro próximo. La distancia entre ambos planetas es enorme. Öcalan está intentando tender un puente, pero por ahora la negativa del Estado a moverse y a inspirar a su población a moverse con él parece muy pero muy firme.
FUENTE: Frederike Geerdink / Medya News / Traducción y edición: Kurdistán América Latina