Por Javier Maisterrena* – Hace 27 años, el 15 de febrero de 1999, el dirigente del Movimiento por la Libertad de Kurdistán, Abdullah Öcalan, fue secuestrado y apresado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel y Turquía (la CIA, el Mossad y la inteligencia turca) en la isla Imrali, una prisión de alta seguridad en Turquía.
Los pueblos kurdos, con unos cuarenta millones de habitantes, se encuentran fracturados entre cuatro Estados nación de Medio Oriente: Turquía, Irán, Irak y Siria. El derecho a la esperanza por la libertad de Abdullah Öcalan y el del Confederalismo Democrático de los pueblos kurdos para la vida son lo mismo y caminan de la mano. Para su defensa, Öcalan ha escrito varios libros, en los cuales ha resignificado la modernidad democrática y la ha contrapuesto a la modernidad capitalista dominante en el mundo occidental. Ha sugerido una organización comunitaria y democrática centrada en el diálogo y la paz, en oposición a la guerra y el despojo bajo el control centralizado por el dinero y los Estados occidentales.
Los kurdos han vivido más de un siglo de guerras entre los Estados que se encuentran separados en históricos conflictos: Irak, Irán, Siria y Turquía. La guerra tiene su eje, sentido y perspectiva en la rentabilidad y el despojo. Por ello, la guerra busca desaparecer las democracias verdaderas comunitarias. Para mantener el control, engañan y venden, como si fueran mercancías, las supuestas democracias electorales. Sirva como ejemplo: ¿qué pasaría y qué pudiera significar si la guerra amenazara las experiencias democráticas comunitarias en México como las de las comunidades zapatistas, de Oaxaca, de Michoacán y todas las sociedades en movimiento del continente, como las del Cauca colombiano o las de los mapuches chilenos y argentinos?
En estos momentos queda claro que la única y principal alianza de los países dominantes es con la guerra, el dominio y el despojo. Carecen de palabra, y el engaño y las mentiras están dirigidas también al despojo en cualquier lugar del planeta. Ningún país se encuentra al margen ni a salvo de los intereses que provienen de esa alianza de la guerra, el dominio y el despojo.
La propuesta de Öcalan y los pueblos kurdos se sustenta, por una parte, en la paz con el Estado turco, que han planteado en varias ocasiones y la más reciente fue el 27 de febrero del año pasado. Por otra parte, su fuerza está en el Confederalismo Democrático que procede de la raíz de la democracia radical de las mujeres kurdas por su libertad (“Mujer Vida y Libertad”), en diálogo y armonía con la naturaleza. Ese encuentro que hace posible la paz que se protege con la autodefensa de esa libertad de las mujeres y de la naturaleza entrelazadas con la libertad de los otros y las otras en sociedades en movimiento que contribuyen en hacer posible la vida de todos y todas en un diálogo creativo permanentemente autoalterado, integrando en su devenir a las nacientes generaciones y aprendiendo de los conocimientos y experiencias de los esfuerzos de quienes las precedieron. A lo que nos invitan Öcalan y los pueblos kurdos es a algo por hacer para hacer que sea: el Confederalismo Democrático para una Modernidad Democrática aquí y ahora, en San Luis Potosí, en México y América Latina.
*Doctor en Antropología por el Instituto de Antropología Social Universidad Nacional Autónoma de México / Publicado en Astrolabio