Esta guerra* no debe terminar con la rendición ante una fuerza externa, sino con el régimen islámico cediendo a la voluntad de su pueblo. Cada minuto que persiste aumenta el sufrimiento humano en Irán, Palestina, Israel y la región en general.
Alternativa revolucionaria: consejismo y resistencia colectiva
Las semillas de la liberación aún pueden plantarse incluso en el caos de la guerra interestatal. Desde 2012, la población del norte y este de Siria, también conocida como Rojava, ha demostrado el poder de la autogestión frente al Estado Islámico (ISIS) y la agresión estatal. El modelo de Rojava inspira a regiones de Irán como Kurdistán, Gilan, Mazandarán, Sistán y Baluchistán, donde la resiliencia popular se mantiene firme.
Los conflictos globales actuales en Ucrania y Medio Oriente no son aislados. Representan una contienda imperial más amplia por los mercados, la mano de obra y los recursos. El enfoque de Occidente evoca la lógica imperial del Acuerdo Sykes-Picot y el Tratado de Lausana, que fragmentaron la región y suprimieron la autonomía originaria a principios del siglo XX.
Neoliberalismo, represión y crisis de legitimidad
El imperialismo rebautizado de hoy se esconde tras discursos de los “derechos humanos” y la “sociedad civil”. Pero estos términos se han utilizado como herramientas de represión, ocultando los esfuerzos del capitalismo global por redefinir las fronteras y fortalecer los Estados nación explotadores.
La República Islámica de Irán, durante mucho tiempo un símbolo de intereses globales en pugna, ha llegado al límite de su utilidad. Corrupto, autoritario y armado con ambiciones nucleares, el régimen pone en peligro la vida de noventa millones de iraníes y todo el ecosistema de la región.
Los levantamientos y la voluntad de cambio
Las últimas cinco décadas en Irán han presenciado oleadas de resistencia, desde trabajadores y estudiantes hasta madres, jubilados y personas marginadas. Los levantamientos nacionales de 2017 y 2019, que culminaron en el movimiento “Jin, Jiyan, Azadî” (“Mujer, Vida, Libertad”), iniciado en 2022, representan una exigencia irreversible de cambio estructural.
Las recientes campañas militares de Israel contra Irán, en particular los ataques del 13 de junio, no solo buscan neutralizar amenazas, sino también impulsar un cambio de régimen en el país. Sin embargo, la libertad de la sociedad iraní no puede lograrse mediante una guerra externa. Se corre el riesgo de que se repitan los patrones habituales de Irak, Libia y Siria.
Militarismo y alternativas fabricadas
El ataque de Israel contra la infraestructura nuclear y militar de Irán ha provocado un colapso generalizado de la potencia iraní en Líbano, Siria, Yemen y Gaza. Sin embargo, incluso si esta guerra logra derrocar al régimen islámico no garantizará la justicia ni la libertad.
Los medios dominantes ahora repiten el tono de 1979, presentando el cambio de régimen como algo inevitable. Pero sin una participación significativa desde abajo, estas transiciones simplemente sustituirán una forma de represión por otra.
El pueblo como tercera fuerza
La fuerza decisiva en el futuro de Irán debe ser su pueblo, no las élites ni las potencias externas. Solo la movilización revolucionaria de los trabajadores, las mujeres y los grupos marginados puede allanar el camino hacia un futuro democrático comunal.
Esta guerra, impulsada por las ambiciones de facciones del régimen, especuladores y élites militares, sacrifica a la verdadera fuerza de la región: mujeres, trabajadores, migrantes y niños. Entre bastidores, las maniobras diplomáticas de Estados Unidos y la Casa Blanca de Trump enmascaran los preparativos para un reemplazo de régimen más aceptable para las potencias occidentales.
Infraestructura revolucionaria: consejos y ayuda mutua
En todo Irán, las instituciones de los consejos ya han comenzado a consolidarse, a menudo en momentos de crisis. Entre ellas se incluyen:
–Comités médicos y de socorro locales activos durante desastres naturales y levantamientos.
–Educadores voluntarios que prestan servicios a comunidades marginadas.
–Fondos de crédito comunitarios que apoyan los medios de vida.
–Grupos de defensa vecinal, en particular en las regiones kurdas.
–Colectivos ambientales que protegen los humedales, los bosques y los recursos locales.
–Redes de apoyo para niños, trabajadores migrantes y hogares encabezados por mujeres.
Estas estructuras, a menudo lideradas por mujeres y jóvenes, sientan las bases de una transición revolucionaria. Ahora deben expandirse e interconectarse en todo el país.
Organización bajo fuego
Ante la escalada de la guerra, es esencial una organización urgente de base:
–Redes médicas y de salud para los heridos.
–Canales de distribución de alimentos y medicamentos.
–Iniciativas educativas para niños desplazados o traumatizados.
–Esfuerzos locales de defensa y reconstrucción.
–Fondos participativos para los supervivientes de la guerra.
En cada barrio y aldea, la gente debe actuar colectivamente para construir instituciones que protejan, alimenten y resistan. La libertad no llegará con un simple cambio de liderazgo, sino con el desmantelamiento de las estructuras explotadoras y el empoderamiento de quienes han estado privados de poder durante mucho tiempo.
La prisión del nacionalismo y la ilusión de la reforma
Los pueblos de Irán —kurdos, baluches, árabes, gilaks, mazenis, lors, azeríes, persas y otros— no deben verse obligados a elegir entre la monarquía, el republicanismo o el federalismo. Estos modelos no ofrecen más que una dominación reciclada. La experiencia del Kurdistán iraquí y el Estado fallido de Siria demuestran las limitaciones de la construcción nacional en términos capitalistas y autoritarios.
Lo que se necesita es un modelo confederal, descentralizado y basado en consejos, que priorice la producción, la ecología y la igualdad. Esto exige rechazar el nacionalismo, la jerarquía étnica y el elitismo partidista.
Hacia “Jin, Jiyan y Azadî”: un horizonte compartido
La única alternativa viable tiene sus raíces en el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, un paradigma que centra la liberación colectiva, la autogestión y la abolición de la dominación en todas sus formas.
La victoria depende de la convergencia de los trabajadores, las feministas, los ecologistas, los movimientos progresistas y los oprimidos, organizados a través de consejos en ciudades y pueblos mediante congresos democráticos de instituciones autogestionadas.
Esta revolución no se televisará. Hay que construirla con paciencia, valentía y colectividad.
Notas:
*En la madrugada del 22 de junio, mientras se preparaba este artículo, las fuerzas estadounidenses lanzaron ataques aéreos contra las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán, Natanz y Fordow. Con la entrada de Estados Unidos en el conflicto, se inicia una nueva y peligrosa fase.
FUENTE: Abbas Mansouran / Medya News / Traducción y edición: Kurdistán América Latina