¿Podrá la República Islámica sobrevivir a sus crisis internas?

Por Rojin Mukriyan* – La doctora Anahita Motazed Rad, investigadora asociada de la London School of Economics and Political Science, analiza el frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán en una entrevista con The Amargi. Sostiene que, si bien un acuerdo diplomático podría detener temporalmente el conflicto internacional, no puede resolver las graves crisis internas, el colapso económico ni la resistencia que empujan al régimen al borde del precipicio.

Estados Unidos e Irán acordaron un alto el fuego el 8 de abril, tras cuarenta días de guerra, lo que abrió un pequeño margen político para reanudar las negociaciones. Desde entonces, ambas partes han intercambiado varias propuestas a través de Pakistán, y algunos informes sugieren un cauto optimismo de que se pueda firmar un Memorando de Entendimiento (MdE) en los próximos días.

Rad describió la guerra como una crisis multifacética que no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de las relaciones entre Irán y Estados Unidos. Desde 1979, la República Islámica se ha visto marcada por repetidas crisis que a menudo ha logrado superar. Sin embargo, esta “guerra triangular” entre Irán, Estados Unidos e Israel es diferente, afirmó, porque se desarrolla en un orden global transformado, marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania, las tensiones entre Washington y Europa, y los cambios regionales tras el inicio de la guerra de Israel en Gaza en 2023.

En este contexto, los conceptos de disuasión, hegemonía, arquitectura de seguridad regional y seguridad del régimen, se han redefinido. Si un memorando de entendimiento conduce a negociaciones serias y la República Islámica sobrevive, los funcionarios iraníes podrían considerarlo un nuevo éxito. Rad se mostró cauta, señalando las graves presiones internas y poniendo en duda la supervivencia a largo plazo del régimen.

Algunos informes sugerían que el memorando de entendimiento crearía un plazo de sesenta días para las negociaciones con el fin de poner fin al conflicto. Sin embargo, este plazo recordaba el anterior período de negociación de 2025, que culminó en la guerra de los doce días en junio de ese mismo año, lo que generó dudas sobre si las condiciones habían cambiado fundamentalmente.

Según Rad, ambas partes están decididas a llegar a un acuerdo mediante la negociación. “No cabe duda”, afirmó, indicando que tanto el presidente Donald Trump como los funcionarios iraníes han manifestado públicamente su disposición a negociar, al tiempo que han amenazado con que la falta de negociación podría provocar la reanudación de las hostilidades.

Para Washington, cualquier acuerdo probablemente dependería de la resolución del problema del uranio altamente enriquecido de Irán, ya sea mediante transferencia o dilución bajo la supervisión de una institución como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Irán, por su parte, seguía insistiendo en su derecho a enriquecer uranio a niveles civiles. Por ahora, explicó Rad, las preocupaciones inmediatas seguían siendo las reservas de uranio enriquecido de Irán y el estrecho de Ormuz.

El momento actual se caracteriza por señales contradictorias. Por un lado, tanto Irán como Estados Unidos parecen dispuestos a negociar y posiblemente alcanzar un acuerdo. Irán ha mostrado señales de flexibilidad: se levantó el bloqueo de internet tras casi tres meses, más de veinte barcos transitaron por el estrecho de Ormuz y existen indicios de que Washington podría estar dispuesto a liberar algunos de los activos iraníes congelados.

Por otro lado, ambos gobiernos mantienen posturas maximalistas. El presidente Trump advirtió que “el acuerdo con Irán será excelente y significativo, o no habrá acuerdo”, mientras que el líder supremo de Irán declaró que Israel “debe ser erradicado, y así será”.

Motazed Rad argumentó que estas contradicciones se comprenden mejor distinguiendo entre “retórica política” y “comportamiento político”. La retórica de ambas partes sigue siendo antagónica, paradójica y conflictiva, creando la impresión de que la guerra podría estallar en cualquier momento. Sin embargo, los acontecimientos prácticos cuentan una historia diferente. El paso de barcos por el estrecho de Ormuz y la renovada flexibilidad de Irán en las negociaciones sugieren que ambas partes se están preparando, en la práctica, para un acuerdo.

