Diez años después, una madre coloca a su niño, coronado con una bufanda con los colores de Rojava, en la primera fila de la plaza de Kobane. Es el décimo aniversario de la batalla que marcó el inicio de la caída del Estado Islámico (ISIS). Supuso la primera derrota del ISIS en Siria, a manos de las milicias kurdas. La madre levanta la mano del niño y extiende sus dedos índice y corazón. Así está en sintonía con el gesto que se repite entre la multitud que se agrupa en la plaza. Gritan: “Jin, Jiyan, Azadí” (“Mujer, vida, libertad”).
Al otro lado del escenario, las mismas palabras resaltan en una pared blanca, sobre las siluetas de un par de mujeres vestidas con trajes militares. Representan a dos miembros de las YPJ, la milicia de mujeres de la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES). Son mártires, al igual que los rostros que sobrevuelan la plaza de esquina a esquina, encadenados en unos banderines que tienen poco de festivo. Muchos han muerto en el último mes como consecuencia del incremento de los ataques del Estado turco tras la caída de Bashar al Asad. Frente al mural, una soldado da vida a las palabras que todos ellos parecen decir desde las alturas: “Kobane seguirá resistiendo hasta la última frontera”.
Diez años después, Kobane sigue constituyendo el epicentro de la resistencia de la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria, proclamada en 2013 siguiendo la teoría política del líder y pensador kurdo Abdullah Öcalan. En plena guerra civil y tras la persecución sufrida por esta minoría, el pueblo kurdo sentó las bases del llamado Confederalismo Democrático. En la última década, este se ha convertido en un modelo de democracia participativa, multiétnica, igualitaria y ecológica única en su contexto. No es así para los ojos del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien percibe estos esfuerzos como una amenaza para su propia soberanía. Los asocia con el PKK, el partido kurdo bajo sus fronteras que ha sido declarado grupo terrorista por el Estado turco y, a causa de sus presiones, por la Unión Europea (UE) y Estados Unidos.
“Estamos preparados para cualquier cosa”, continúa la soldado, “para la batalla, para la paz, para el diálogo, estamos listos para todo”. Kobane resiste los ataques del Ejército Nacional Sirio (ENS), financiado y apoyado por Turquía, bajo un clima de extrema incertidumbre. Tras la caída del dictador Bashar al Asad a manos del grupo HTS, sobre el mapa del país conviven las sombras de los diferentes posibles escenarios. En muchos de ellos, la pervivencia de la autonomía del territorio se difumina. Sin ella, se perderían medidas únicas en el mundo como la representación paritaria de mujeres y hombres en todas las instituciones, o la participación igualitaria de las minorías. Buscando su supervivencia, desde el mes de diciembre representantes de la AANES mantienen diálogos con el nuevo presidente, Al-Golani, quien ha anunciado que quiere mantener la unidad de Siria.
En el escenario de la plaza se escucha, a todo volumen, a una mujer cantando “Bella Ciao”. Es una de las representantes de las instituciones europeas que se han acercado a celebrar el décimo aniversario de la batalla que significó el inicio del fin del Estado Islámico. No son muchos, menos de una decena. Pero la plaza aplaude entusiasmada. Hace diez años, cuando las milicias kurdas conformaban la primera línea contra el grupo que tenía atemorizado a todo occidente, Kobane era un símbolo mundial de resistencia. Hoy reclaman apoyo internacional, sin respuesta ni condena a los ataques, que impactan puestos militares e infraestructuras vitales para la población civil de la AANES.
A escasos metros de la plaza, la música no alcanza el cementerio de los mártires de la ciudad de Kobane. Allí no llegan los ecos de la celebración, ni los kurdos, ni los italianos, ni los franceses. De entre las miles de tumbas con fotografías de caras jóvenes que conforman el paisaje, sembrado en los últimos diez años, cerca de cincuenta no han sido todavía cubiertas de cemento. Es el número de muertes del mes de enero. Hoy el pueblo se toma el día para celebrar su resistencia frente al escenario. Al alcance de las imágenes de las lápidas solo está la vista de los soldados que hacen guardia en el edificio más alto de la plaza, paseando entre los drones turcos, los banderines de los mártires, las manos alzadas, los niños y Kobane.
FUENTE: Beatriz Castañeda Aller / Diario Red / Fecha de publicación original: 31 de enero de 2025
