Por Kurdistán América Latina* – En el marco de la aplicación del acuerdo del 29 de enero entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y el gobierno interino de Damasco, el primer convoy de residentes del cantón kurdo Afrin (en Rojava) que vivían en la región de Jazira partió ayer hacia su lugar de origen.
El grupo, compuesto por 400 familias de Afrin, inició su viaje de retorno ante la presencia de las Fuerzas de Seguridad Interna (Asayish) y la presencia del vicecomandante de esas fuerzas de autodefensa, Mahmoud Khalil, la comandante Nesrin Abdullah y funcionarios gubernamentales.
El convoy de desplazados está formado por cientos de vehículos y autobuses privados pertenecientes al Consejo de Personas Desplazadas de Afrin-Shehba y de la Defensa Civil Siria. El grupo de habitantes -desplazados por la fuerza de Afrin en 2018 tras la invasión del Estado turco-, atravesó las ciudades de Raqqa, Tabqa y Alepo. La llegada a Afrin se realizó a primera hora de esta mañana.
Tras ocho años como refugiados, las personas que regresaron a su tierra fueron recibidos masivamente por la población de Afrin con canciones, tambores y ululaciones.
En un comunicado del 7 de marzo, las Asayish anunciaron que el primer convoy de residentes desplazados de Afrin -originarios de los distritos de Shiye, Jindires y Mabata- partiría desde Jazira hacia Afrin el 9 de marzo.
En declaraciones a la prensa, Mahmoud Khalil señaló que durante los últimos tres días se habían llevado a cabo trabajos para abrir un corredor seguro hacia Afrin y que los esfuerzos continúan para garantizar el regreso de todas las personas desplazadas antes del Newroz (año nuevo kurdo que se celebra el 21 de marzo).
La región de Afrin fue ocupada en marzo de 2018 por Turquía y milicias yihadistas aliadas con Ankara. Los ataques contra la zona comenzaron dos meses antes de la ocupación ilegal. Hasta ese momento, Afrin era considerada la región más segura de Siria, pero con la ocupación turca se convirtió en escenario de violaciones sistemáticas de derechos humanos y crímenes de guerra.
Además de seguir una política colonial clásica, la potencia ocupante turca implementó una política de limpieza étnica. Más de 400.000 personas fueron desplazadas de sus asentamientos originarios. Al mismo tiempo, la región fue deliberadamente sometida a la ingeniería demográfica mediante la implantación de milicias islamistas y sus familias.
Secuestros, torturas, extorsiones, asesinatos, saqueos y ataques con artillería moldearon la vida diaria de la población kurda restante de Afrin, situación que tuvo la tolerancia de facto de la comunidad internacional.
A finales de enero, en el marco de un acuerdo entre las FDS y el gobierno de transición de Damasco, se decidió el regreso de las personas desplazadas. Sin embargo, sigue sin estar claro en qué condiciones se encontrarán los retornados en la región anteriormente ocupada. Se informa que árabes de varios países que se habían asentado en Afrin durante la invasión saquearon la zona antes de marcharse, vaciando numerosas casas e instituciones públicas.
*Con información de las agencias de noticias ANHA y ANF




