Por Gurbet Sarya* – Ocho años después de la ocupación turca y de sus milicias islamistas aliadas, las primeras personas kurdas desplazadas comienzan a regresar a su región natal de Afrin, en Rojava (Kurdistán sirio). Para muchas, es un momento profundamente emotivo: algunas besan la tierra de sus aldeas, otras abrazan los olivos que aún quedan o se sientan en silencio en los patios de sus casas. Sin embargo, por significativo que sea este regreso, se ve ensombrecido por las duras condiciones sobre el terreno.
Desplazamiento cuadruplicado desde 2018
Tras la invasión turca de 2018 y la intervención de sus fuerzas aliadas del autodenominado Ejército Nacional Sirio (ENS), más de 300.000 personas fueron desplazadas de Afrin. Muchas huyeron a la vecina región desértica de Shehba, donde con el paso de los años surgió una realidad precaria. Esta situación se prolongó hasta finales de 2024.
Posteriormente, se inició una nueva oleada de ataques contra Shehba, esta vez por parte de la alianza yihadista Hayat Tahrir al Sham (HTS) y las fuerzas del gobierno de transición sirio tras la caída del régimen de Bashar al Asad. Alrededor de 200.000 personas fueron nuevamente desplazadas y dispersadas por diversas zonas del norte y este de Siria, incluyendo Tabqa, Raqqa, Kobane, la región de Jazira y Alepo. Muchas familias encontraron refugio en alojamientos temporales o con familias de acogida.
A principios de 2026, se produjeron nuevos ataques en el marco de la ofensiva contra la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (AADNES), dirigidos especialmente contra los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah, en Alepo, donde se alojaban muchas personas desplazadas de Afrin. Una vez más, decenas de miles se vieron obligadas a huir. Como consecuencia, muchas familias han sido desplazadas al menos cuatro veces en ocho años.
Regreso tras el acuerdo con Damasco
El movimiento de retorno comenzó luego del acuerdo alcanzado el 29 de enero entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y el gobierno de transición en Damasco. El acuerdo establece que las personas desplazadas pueden regresar a sus lugares de origen y que se reconstruirán las estructuras administrativas locales. A principios de marzo, un primer convoy de unas 400 familias —aproximadamente 3000 personas— partió hacia Afrin. Regresaron a distritos como Mabeta, Shiye y Jindires. Según informes recientes, otras 10.000 familias se preparan para regresar.
Un problema central sigue siendo la organización del retorno. La AADNES propuso establecer un corredor entre Qamishlo y Afrin para facilitar un regreso más ágil. Sin embargo, el gobierno de transición rechazó esta propuesta. En su lugar, el retorno se desarrolla de forma gradual: las familias solo pueden regresar cuando sus viviendas están efectivamente desocupadas, lo que ralentiza el proceso.
Familias de milicianos permanecen en viviendas kurdas
Uno de los principales obstáculos es la situación de la vivienda. Tras la ocupación, muchas familias de otras partes de Siria —especialmente de Homs, Hama, Damasco y Deir ez-Zor— se asentaron en viviendas de personas kurdas desplazadas. En muchos casos, se trata de familiares de milicias islamistas bajo control turco. Aunque el acuerdo entre las FDS y Damasco establece que estas viviendas deben ser desalojadas, en la práctica numerosos grupos se niegan a abandonarlas. Informes locales indican que las personas que regresan enfrentan presiones o impedimentos.
Otro factor relevante es la persistente presencia militar de Turquía. En varias aldeas, incluidas Sheikhûrzê, Dêwrîş, así como Basilê y Kîmarê, continúan operando bases militares turcas. Las milicias allí presentes, en algunos casos, bloquean el regreso de residentes o se niegan a desalojar las viviendas. Observaciones en el terreno sugieren que estos grupos mantienen una influencia directa de Ankara más que de Damasco.
Demanda de una estructura de seguridad local
En este contexto, la seguridad se ha convertido en un tema central. Muchas personas residentes plantean la creación de una fuerza compuesta exclusivamente por población de Afrin. Esta propuesta se encuentra en debate dentro de la Administración Autónoma, sin una decisión definitiva hasta el momento.
La situación también quedó reflejada durante las celebraciones del Newroz (año nuevo kurdo) del 21 de marzo. Integrantes de milicias yihadistas y sus simpatizantes atacaron a familias kurdas que participaban en las celebraciones. En algunos casos, se registraron consignas racistas y ataques contra símbolos kurdos. Representantes locales calificaron estos hechos como provocaciones deliberadas. El copresidente del Consejo Social de Afrin, Îbrahîm Heftaro, señaló que el objetivo era generar tensiones y cuestionar la pertenencia de Afrin a Rojava.
Además de la inseguridad, la situación económica representa un desafío significativo. Antes de 2018, la economía local dependía en gran medida del cultivo de olivo y la producción de aceite. Durante la ocupación, una parte importante de estos recursos fue destruida: se estima que alrededor de un millón de árboles fueron talados, además de incendios forestales y la militarización de tierras agrícolas. Esto ha afectado directamente los medios de subsistencia de quienes regresan.
Serêkaniyê: el regreso aún no es posible
Mientras en Afrin comienzan los retornos, en Serêkaniyê (Ras al Ain) la situación sigue siendo más compleja. La ciudad fue ocupada en octubre de 2019, lo que provocó el desplazamiento de unas 75.000 personas. Además, viviendas fueron expropiadas y asignadas a familias vinculadas a grupos armados. Gran parte de la infraestructura permanece destruida y alrededor de 45 aldeas están devastadas. Representantes locales indican que actualmente no existen condiciones para el retorno.
Ciwan Îso, abogado y responsable del Comité de Personas Desplazadas de Serêkaniyê, declaró: “No existe un entorno seguro para el retorno. Debe garantizarse la seguridad para que la gente no corra peligro. Los barrios kurdos han quedado devastados. Las viviendas no se desalojan y, cuando lo hacen, son saqueadas. Esto transmite un mensaje claro: impedir el regreso. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, la población sigue decidida a volver”.
Se prevé que la gobernación de Hesekê coordine el proceso de retorno en esta zona. No obstante, debido a la continuidad de la ocupación y a la falta de desalojo de viviendas, aún no existe un calendario definido.
Îso resumió las demandas de la población: “La integración administrativa en Hesekê, la retirada de las milicias, la apertura de rutas, el fin de la ocupación, designaciones administrativas locales, garantías de seguridad mediante fuerzas Asayish locales, procesamiento de delitos y apoyo económico para quienes regresen. No reconocemos las estructuras actuales. Es necesario establecer una administración basada en la población local. Serêkaniyê es una ciudad kurda con historia, y esa realidad no puede negarse”.
*Publicado el 28 de marzo de 2026 por la agencia de noticias ANF / Edición: Kurdistán América Latina