Por Zeynep Durgut* – Rojin Mukriyan, profesora de Filosofía Política en la universidad Cork, en Irlanda, afirmó que los ataques contra Irán forman parte de una estrategia más amplia en Medio Oriente. “Este proceso también está directamente vinculado al nuevo orden mundial emergente”, dijo.
Los ataques aéreos a gran escala lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán continúan desde el 28 de febrero de 2026. La guerra, que comenzó con bombardeos a objetivos militares y estratégicos en numerosas ciudades, especialmente en Teherán, la capital iraní, se ha intensificado a medida que Irán ataca bases estadounidenses e instalaciones de producción de energía en los países del Golfo Pérsico y cierra parcialmente el estrecho de Ormuz, de vital importancia para las exportaciones mundiales de petróleo y gas natural, lo que ha generado un problema de suministro energético global.
Si bien aún no se sabe con certeza si esta situación se convertirá en una crisis económica y energética con repercusiones en la política mundial, las partes han comenzado a enviar nuevamente mensajes de “reconciliación”.
En declaraciones a la agencia de noticias Mezopotamya (MA), Mukriyan evaluó los ataques de Estados Unidos e Israel y los posibles acontecimientos en la región.
“Es posible evaluar este tema con mayor precisión abordándolo desde dos ejes principales. El primero consiste en examinar el asunto a nivel micro, es decir, a través de acontecimientos y actores más concretos. El segundo requiere un análisis a nivel macro, es decir, una evaluación desde la perspectiva de la política internacional y el equilibrio de poder global. Desde una perspectiva micro, como es sabido, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear iraní comenzaron el 6 de febrero”.
Mukriyan afirmó que la administración de Washington exigió varios puntos a Teherán: “Durante estas negociaciones, Estados Unidos formuló a Irán una serie de exigencias significativas y exhaustivas. Al analizar el contenido de estas exigencias, destacan tres puntos principales. En primer lugar, la exigencia de que Irán detenga por completo sus actividades de enriquecimiento de uranio. En segundo lugar, la expectativa de que Irán ponga fin a sus programas de misiles y cohetes. En tercer y último lugar, se le pide a Irán que reduzca su apoyo financiero y militar a diversos grupos paramilitares en Medio Oriente”.
La académica señaló que “Irán ha recalcado que tanto su programa de enriquecimiento de uranio como su capacidad de misiles balísticos son indispensables para la supervivencia del país y su capacidad para protegerse de las amenazas externas. En este contexto, los funcionarios iraníes han declarado claramente que ‘si Estados Unidos exige que demos marcha atrás en estos asuntos, esto constituiría directamente una injerencia en nuestros asuntos internos’. Ante estos acontecimientos, Estados Unidos e Israel consideran que Irán se encuentra en una de sus posiciones históricamente más débiles. Esta valoración también se basa en la realidad en ciertos aspectos”.
“De hecho, tras los ataques del 7 de octubre de 2023, la esfera de influencia de Irán, que construyó a lo largo de la frontera entre Líbano y Gaza y que se conoce como la ‘Media Luna Chií’, se ha debilitado significativamente”, agregó.
Mukriyan reflexionó que con la caída de Bashar al Asad en Siria, en 2024, “la conexión terrestre dentro de la estructura que Irán define como el ‘Eje de la Resistencia’ se ha visto gravemente dañada y prácticamente eliminada. Esto ha limitado significativamente la capacidad de Irán para mantener su influencia regional”.
“Por otro lado, la economía iraní se está volviendo cada vez más frágil, los problemas económicos se están profundizando y esta situación se refleja directamente en la sociedad -puntualizó-. La crisis de confianza entre el Estado y la sociedad está creciendo y la distancia entre el pueblo y el gobierno aumenta día a día. Cuando se consideran todos estos acontecimientos en conjunto, Estados Unidos e Israel creen que pueden debilitar o eliminar por completo la amenaza que representa Irán con el tiempo”.
La académica destacó que, sin embargo, “no basta con abordar el problema dentro de este marco limitado. Desde una perspectiva macro, se observa que este proceso forma parte de una estrategia más amplia destinada a redefinir las relaciones de amistad y hostilidad en Medio Oriente. Al mismo tiempo, este proceso también se refleja directamente vinculado al nuevo orden mundial emergente”.
Mukriyan también aseveró que en el actual orden mundial, “Estados Unidos aspira a recuperar la posición de poder unipolar que alguna vez ostentó. En particular, la visión política de Donald Trump se basa en el deseo de revivir el período en el que Estados Unidos era el único actor determinante en el sistema internacional. Sin embargo, en las condiciones actuales, Estados Unidos se enfrenta al rápido ascenso del poder económico de China. Por lo tanto, debe revisar sus estrategias actuales y reestructurarlas para adaptarlas a las nuevas circunstancias”.
“Esta transformación estratégica también conlleva una reconfiguración de las políticas y orientaciones de los países de Medio Oriente y sus alrededores -remarcó-. En consonancia con este objetivo, Estados Unidos intenta modificar los equilibrios y las condiciones existentes en la región a su favor. Una de las principales expectativas de Estados Unidos e Israel era que Irán abandonara su política de considerar a Israel como su principal enemigo, pero esta expectativa no se ha cumplido hasta la fecha”.
Mukriyan analizó que “el plan estratégico a largo plazo de Estados Unidos es convertir a Israel en una potencia regional dominante y determinante en Medio Oriente. Si bien Estados Unidos afirma ocasionalmente que mantener una presencia militar en Medio Oriente ya no responde plenamente a sus intereses, esto no significa que su influencia en la región haya terminado. Por el contrario, Estados Unidos pretende mantener su influencia en la región mediante herramientas políticas, económicas y diplomáticas, además de los métodos militares. En este contexto, Israel es un aliado estratégico y de vital importancia para Estados Unidos. Si Estados Unidos desea consolidar su influencia en la región, debe debilitar a los actores rivales y fortalecer a Israel”.
La académica enfatizó que “el principal objetivo de Estados Unidos no es cambiar directamente el régimen iraní, sino transformar su comportamiento y sus políticas para que se ajusten a sus propios intereses. El enfoque de Donald Trump también apunta en esta dirección. En lugar de eliminar por completo al régimen iraní, su objetivo es modificar su postura para que se alinee con los intereses estratégicos de Estados Unidos”.
“Sin embargo, la situación es algo diferente para Israel, ya que es un actor directamente presente en la región y se ve afectado de inmediato por los acontecimientos -aclaró-. En cambio, Estados Unidos es una potencia global que interviene desde fuera. Por esta razón, el objetivo de Israel no es solo ser un actor fuerte en Medio Oriente, sino también alcanzar una posición política hegemónica. En consonancia con este objetivo, debilitar a Estados influyentes y poderosos en la región, como Irán, se considera una necesidad estratégica”.
*Publicado en la agencia de noticias Mezopotamya / Traducción y edición: Kurdistán América Latina
