Por YPJ Info* – Nos encontramos en plena Tercera Guerra Mundial. Da igual que sea Europa, Medio Oriente, Asia o el continente africano: las guerras y los conflictos armados están a la orden del día. Las guerras, especialmente las libradas por los Estados, se rigen principalmente por intereses económicos (reservas de petróleo y otros recursos naturales) y por la lucha por la supremacía (por ejemplo, las guerras subsidiarias durante la Guerra Fría hasta la actualidad). A veces, las guerras se justifican por supuestos motivos humanitarios, como la defensa de los derechos de las mujeres o los derechos humanos, o como ataques preventivos. Sin embargo, incluso en estos casos, es evidente que quienes más sufren las guerras son, en última instancia, las mujeres y los niños, mientras que sociedades enteras quedan destruidas. La guerra no trae ningún beneficio a nadie, salvo el lucro del complejo militar-industrial. Además, históricamente y hasta nuestros días, la guerra ha sido librada predominantemente por hombres, ya que han estado al frente de reinos, imperios o Estados. Detrás de esto subyace una mentalidad patriarcal caracterizada por la opresión, la destrucción y la división, y la noción de que una vida es más valiosa que otra.
Sin embargo, las guerras y los conflictos nunca han quedado sin respuesta. Las mujeres y las organizaciones de mujeres son conocidas, tanto históricamente como en la actualidad, por desempeñar un papel fundamental en los procesos y movimientos de paz. Un ejemplo es la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas Contra la Guerra, celebrada en Berna en 1915, bajo el liderazgo de Clara Zetkin, que se dirigió contra la Primera Guerra Mundial.
Las Madres por la Paz en Turquía/Kurdistán del Norte, las Madres de la Paz en Colombia y Mujeres por la Paz en Alemania Oriental y Occidental en la década de 1980, son también ejemplos del papel que desempeñan las mujeres en la lucha por la paz. Las mujeres también desempeñan un papel fundamental en los procesos de paz entre las poblaciones indígenas, como las mujeres de la cultura igbo en Nigeria, que pueden imponer la paz, o el Consejo de Madres de los Haudenosaunee (Confederación Iroquesa), que tiene derecho de veto sobre la guerra y puede deponer a un líder si este no actúa en interés de la paz y la sociedad.
Si son principalmente los hombres quienes libran las guerras y las mujeres quienes defienden la paz, ¿cómo puede un ejército femenino que también participa en la guerra —como las YPJ (Unidades de Protección de las Mujeres)— ser visto como un símbolo de paz? ¿Por qué deberían las mujeres formar parte de este sistema bélico asesino?
La guerra en Siria a principios de 2011, la guerra contra el ISIS y otras fuerzas yihadistas, no fue una guerra elegida por las YPJ. La guerra nunca fue el objetivo de las mujeres de las YPJ. El objetivo con el que se lanzaron las fuerzas democráticas y, en aquel entonces, principalmente kurdas, era una tercera vía: una salida a la crisis y a la guerra. Un camino que no buscaba un Estado sirio bajo el Partido Baaz ni deseaba rendirse ante los movimientos yihadistas de Al Qaeda, ISIS y otros. Una tercera vía más allá de un Estado dictatorial y del yihadismo: una sociedad diversa, que se organizara sobre la base de los valores de la liberación de la mujer, la ecología y la verdadera democracia. Tomar las armas no fue una expresión de un deseo de guerra, sino más bien una necesidad para defender precisamente este camino, esta visión.
En este caso, no luchar habría significado silencio y sumisión a uno de los otros caminos: la retirada. Pero el silencio y la quietud no deben confundirse con la paz. Por ejemplo: una familia no es pacífica simplemente porque la esposa guarde silencio ante la violencia de su marido. Y una familia no se destruye simplemente porque la esposa se defienda. Ya estaba rota de antemano, y lo que parecía pacífico en apariencia era, en realidad, la sumisión y la humillación de la mujer. Lo mismo ocurre con los pueblos. Un país no está en paz simplemente porque no haya guerra. Cuando un pueblo se levanta de la humillación, la negación y la inexistencia dentro de esta supuesta paz, esto no es señal de guerra, sino de dignidad humana. Y, por supuesto, al hacerlo, las armas siempre deben ser la última opción, cuando todas las demás vías democráticas hayan fracasado. Proteger la propia vida y la de los demás en la sociedad —y esto se refiere no solo a la existencia física, sino a una vida vivida con dignidad— es autodefensa. Como todo ser vivo, ya sea una planta o un animal, posee sus propios medios para protegerse y defenderse de los ataques. Es algo natural. Del mismo modo, es un derecho natural de los seres humanos y las sociedades defenderse.
Las YPJ fueron y siguen siendo un ejército de autodefensa, no de agresión. Las YPJ jamás han lanzado ataques por iniciativa propia. Su propia existencia, la de la sociedad, la democracia, la liberación de la mujer y la naturaleza deben ser defendidas; por eso hablamos de un ejército que defiende la paz y la democracia, no la destrucción. Y esto es lo que hace únicas a las YPJ en comparación con otros ejércitos, en los que las mujeres también pueden participar como individuos, pero donde el ejército actúa en interés del sistema capitalista y patriarcal. Puede haber mujeres en otros ejércitos, pero la mentalidad sigue siendo la misma. A diferencia de otros ejércitos (estatales), las YPJ no llevan a cabo ataques contra otros territorios. No se trata de opresión, explotación ni de alcanzar la supremacía, sino de la mentalidad de autodefensa. Las YPJ son y siempre fueron más que mujeres tomando las armas. Son mujeres organizándose y cultivando la cultura de la autodefensa en todas sus diversas formas.
El objetivo de integrar a las YPJ en el ejército sirio es difundir precisamente estos valores por toda Siria y garantizar que sea posible una paz verdadera y una vida digna.
Por eso, no es una contradicción estar en contra de la guerra y a favor de las YPJ, y los lemas “No más guerra” y “Todos somos YPJ” no son opuestos, sino que están entrelazados.
¡Únete en el Día de Acción Global el 31 de mayo con acciones creativas y diversas de protesta! ¡Difunde la palabra sobre los éxitos, la lucha y las demandas de las YPJ! ¡Invita a otras organizaciones y compañeras a unirse a la campaña y en el día global de acción!
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*Edición: Kurdistán América Latina