¿Puede la paz plasmada en papel convertirse en realidad sobre el terreno?

Por Pung Media* – El acuerdo firmado entre el 29 y el 30 de enero de 2026 entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y el gobierno interino sirio (GTS) va mucho más allá de un simple alto el fuego. Este acuerdo marco, que busca reintegrar las estructuras militares, administrativas y sociales que se han ido consolidando durante más de catorce años en Rojava en el sistema estatal con sede en Damasco, ha puesto de manifiesto que el progreso sobre el terreno ha sido fragmentado, técnicamente muy complejo y políticamente muy frágil. Si bien en Hasake y Qamishlo comienza a perfilarse un modelo, en algunas regiones, especialmente en Kobane, se están experimentando serios obstáculos.

Integración administrativa

La integración administrativa constituye uno de los aspectos más delicados y a largo plazo del acuerdo. El objetivo de este proceso no es la disolución de las instituciones civiles adscritas a la Administración Autónoma Democrática del Norte y el Estede Siria (AADNES), sino su integración funcional en la estructura vinculada a Damasco.

En este contexto, se ha nombrado un gobernador para Hasake y se han iniciado los preparativos para reactivar ciertas instituciones públicas. Si bien los consejos locales y los mecanismos administrativos autónomos existentes continúan operando, el personal burocrático designado por Damasco se está integrando gradualmente al sistema. Sin embargo, el funcionamiento simultáneo de ambas estructuras sigue siendo la principal fuente de tensión en el proceso de integración administrativa.

Estructura de seguridad interna

El progreso más tangible en materia de seguridad interna se está produciendo a través de la transformación de las Fuerzas de Seguridad Interna de Rojava (Asayiş). El modelo previsto contempla la reestructuración de esta entidad como una unidad de seguridad dependiente del Ministerio del Interior sirio.

En las zonas de Hasake y Qamishlo, de donde se han retirado las fuerzas de las FDS, el control de la seguridad se ha transferido en gran medida a estas estructuras. Este avance se considera un paso importante hacia la eliminación de elementos militares de los centros urbanos y la transición a un modelo de seguridad civil. Sin embargo, la transformación aún no se ha completado. Quedan sin respuesta cuestiones fundamentales relativas a la estructura de mando, los mecanismos de nombramiento y el grado de preservación de los elementos locales.

La realidad de la integración militar sobre el papel

La integración militar, que constituye la columna vertebral del acuerdo, es el área donde se han registrado menos avances sobre el terreno. Según el modelo previsto, se planeaba la reorganización de las fuerzas de las FDS dentro del Ministerio de Defensa: se iba a establecer una división compuesta por tres brigadas en la región de Cizre y una brigada independiente en Kobane.

Sin embargo, hasta la fecha, la creación oficial de estas unidades no se ha completado, la cadena de mando no se ha clarificado y la posición de las FDS dentro de la estructura central no se ha determinado. Todo indica que la integración militar se ha quedado, en gran medida, en el papel.

La actividad militar sobre el terreno no ha cesado por completo: en Hasake, las FDS se retiraron de los centros urbanos y se redesplegaron a zonas rurales y puntos estratégicos. En Qamishlo también se facilitó la retirada de las FDS de ciertas líneas y su entrega a las Fuerzas de Seguridad Internas. La toma de aldeas en torno a Tirbespiyê y el establecimiento de nuevas zonas de despliegue militar indican que el proceso está en marcha.

Kobane pone en entredicho el futuro del acuerdo

Kobane representa el punto de inflexión más crítico en la implementación del acuerdo. El progreso gradual observado en otras regiones no se ha materializado en la ciudad.

La negativa de los grupos vinculados al Ministerio de Defensa a retirarse de ciertos frentes, la persistencia de un bloqueo de facto y la incapacidad para implementar un modelo de seguridad conjunto han paralizado el proceso. Más allá de un número limitado de puestos de control conjuntos establecidos en las regiones de Şêxler y Çelebi, no se ha logrado ningún avance sustancial. Esta situación convierte a Kobane de una mera zona geográfica a un umbral estratégico que determinará la viabilidad final del acuerdo.

La fragilidad de los retornos graduales

El proceso de retorno, que constituye la dimensión humanitaria crucial del acuerdo, dista mucho de cumplir las expectativas. En la fase inicial, aproximadamente 400 familias regresaron a Afrin. Sin embargo, los planes posteriores se han suspendido debido a problemas de seguridad e incertidumbre generalizada sobre el terreno. Para que estos retornos alcancen una base sostenible, deben establecerse sólidas garantías de seguridad, resolverse las disputas de propiedad y preservarse los equilibrios demográficos locales. En la actualidad, el proceso se limita a medidas en gran parte simbólicas.

