The Mirror* – Mientras las tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel aumentan, los grupos armados kurdos en la región se preparan para lo que consideran una nueva fase del conflicto. Según informes, funcionarios estadounidenses, incluido el presidente Donald Trump, dieron su apoyo a las facciones de la etnia, dispuestas a tomar las armas contra Teherán.
El diario The Mirror tuvo acceso a un batallón kurdo compuesto exclusivamente por mujeres que vive y entrena en túneles de montaña ocultos, donde las combatientes afirman estar preparadas para actuar si la guerra se extiende por la región.
En lo profundo de las montañas, más allá de lo que la mayoría de los mapas pueden abarcar, estas féminas ya se están preparando.
Viven bajo tierra, en túneles excavados en la roca, cuevas inalcanzables para los drones, que son bases temporales que pueden desmontarse en minutos. Aquí, lejos de las ciudades y de la vigilancia, un batallón femenino entrena, vigila y espera.
Estas son las combatientes de las Fuerzas de Protección de la Mujer (HPJ), el ala femenina del Partido por una Vida Libre en Kurdistán (PJAK). Muchas provienen de las regiones kurdas de Irán. Todas han tomado la misma decisión: dejar atrás sus vidas anteriores y comprometerse con la resistencia armada.
“Hay una vieja historia que contamos”, dice una luchadora, con la voz resonando en las húmedas paredes de piedra caliza. “Tres mariposas ven un fuego. La primera dice que es luz. La segunda dice que es calor. Pero la tercera vuela hacia el corazón de las llamas y se disuelve. Nunca regresa. Para alcanzar la verdad, debes estar dispuesto a convertirte en la tercera mariposa”.
Dentro de la red de cuevas, la vida es una mezcla de disciplina y rutina. Las combatientes se entrenan a diario en guerra de montaña, manejo de armas y supervivencia, al tiempo que participan en educación política centrada en la liberación de la mujer y la identidad kurda.
Estas mujeres afirman que su lucha va más allá del campo de batalla.
“Antes de usar el fusil, lucha contra ti misma; antes de la guerra, lucha en la vida”, explica una combatiente.
Muchas describen su proceso no solo como una lucha contra las fuerzas estatales, sino también contra sistemas patriarcales profundamente arraigados. Las combatientes provienen de orígenes muy diversos, pero comparten la convicción de que la liberación debe comenzar con las mujeres.
Su ideología está influenciada por el pensador kurdo encarcelado Abdullah Öcalan, cuyos escritos constituyen la base de la filosofía del movimiento. Él sostiene que las mujeres no son objetos de la historia, sino agentes de cambio, y que ninguna sociedad puede ser libre sin la liberación femenina.
Esta forma de pensar se conoce como “Jineoloji”, o la ciencia de la mujer: un marco basado en la educación colectiva, el apoyo mutuo y la responsabilidad compartida.
Dentro de las cuevas, estas ideas no son abstractas. Se viven a diario a través del entrenamiento, el estudio, las tareas compartidas y la vida en comunidad, donde incluso la rutina se convierte en una forma de resistencia.
En uno de los principales complejos subterráneos, que incluye instalaciones médicas, dormitorios y cocinas comunitarias, el ambiente es tranquilo. Se mueven con discreción entre sus tareas, revisando equipos, preparando comida y monitoreando los acontecimientos en el exterior a través de transmisiones satelitales.
Los orígenes de las integrantes del ejército son muy diversos. Algunas provienen de aldeas rurales de Irán, otras de ciudades o incluso de Europa.
Una combatiente, que se formó como dentista antes de unirse al movimiento, afirma que la impulsó el deseo de romper lo que considera un ciclo de opresión que afecta a generaciones de kurdos. Otra, criada en Europa, abandonó sus estudios para unirse tras tomar cada vez más conciencia de la violencia contra los kurdos en la región.
A pesar de la intensidad de su entrenamiento, la vida normal continúa. Se trenzan el pelo, comparten comidas y cantan juntas en pequeños rituales que refuerzan el sentido de comunidad en un entorno de alto riesgo.
Pero la realidad del conflicto siempre está presente. Las posiciones cambian con frecuencia y rotan entre bases para estar preparados ante cualquier escalada. Algunas unidades ya se están acercando a las zonas fronterizas.
Los analistas han señalado la creciente especulación de que las facciones kurdas podrían verse involucradas en una confrontación más amplia, particularmente a medida que cambian las tensiones regionales y evolucionan las alianzas.
Para las mujeres que viven dentro de estos túneles, la incertidumbre es constante, pero también lo es su determinación. “Saben lo que podría pasar”, dice una comandante. “Pero están aquí porque creen en algo más grande que ellas mismas”.
Mientras un grupo de jóvenes combatientes se reúne cerca de la entrada de una cueva, riendo brevemente antes de retomar sus tareas, la historia de la “tercera mariposa” perdura en el aire. Si llega a surgir un conflicto, creen que estarán entre los primeros en afrontarlo.
Y al igual que la mariposa que vuela hacia la llama, están preparadas no solo para presenciar la historia, sino para formar parte de ella.
*Edición: Kurdistán América Latina


