Huelga de hambre “hasta la muerte” en un complejo autogestionado de Atenas

Por Nacho Ibáñez* – Desde el pasado 5 de febrero, el activista griego Aristotelis Chantzis se encuentra en huelga de hambre “hasta la muerte”. El 1 de mayo se añadía Suzon Dopaggne. Ambas forman parte de la Comunidad de Refugiados Okupados de Prosfygika, un proyecto autogestionado de la ciudad de Atenas con más de dos décadas de existencia. El objetivo de la huelga es, precisamente, detener el desalojo de este espacio emblemático donde viven cientos de personas.

Desde el equipo médico que les realiza seguimiento, alertan del riesgo inminente de daños irreversibles o de muerte súbita. En el último comunicado sobre el estado de Chantzis, se deja bien claro su deterioro físico después de casi cuatro meses de huelga, sufriendo desmayos frecuentes, inflamación en las extremidades que limita su movimiento o “lesiones electrocardiográficas persistentes que predisponen a arritmias mortales”. Sin embargo, el propio huelguista ya ha señalado que no tiene ninguna intención de dejar la huelga.

Larga historia de acogida y autoorganización

Para la comunidad de Prosfygika, el desalojo no implica sólo la pérdida de una vivienda, sino la destrucción de una enorme y simbólica estructura de soporte mutuo consolidada durante muchos años. En sus ocho bloques de viviendas viven actualmente más de 400 personas de 30 nacionalidades, así como más de 50 menores de edad. Aunque gran parte son familias refugiadas, también conviven activistas u otras trabajadoras precarizadas.

Se organizan plenamente en asambleas, inspiradas, según el propio colectivo, en el modelo del Confederalismo Democrático de Rojava (Kurdistán sirio). A través de una veintena de “estructuras”, se intenta garantizar las necesidades básicas tanto de la comunidad que vive en ella como de las personas del barrio, lo que incluye comedores, proyectos educativos, centro de salud, farmacia social o actividades de ocio. Además, cuenta con estructuras íntegramente formadas por mujeres, que funcionan como “espacio de refugio y empoderamiento”.

Más allá de esto, el complejo de Prosfygika tiene también un gran valor histórico. Su función original fue el alojamiento de refugiadas, concretamente las personas griegas expulsadas por Turquía en los años treinta después de la guerra greco-turca y la instauración de la República turca por Atatürk. Durante la ocupación nazi, varios edificios sirvieron como refugio para militantes de la resistencia antifascista y años más tarde también fueron escenario de enfrentamientos durante la guerra civil griega.

Con el tiempo, Prosfygika se ha convertido en uno de los principales símbolos de resistencia popular de Atenas. Se sitúa además cerca del barrio de Exarchia, un símbolo del movimiento anarquista y de las luchas vecinales en la capital griega. El origen del proyecto actual de Prosfygika se encuentra en 2010, en un contexto de crisis económica y de gran efervescencia de los movimientos sociales en todo el país. Poco después, con la guerra en Siria y la llamada “crisis de los refugiados”, se convierte en el extraordinario espacio autónomo de acogida que es hoy en día.

Esto le ha puesto en el punto de mira de las autoridades griegas, que en los últimos años han llevado a cabo hasta cuatro planes distintos para desalojar a Prosfygika. La propiedad de los edificios recae actualmente en el gobierno regional del Ática, que desde hace años impulsa distintos proyectos de “rehabilitación” de la zona. Las autoridades aseguran que el estado de conservación representa un problema de seguridad y defienden la necesidad de “recuperar” el espacio para usos públicos.

En febrero anunciaron sus planes de reconstrucción de parte del complejo para destinarlo a vivienda social y para acoger a los familiares de los pacientes de un hospital cercano. Desde Prosfygika dudan de las auténticas intenciones de ese plan urbanístico, y aseguran que ellas ya le dan un uso social en el espacio. Lo integran, en cambio, como un antagonismo en los proyectos de gentrificación y la especulación urbanística que sufren amplias zonas de Atenas. Situado a pocos pasos del centro de la ciudad, el área donde se encuentra Prosfygika tiene un alto valor inmobiliario.

Tal y como denuncian diferentes colectivos sociales de la ciudad, desde la llegada en 2019 del gobierno conservador de Nueva Democracia se han acelerado los desalojos de centros sociales y viviendas ocupadas. Esto coincide con la proliferación de pisos turísticos y la llegada masiva de fondos de inversión internacionales en el mercado inmobiliario de la capital griega, así como de planes de transformación urbana como la construcción de una nueva línea de metro o proyectos para la revalorización económica de la zona.

La lucha continúa

Las huelgas de hambre no son la única acción de protesta que está llevando a cabo el colectivo de Prosfygika. Dentro de lo que han llamado como una “escalada de la lucha por la defensa de la vida”, se han convocado manifestaciones en las principales ciudades europeas, así como acciones ante las embajadas y consulados griegos. La más multitudinaria tuvo lugar este fin de semana en Atenas, donde miles de personas salieron de la plaza Syntagma y recorrieron el centro de la capital “para mostrar al Estado griego ya los capitalistas que lucharemos hasta la victoria”.

El caso ha llegado también hasta Amnistía Internacional (AI), quien ha denunciado en un comunicado el “grave riesgo de desalojo forzoso” al que se enfrentan cientos de refugiados y “personas de otros grupos vulnerables”. Cuando se preguntó al gobierno griego por las denuncias de AI y si tiene intención de cumplir con los estándares internacionales de derechos humanos, el portavoz del primer ministro Kyriákos Mitsotákis, reafirmó su intención de sacar adelante el desalojo, ya que, en sus palabras, “nadie está por encima de la ley”. Desde Prosfygika no han dudado en considerarlo una sentencia de muerte para las huelguistas.

Sin embargo, sostienen que no tienen ninguna intención de dejar de luchar por evitar el desalojo, enmarcando el conflicto dentro de una disputa más amplia sobre el modelo de ciudad y la gestión de la vivienda, así como en un contexto de gentrificación y especulación acelerada en toda Atenas y de ofensiva policial y judicial sobre los espacios ocupados. Por su parte, las autoridades conservan todavía el discurso de la necesidad de “recuperar” los edificios por motivos de seguridad y uso público, mientras las residentes alertan de que el proceso puede suponer la desaparición de uno de los principales proyectos de vivienda autogestionada que quedan en la capital. Con la huelga de hambre entrando en un estado crítico y sin ningún atisbo de una negociación inminente, el futuro de Prosfygika es ahora más incierto que nunca.

*Publicado en Directa / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

viernes, mayo 29th, 2026