Trump ha dejado claro en repetidas ocasiones que no desea una guerra total como las de Irak o Afganistán. “Quiere un acuerdo. Quiere un Irán diferente -estimó Rad-, pero uno que limite las ambiciones nucleares y la capacidad de misiles balísticos de Irán, sobre todo en lo que respecta a Israel y la seguridad regional”. Al mismo tiempo, Irán continúa posicionándose como una importante potencia regional capaz de desafiar a otras, incluidos los Estados árabes del Golfo Pérsico.

Rad sugirió que la reciente flexibilidad de Irán va más allá de una simple maniobra táctica. Podría indicar una transformación más profunda en el seno del poder iraní. Dicha flexibilidad podría debilitar la cohesión de la antigua élite y erosionar el apoyo tradicional al régimen.

Por ahora, argumentó, los funcionarios iraníes están tratando de alcanzar una postura unificada bajo una presión inmensa. De hecho, sugirió que la guerra con Israel y Estados Unidos podría ser el “desafío más fácil” para la República Islámica, en comparación con las crisis internas que enfrenta.

La hostilidad hacia Israel y Estados Unidos ha formado parte durante mucho tiempo de la base ideológica de la República Islámica, lo que plantea interrogantes sobre si cualquier desviación significativa de esa postura supondría una transformación del propio régimen.

Rad argumentó que Irán se ha posicionado como una “potencia revisionista” desde 1979, presentando a Estados Unidos como el “gran Satán” y, posteriormente, convirtiendo a Israel en su principal objetivo. La actual brecha entre la retórica y los hechos refleja un esfuerzo por maximizar su influencia mientras se “tantea el terreno” para un compromiso limitado con Washington, sostuvo la académica.

Algunas facciones dentro de Irán, añadió, ahora hablan con mayor franqueza sobre las relaciones con Estados Unidos, aunque no sobre una alianza. Irán mantiene una postura hostil tanto hacia Washington como hacia Israel, pero también está explorando la posibilidad de avanzar en las negociaciones.

La supervivencia de la República Islámica, incluso si Irán, Estados Unidos e Israel llegaran a un acuerdo, sigue siendo una incógnita. La legitimidad interna se cuestiona cada vez más, y muchos en Irán consideran que el Estado carece de consenso popular, lo que plantea la cuestión de si la legitimidad sigue funcionando como principio rector.

Incluso si Irán sobrevive a la guerra, la República Islámica seguiría enfrentándose a “desafíos mucho más serios y arraigados” en su territorio, dijo Rad, incluyendo la transformación socioeconómica, la desilusión política y la alienación generalizada.

Si el régimen no logra controlar estas presiones internas, serían “un golpe final para la República Islámica”, añadió, señalando la dura represión, las ejecuciones, la inflación y el daño económico causado por los cortes de internet.

Un acuerdo con Estados Unidos podría ofrecer alivio económico, pero la supervivencia requeriría “profundos cambios dentro del sistema” y posiblemente una redefinición del poder. Motazed Rad describió a Irán como una sociedad “diversa y multiétnica” en la que el estatus político y los derechos de los pueblos minoritarios siguen siendo objeto de disputa.

Según explicó, comunidades como los kurdos, los baluches, los árabes y los turcomanos han sido privados durante mucho tiempo de derechos básicos y han sufrido marginación política. Sin embargo, recalcó que esto no implica necesariamente que tengan aspiraciones separatistas.

Rad hizo hincapié en que las mujeres siguen siendo una fuerza social importante en Irán, habiendo desafiado a la autoridad política desde la revolución, y argumentó que, en esta “coyuntura crítica”, la represión militar y otras formas más amplias de represión ya no serían efectivas. “Recurrir a la fuerza militar y a medidas represivas ya no funciona -aseguró-. La sociedad iraní tiene una larga historia de lucha por la libertad, y aún la conserva”.

*Publicado el 1 de junio de 2026 en The Amargi / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

jueves, junio 4th, 2026