Leila Bedirkhan: la princesa kurda del ballet

Por Agencia de Noticias JINHA* – La bailarina de ballet Leila Bedirkhan atrajo la atención en Europa con sus actuaciones que resaltaban la cultura kurda. Se la considera una de las primeras artistas kurdas en presentar lo que hoy podría llamarse “representación cultural” en su sentido moderno.

Bedirkhan nació el 31 de julio de 1908 en Estambul, Turquía. Era hija del príncipe kurdo Abdul Razzaq Bedirkhan. Su madre era la judía austriaca Henriette Ornik. Su familia pertenecía al linaje Bedirkhan, que desempeñó un papel importante en la historia cultural y política kurda. Tras la separación de sus padres, vivió con su madre en El Cairo, donde pasó su infancia.

Más tarde, se mudó con su madre a Viena, donde dio sus primeros pasos en el mundo de la danza. Durante la Primera Guerra Mundial, su padre intentó organizar una sublevación contra los otomanos en el Kurdistán Oriental (Rojhelat, noroeste iraní) con apoyo ruso, reuniendo fuerzas de Van y Botan, en el Kurdistán septentrional (Bakur, sudeste turco). Posteriormente fue arrestado, encarcelado en Mosul y, según se informa, envenenado hasta la muerte sin que se le imputaran cargos judiciales.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Leila se encontraba en Francia y corrió peligro debido a su origen judío, pero sobrevivió gracias a su matrimonio con un ciudadano francés. Tras la guerra, continuó su carrera artística hasta su fallecimiento el 26 de diciembre de 1986 en Montauban.

Bedirkhan es considerada una figura pionera que llevó la danza kurda a los escenarios europeos. Presentó espectáculos originales inspirados en las danzas folclóricas kurdas, en lugar de la imagen estereotipada de la “danza oriental”, y fue una de las primeras en expresar la identidad cultural kurda a través del arte de una manera moderna e influyente.

Su arte y su influencia

Leila incorporó música y motivos decorativos kurdos a sus actuaciones, contribuyendo así a dar a conocer la identidad kurda en el ámbito internacional. No era simplemente una bailarina, sino también una embajadora cultural que presentó la cultura kurda al mundo.

Estableció contactos con artistas de renombre internacional, entre ellos el pintor Jean Targier, quien creó una obra titulada Leila Bedirkhan interpretando una danza kurda, así como con la reconocida fotógrafa Madame Dora, quien la fotografió.

Identidad y pertenencia

Leila siempre enfatizó su identidad kurda en las entrevistas, especialmente porque algunas personas en Europa la identificaban como bailarina turca. A menudo decía: “No soy ni turca ni persa; soy kurda”.

Estilo artístico

Sus danzas se inspiraron en los ritmos del daf, el tanbur, el tar y el sitar, así como en las danzas de diversos pueblos y culturas de Irán, Egipto, Mesopotamia y Kurdistán. También recibió la influencia de la herencia caldea, yazidí y zoroástrica.

Algunas de sus obras más destacadas son:

La novia de la lluvia (Bûka Baranê)

El guerrero kurdo (Şervanê Kurd)

El Dabke (Dîlan)

Danza drusa

El sello persa

El jeroglífico

El Daf

Legado

En resumen, Leila Bedirkhan fue más que una artista; fue un símbolo cultural que ayudó a llevar la voz y la herencia de su pueblo al mundo, dejando un legado artístico que aún se recuerda hoy en día.

*Traducción y edición: Kurdistán América Latina

viernes, mayo 1st, 2026