La politización de los intercambios de prisioneros

Se han logrado algunos avances en cuanto al intercambio de prisioneros y la liberación de detenidos. Si bien la liberación de 477 personas representa un paso significativo, la lentitud del proceso es notable. El uso de este tema por parte de las partes como instrumento de presión mutua socava el carácter humanitario del proceso. Se requiere un mecanismo más sistemático, basado en la confianza mutua, para alcanzar una solución duradera.

La sombra de Hayat Tahrir al Sham

Algunos nombramientos realizados por la administración de Damasco han generado un intenso debate sobre el terreno. En concreto, la designación de personas presuntamente vinculadas a Hayat Tahrir al Sham (HTS) para determinados cargos ha provocado un profundo resentimiento local. Esta situación demuestra claramente que el proceso de integración no es solo una transición técnica, sino también un terreno de disputa ideológica y política. La falta de transparencia e inclusión en estos nombramientos sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la confianza en el proceso en su conjunto.

La frontera relativamente rápida de la integración

El sector salud destaca como una de las pocas áreas donde se han logrado avances significativos durante el proceso de integración. Se han tomado medidas para incorporar al personal médico a la nómina estatal y se ha fortalecido notablemente la coordinación interinstitucional. Este avance sigue siendo una de las pocas mejoras que repercuten directamente en la vida cotidiana de la población.

La educación kurda es más que una cuestión lingüística

La educación sigue siendo uno de los temas más difíciles de resolver. En concreto, aún no se ha alcanzado un consenso sobre el estatus legal de la enseñanza en lengua kurda ni sobre el contenido básico del currículo. Este asunto no se trata simplemente como un debate sobre política educativa; se considera una zona de conflicto multidimensional y delicada que abarca cuestiones de identidad, cultura y representación política.

¿Quién es el dueño de los pozos petrolíferos?

Las negociaciones técnicas relativas a la gestión de los yacimientos de petróleo y gas natural, especialmente en Rimêlan, siguen en curso; sin embargo, las operaciones sobre el terreno continúan bajo el modelo vigente. La forma final de regulación en este sector será un factor decisivo en el equilibrio de poder económico entre las partes.

El logro más tangible del proceso

La reapertura del aeropuerto de Qamishlo representa el avance más concreto en la implementación del acuerdo. Se estima que los preparativos técnicos están prácticamente finalizados y se prevé que el aeropuerto reanude sus operaciones próximamente. Este paso fortalecerá la conexión de la región con el exterior y contribuirá significativamente a su dinamismo económico.

Capítulos sin resolver

El estatus de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) sigue siendo uno de los mayores obstáculos para el proceso. Aún no se ha definido un modelo claro sobre si las YPJ mantendrán su estructura autónoma o cómo se integrarán al Ministerio de Defensa. Si bien el GTS sostiene que las YPJ no pueden integrarse al ejército formal, estas se mantienen firmes en su postura y las negociaciones continúan. Además, persisten interrogantes sobre la estructura de la cadena de mando y el papel de las FDS dentro de una estructura centralizada. Sin resolver estas cuestiones, la integración militar completa parece imposible.

La sombra de Ankara

La trayectoria de este proceso no está determinada únicamente por la voluntad de las partes principales. Las regiones bajo control turco, los grupos armados respaldados por potencias extranjeras y las cambiantes posturas de los actores internacionales influyen directamente en las repercusiones del acuerdo sobre el terreno. Esta realidad pone de manifiesto que cada paso dado está intrínsecamente ligado al panorama general del poder regional.

Tres obstáculos críticos que enfrenta el acuerdo

La situación actual revela tres verdades fundamentales: el proceso no se ha estancado por completo y se están registrando avances tangibles en sectores específicos. Sin embargo, estos avances son desiguales, fragmentados y frágiles. Sin resolver los puntos más críticos, la plena implementación del acuerdo sigue siendo inalcanzable.

El estancamiento en Kobane, la situación de las YPJ y la estructura aún por definir de la integración militar se perfilan como los ejes principales que determinarán el futuro del proceso.

El acuerdo entre las FDS y Damasco representa un hito histórico, que simboliza la transición del conflicto a la negociación en Siria. No obstante, para que este acuerdo se convierta en una solución duradera, es necesario construir un consenso mucho más amplio y sólido en los ámbitos militar, político y social.

*Traducción y edición: Kurdistán América Latina

lunes, abril 6th, 2026