Abdulkarim Omar (Qamishlo, 1961) es el co-representante de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AADNES), más conocida como la Rojava kurdo-siria. Charlamos con él sobre la transición democrática en el Estado árabe, el papel de las potencias regionales e internacionales en la era posterior a Bashar al Asad y el renacimiento del Estado Islámico (ISIS) en la región.
-Hace casi dos meses que el antiguo presidente de Siria, Bashar al Asad, fue derrocado y forzado a exiliarse en Rusia. Tras 13 años de guerra civil, el país se prepara para configurar un nuevo sistema político y reconstruir buena parte de sus infraestructuras. ¿Cuán complejas son las tareas a las que se enfrenta su población?
-Los retos que afrontamos son inmensos. Los diversos grupos que hemos asumido la autoridad política tras la caída del régimen debemos establecer mecanismos de cooperación interna entre nosotros para iniciar un proceso de reconciliación nacional.
Superar el legado del conflicto requerirá una visión clara y un liderazgo sabio. Para ello, tenemos que alcanzar un consenso sobre la forma de gobierno y erigir las bases de la estabilidad y el desarrollo.
También necesitaremos el apoyo de la comunidad internacional a largo plazo, porque las diferentes agrupaciones políticas, étnicas y religiosas desconfían de ellas entre sí por sus pasadas enemistades y por el intervencionismo de Turquía y de otras naciones vecinas.
-Al Asad ha caído, pero, como dice usted, la oposición está muy fragmentada y tiene distintos intereses y objetivos. ¿Será posible articular una nueva Siria en estas condiciones?
-La división refleja la diversidad de nuestra sociedad, aunque dificulta estabilizar la situación y edificar un proyecto común para el futuro. Nosotros estamos convencidos de que se puede hacer, y de que solo es una cuestión de buena voluntad.
-La AADNES, de la que usted forma parte, será uno de los actores clave en la reestructuración del Estado sirio. ¿Cuáles son las propuestas que plantea su organismo para hacerla posible?
-Es hora de que programemos una hoja de ruta de carácter político. Creemos que hay que apoyar las iniciativas locales y escuchar a la sociedad civil. Además, es vital que usemos los medios de comunicación para difundir mensajes de unidad nacional y evitar discursos incendiarios.
Hemos de integrar a todas las facciones políticas, étnicas y religiosas en un diálogo abierto en el que estén representadas de manera justa. Eso nos permitirá implantar una dirección unificada.
Hecho esto, proponemos redactar una Constitución que garantice los derechos humanos, el Estado de derecho, la igualdad entre todos los ciudadanos y un sistema administrativo descentralizado que otorgue mayores competencias en la gestión de sus asuntos a las regiones y las comunidades locales.
-Damasco está controlada por la Organización para la Liberación del Levante (HTS, en sus siglas en árabe), que estuvo vinculada al ISIS y a la filial regional de Al Qaeda, el Frente Al Nusra, durante la contienda. ¿La formación participará en el proceso constituyente?
-La presencia de Hayat Tahrir al-Sham en la capital y su largo historial de pertenencia a grupos extremistas nos hace preguntarnos si es un socio político confiable. Su ideología islamista radical es incompatible con la instauración de una democracia pluralista y respetuosa con la diversidad étnica y religiosa.
Asimismo, la estrecha relación de su líder, Ahmed al Sharaa, con Turquía plantea muchas dudas sobre la paz y la reconstrucción institucional de Siria.
-Ankara lleva décadas actuando contra el pueblo kurdo, tanto en su territorio como en el sirio. ¿La alianza entre Al Sharaa y el presidente Erdogan imposibilita un pacto entre HTS y AADNES?
-Dadas las circunstancias, es difícil que se llegue a un acuerdo integral. El Ejecutivo turco se opondrá con firmeza a cualquier forma de autogobierno kurdo. Sin embargo, este y sus amigos sirios podrían verse obligados a hacer concesiones si las potencias internacionales y regionales ejercen suficiente presión para lograr la estabilidad en Siria.
-El Partido Democrático de Kurdistán (PDK), que gobierna la región autónoma kurda del vecino Irak, tiene lazos con Turquía. ¿Podría actuar como intermediario entre sus homólogos étnicos y el gobierno de Erdogan?
-En teoría, sería un buen mediador. Pero enfrentaría grandes desafíos por las diferentes posiciones que tienen sus componentes y la postura estricta de Ankara. Lo más factible para fomentar el diálogo es que Estados UNidos, que ha respaldado a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y a los kurdos en la lucha contra ISIS, presione al líder turco.
-Hace décadas, sus antepasados buscaban la creación de un Estado kurdo íntegro en el Oriente Medio. ¿Ese sueño sigue siendo posible?
-El deseo político actual de nuestras comunidades en Siria, Irak, Irán y Turquía es resolver la cuestión kurda dentro de esos mismos Estados mediante la democracia. Sus gobiernos deben reconocer nuestros legítimos derechos nacionales y garantizarlos en sus Constituciones.
-Israel ha aprovechado la caída del presidente Al Asad para ampliar la franja de tierras sirias ocupadas por sus tropas. ¿Cuál es la postura de AADNES con respecto a esta cuestión?
-Tel Aviv considera los Altos del Golán como una zona estratégica. Tener tropas allí le otorga una ventaja defensiva frente a posibles amenazas provenientes de Siria. El colapso del régimen y la fragmentación institucional han permitido la consolidación de sus destacamentos.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU, en sus siglas en español), la Unión Europea (UE) y muchos otros Estados no reconocen la anexión del Golán y lo consideran un territorio sirio ocupado. No obstante, la primera administración Trump aceptó la soberanía israelí sobre el lugar en 2019, y esa fue una decisión significativa.
En cualquier caso, la AADNES apoya la implementación de las resoluciones más consecuentes con la legislación internacional.
-Las FDS, que dominan el noreste de Siria, son responsables de la vigilancia de varios campos de prisioneros en los que se retiene a antiguos militantes y simpatizantes del ISIS. ¿Qué será de ellos cuando el nuevo sistema se apuntale?
-Su destino dependerá de la capacidad de las distintas autoridades sirias para coordinarse y establecer soluciones integrales y efectivas con el apoyo de la comunidad internacional.
Nosotros pensamos que hay que abordar el problema con tres tipos de medidas: los juicios, los programas de rehabilitación y la repatriación. Utilizándolas en los casos adecuados, nos aseguraremos de que el grupo no vuelva a tener su antigua fuerza en el futuro.
-Estados Unidos fue un socio fundamental para la AADNES en su lucha contra ISIS durante la guerra civil, pero Donald Trump ha vuelto a ser investido presidente. ¿Provocará esto un cambio en la política de Washington D.C. hacia Siria?
-Las últimas retiradas de soldados estadounidenses en el norte y el este de nuestro país, en especial durante el primer mandato de Trump, debilitaron la alianza entre Estados Unidos y las FDS. Turquía aprovechó el vacío de seguridad para lanzar una operación militar contra las zonas administradas por los kurdos, y eso permitió la reaparición de ISIS en el desierto sirio y en las provincias de Deir Ezzor, Raqqa y Hasaka. Debemos encarar esta amenaza, pero es poco probable que la Coalición Internacional abandone por completo a las Fuerzas Democráticas Sirias debido a su papel vital en la contención de los grupos terroristas, que suponen una amenaza para la paz mundial y la seguridad regional.
FUENTE: Jayro Sánchez / Nueva Revolución